Normatividad Académica

Licenciatura en Educación Primaria
Orientaciones Académicas para la Elaboración del Documento Recepcional

I. El sentido formativo del documento recepcional

El propósito fundamental de las actividades académicas de los estudiantes normalistas durante los dos últimos semestres de su formación inicial es propiciar la relación entre el ejercicio de la práctica profesional que realizan con los niños de educación primaria, la reflexión sobre la experiencia obtenida en esta práctica y el estudio sistemático de los aspectos que dan sentido a esta experiencia sucesiva para enriquecerla.

La reflexión y el estudio que se relacionan con la práctica permiten, además de elevar la competencia del estudiante y consolidar su formación profesional, obtener un producto académico: un documento recepcional con un sentido distinto a lo que suele ser normalmente este trabajo, concebido usualmente bajo la modalidad de tesis.

El trabajo docente, el análisis de las experiencias que de él derivan (que se lleva a cabo en el espacio de Seminario) y la elaboración del documento recepcional constituyen un conjunto de experiencias formativas que deben estar articuladas para que den los resultados esperados.

Durante los cursos que abarca la licenciatura los estudiantes han adquirido conocimientos y experiencias que a través de un trabajo directo con los niños les han permitido desarrollar habilidades para enseñar, pero muy particularmente, en los dos últimos semestres de la formación inicial se propicia que los estudiantes desarrollen una experiencia estructurada, sistemática, que permite conjugar los dos polos que integran una verdadera formación profesional: la teoría y la práctica.

El contacto real con la práctica bajo la tutoría de un maestro experimentado, la estancia en la escuela, el trabajo con los niños y la intensificación de la relación con ellos en un aula común, junto con la posibilidad de hallar sentido a lo que se hace y se observa, de desarmar, y mejorar esa práctica a partir de la oportunidad que significa el Seminario de análisis del trabajo docente, son experiencias que ayudan a evitar deformaciones que suelen ser comunes en la formación profesional: el teoricismo o el empirismo.

¿Cómo se logra que efectivamente el saber se convierta en un componente de la acción y no en un simple conjunto de conocimientos que se considera indispensable que los alumnos adquieran?

En el desarrollo de las actividades del trabajo docente se propicia que la experiencia de los estudiantes normalistas se alimente con la reflexión, a fin de que la aportación formativa de esa experiencia se vea enriquecida. Se busca que los alumnos tengan la capacidad de observar y de analizar para avanzar desde esas experiencias intelectuales hacia el estudio, hacia la bibliografía y hacia la teoría, y no a la inversa. La reflexión sobre el trabajo docente permite reformular oportunamente muchas prácticas, probar y volver a discutir; ello permite a su vez formar en los estudiantes una actitud de evaluación permanente y de mejoramiento de su desempeño como profesores. Esta vinculación entre acción y conocimiento da la oportunidad al estudiante de usar la investigación como herramienta para fortalecer su formación profesional.

Pocos esfuerzos pueden ser tan importantes en la formación como el de generar una actitud profesional, analítica, creativa y una disposición y capacidad para responder ante situaciones imprevistas, que permita al futuro maestro –cuando observa que sus formas comunes de trabajo no están logrando resultados con tales o cuales niños– disponer de un conjunto de alternativas pedagógicas; pero sobre todo, tener la disposición de adaptar sus formas de trabajo a las exigencias de la realidad, en lugar de tratar de adaptar la realidad de quien se educa a las formas de trabajo del maestro, que es lo que generalmente tiende a hacerse, y que produce efectos perniciosos.

Esta forma de concebir y desarrollar la experiencia formativa de los estudiantes normalistas hace posible la integración de la acción práctica con el saber académico que se adquiere en la escuela, lo que constituye en la actualidad uno de los grandes problemas y retos que se enfrentan en la formación superior en cualquiera de sus campos.

El sentido que tiene el documento recepcional como producto final de la formación en la licenciatura, es que constituye una importante experiencia de aprendizaje que tiene múltiples componentes. Al elaborarlo el estudiante ejerce las capacidades de pensar, analizar, argumentar, escribir y percibir sucesos. El documento recepcional no es, como se le suele considerar, un requisito de demostración final de competencia.

El documento que elabore un estudiante debe expresar el nivel de formación que ha logrado en relación con el perfil profesional definido por el Plan de Estudios. Con lo anterior se quiere destacar que se trata de estudiantes que están culminando su formación inicial y no de investigadores, especialistas o maestros con un largo ejercicio profesional. Este criterio no devalúa el documento recepcional, sino que lo sujeta a parámetros realistas. Un estudiante que es capaz de comunicar una experiencia genuina de observación y de práctica y de hacerlo de manera reflexiva, puede aportar de manera real, así sea modesta, al conocimiento de un fenómeno, al enriquecimiento de las formas de enseñanza, a la prueba de una estrategia o un recurso didáctico, al análisis de un problema relevante que identificó en el lugar donde realizó su trabajo educativo. Esa aportación es seguramente más valiosa que tratar de construir un discurso pretencioso, cargado de referencias bibliográficas, aunque éstas no sean pertinentes al tema o no hayan sido cuidadosamente estudiadas.

 A través de un documento con estas características se pretende evitar que el trabajo final de los estudiantes se convierta en una experiencia inútil, poco genuina, costosa, desvinculada de la experiencia adquirida y que sólo sirve para cumplir un requisito burocrático.

El documento recepcional debe entenderse como un ejercicio intelectual derivado de la reflexión sobre la práctica para analizar en profundidad y explicar –con base en la experiencia y en los aportes teóricos pertinentes– un problema educativo concreto que dé cuenta de las condiciones reales en las que se realiza la labor docente, de los factores que intervienen e influyen en ella y de las relaciones que se dan entre éstos y las formas en que funciona y se organiza la escuela.

Usualmente, los documentos que los estudiantes normalistas han elaborado con fines de titulación se han centrado en descripciones generales y superficiales sobre las condiciones físicas, materiales y del contexto en el que se ubica el plantel, así como en una caracterización –también general– de la población que asiste a él, pero escasa importancia se otorga al proceso educativo que tiene lugar en esa escuela, al papel que juegan en ella los maestros y a la atención que reciben los niños.

Desde otra perspectiva, se intentó que los estudiantes desarrollaran un trabajo de investigación que con frecuencia consistió, sobre todo, en el seguimiento de un modelo o método de investigación formal más que en el planteamiento de problemas y elaboración de explicaciones acerca de hechos o procesos de la realidad educativa concreta. Con ello se propició el uso excesivo de información transcrita de distintas fuentes y autores que –con la intención de dar al trabajo un carácter científico o académico– llevaban al alumno al empleo de tecnicismos y categorías que dieran formalidad académica al trabajo, aunque no siempre ayudaran a comprender el tema o problema de estudio.

El documento recepcional es un ensayo de carácter analítico y explicativo en cuya elaboración los estudiantes normalistas ponen en juego las competencias que forman parte de los rasgos del perfil de egreso que establece el Plan de Estudios, especialmente los que corresponden al campo de las habilidades intelectuales específicas:

  • "Posee alta capacidad de comprensión del material escrito y tiene el hábito de la lectura; en particular, valora críticamente lo que lee y lo relaciona con la realidad y, especialmente, con su práctica profesional.

  • Expresa sus ideas con claridad, sencillez y corrección en forma escrita y oral; en especial, ha desarrollado las capacidades de describir, narrar, explicar y argumentar, adaptándose al desarrollo y características culturales de sus alumnos.

  • Plantea, analiza y resuelve problemas, enfrenta desafíos intelectuales generando respuestas propias a partir de sus conocimientos y experiencias. En consecuencia, es capaz de orientar a sus alumnos para que éstos adquieran la capacidad de analizar situaciones y de resolver problemas.

  • Tiene disposición y capacidades propicias para la investigación científica: curiosidad, capacidad de observación, método para plantear preguntas y para poner a prueba respuestas, y reflexión crítica. Aplica esas capacidades para mejorar los resultados de su labor educativa.

  • Localiza, selecciona y utiliza información de diverso tipo, tanto de fuentes escritas como de material audiovisual, en especial la que necesita para su actividad profesional.”1

Los logros de otros rasgos del perfil de egreso que forman parte de los campos de dominio de los contenidos de enseñanza, competencias didácticas, identidad profesional y ética, así como de capacidad de percepción y respuesta a las condiciones sociales del entorno de la escuela, se manifiestan en el desempeño mismo del estudiante, en las distintas actividades que implica el trabajo docente.

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