Planes y Programas

Programa de Estudios, 2° Semestre, Licenciatura en Educación Física/
Desarrollo Infantil II /
Bloque III. El desarrollo afectivo y la socialización de los niños

Propósitos

En este bloque se abordan contenidos del desarrollo infantil en los aspectos afectivo y social, en los que la escuela tiene un papel determinante. Mediante la lectura individual, actividades de análisis en equipo y discusiones en plenaria se pretende que los estudiantes:

1.  Expliquen los procesos de desarrollo afectivo y de socialización en los niños, considerando la importancia de las relaciones familiares y sociales, para ampliar la comprensión de los procesos de desarrollo infantil.

2.  Reconozcan el carácter universal de las emociones y las diferencias culturales en su determinación, e identifiquen el papel que juegan los vínculos afectivos en la conformación y manifestación de estos estados emocionales.

3.  Analicen el temperamento como un atributo individual y adviertan el papel activo de los niños y las niñas en su desarrollo afectivo y social.

4.  Identifiquen algunas características predominantes sobre la comprensión e interpretación del mundo social que elaboran los niños y su relación con los sentimientos y valores que se promueven en los entornos en donde éstos se desenvuelven.

Temas

1.  La vinculación entre el desarrollo afectivo de los niños y los procesos de socialización en las relaciones familiares y en el círculo inmediato de compañeros y amigos.

2.  Relaciones y prácticas socializadoras en el medio familiar.

   •  La diversidad de modelos explícitos e implícitos de las conductas infantiles en las culturas familiares.

   •  Los mecanismos de identificación con referentes familiares y la adquisición de pautas conductuales.

   •  El sentido moral de los niños. Influencias biológicas y socioculturales.

3.  El niño como factor activo.

   •  La noción actual de temperamento.

   •  Las pautas temperamentales como atributo individual.

4.  El desarrollo emocional del niño.

   •  Capacidad de empatía y de percepción de los estados emocionales de los demás.

   •  Complejización de la expresión y la sensibilidad afectivas.

5.  El ingreso a la escolarización y los cambios en el proceso de socialización.

   •  El papel de los maestros de educación física en la formación de la identidad de los niños y en la obtención de confianza en sus capacidades y competencias motrices (integración de la corporeidad).

Bibliografía básica

DIF/Gimptrap/UNICEF (1998), “Familias en México a fin de siglo: el aprendizaje de las diferencias de género”, en Florinda Riquer Fernández (coord.), La niña de hoy es la mujer de mañana 3. Estado actual de la discusión sobre la niñez mexicana, México, pp. 27-56.

Berk, Laura E. (1999), “Temperamento y desarrollo”, en Desarrollo del niño y del adolescente, Madrid, Prentice Hall Iberia, pp. 536-547.

Dunn, Judy (1990), “La comprensión de los sentimientos: las primeras etapas”, en Jerome Bruner y Helen Haste (comps.), La elaboración del sentido. La construcción del mundo por el niño, Barcelona, Paidós (Cognición y desarrollo humano, 20), pp. 31-43 [primera edición en inglés, 1987].

— (1993), “Implicaciones”, en Los comienzos de la comprensión social, Buenos Aires, Nueva Visión (Alternativas en salud mental), pp. 179-199 [primera edición en inglés: The Beginnings of Social Understanding, 1988].

Vila, Ignasi (1998), “Pautas de conducta, tipologías familiares y desarrollo infantil”, en Familia, escuela y comunidad, Barcelona, ICE/Horsori (Cuadernos de educación, 26), pp. 57-62.

Kagan, Jerome (1987), “Creación de una moral”, en El niño hoy. Desarrollo humano y familia, Eloy Fuente Herrero (trad.), Madrid, Espasa Calpe (Espasa universidad, 10), pp. 124-145 [primera edición en inglés, 1984].

Delval, Juan (2000), “Las funciones de la escuela”, en Aprender en la vida y en la escuela, Madrid, Morata (Razones y propuestas educativas, 2), pp. 86-93.

Bibliografía complementaria

Meece, Judith (2000), “Cómo conocemos a otros y nos relacionamos con ellos”, en Desarrollo del niño y del adolescente. Compendio para educadores, México, McGraw Hill/sep (Biblioteca para la actualización del maestro), pp. 299-306 [primera edición en inglés: Child and Adolescent Development for Educators, 1997].

Tapia, Medardo (2002), “La autonomía y la responsabilidad en el desarrollo de los niños mexicanos”, documento [este documento puede ser consultado en la página de internet: http://normalista.ilce.edu.mx].

Actividades sugeridas

1. Recuperar los productos de las actividades del tema 1, bloque i, de la asignatura Propósitos y Contenidos de la Educación Básica I del semestre pasado, donde se realizaron indagaciones sobre los procesos de socialización que viven los niños. Enseguida, hacer la lectura individual del documento “Estado de la discusión sobre la niñez mexicana”, investigación realizada por el dif y el unicef. Posteriormente, formar equipos para el análisis y discusión de los datos aportados por las dos fuentes de información, tomando en cuenta los siguientes aspectos:

   •  Procesos y agentes de socialización.

   •  Tendencias más comunes en las formas de configuración de las familias y el papel de éstas como agentes de socialización.

   •  Socialización diferencial por género a partir de los aprendizajes que promueven con las niñas y los niños, tanto madres como padres.

   •  Características de la socialización en zonas rurales y urbanas, y tipos de experiencias que se promueven en estos ambientes.

   •  Principales actividades en que son involucrados los niños pequeños y aprendizajes que se generan como resultado de la convivencia con los miembros de la familia y con el grupo de pares.

   •  Factores que intervienen en el proceso de socialización de los niños y el papel de los adultos en éste.

2. Organizados en equipos de trabajo y a partir del texto “El significado de las experiencias de los niños en relación con el lenguaje”, de Richard y Gleason (revisado en el bloque II), expresar lo que entienden por desarrollo afectivo y socialización. Contrastar sus opiniones con los resultados obtenidos del análisis y la discusión de la actividad I de este bloque y elaborar un listado con las ideas que consideren más importantes para explicar los procesos de socialización que experimentan los niños. Presentar las ideas obtenidas al grupo como conclusiones de la actividad.

3. Leer el texto “Temperamento y desarrollo”, de Berk, y a partir de los planteamientos que realiza la autora, comentar y reflexionar en equipos acerca de:

   •  ¿Qué es el temperamento?

   •  El temperamento, ¿se adquiere o es innato? Argumentar su respuesta.

   •  El temperamento, ¿es observable?, ¿cómo?

   •  El cuidado y atención que dan los padres a los hijos, ¿determina su temperamento?, ¿por qué?

   •  Las reacciones temperamentales de los niños, ¿son influenciadas por valores culturales y por sus condiciones de vida?, ¿por qué?

   •  ¿Es posible que el ser humano modifique su temperamento a lo largo de su vida?, ¿por qué?

   •  ¿Cuál es la importancia del temperamento en el desarrollo de la personalidad?

Registrar sus conclusiones y discutirlas en plenaria.

4. A partir de los temas trabajados en las actividades anteriores del bloque, elaborar un trabajo de expresión plástica en donde, a través de fotografías, notas de periódicos o revistas, se ilustren o representen diversos comportamientos y estados emocionales de los niños, como: alegría, disgusto, enfado, temor, entre otros. Tomar como referente la propia experiencia y los contextos de interacción en que se manifiestan las emociones, para analizar, en forma individual, las situaciones ilustradas considerando la siguiente pregunta:

   •  ¿Es capaz el niño, desde una edad temprana, de anticipar los sentimientos e intenciones de los demás y reaccionar de acuerdo con ellos?

Discutir en equipos sus puntos de vista con respecto a los resultados de la actividad y registrar por escrito sus conclusiones.

5.    En forma individual leer el texto “La comprensión de los sentimientos: las primeras etapas”, de Dunn, y hacer un análisis a partir de las siguientes ideas:

   •  Cambios en la habilidad de los niños para reconocer e interpretar los sentimientos de los demás.

   •  Identificación y comprensión de los sentimientos de los demás como guía para la propia conducta.

   •  Funciones sociales de la identificación y comprensión de los sentimientos.

   •  Influencia de la expresión y comprensión de las emociones en los procesos socializadores de adopción de principios y normas morales.

6. Durante la tercera semana de observación, organizada en la asignatura Observación del Proceso Escolar, preguntar tanto a profesores como a madres y a padres de familia que tengan alumnos e hijos de uno a 12 años, respectivamente, su opinión respecto a las siguientes cuestiones:

   •  Los niños de un año, ¿entienden cómo lastimar, confrontar o exacerbar el dolor de otro?, ¿comprenden las consecuencias de sus acciones?

   •  ¿Cómo influye la familia para que los niños experimenten o identifiquen sentimientos de placer, vergüenza, bondad, culpabilidad, envidia, orgullo, altanería, prepotencia o poder, agresividad, presunción, autosuficiencia, desdén, rivalidad, competición, amistad, solidaridad, cooperación, amabilidad, etcétera?

   •  ¿Qué estrategias utilizan los padres para apoyar a sus hijos en el manejo de sus emociones ante estímulos externos e internos?

Observar, durante estas jornadas, a niños en procesos de interacción para identificar sus emociones y reconocer el “control” que establecen de éstas.

7. Sistematizar la información recabada y contrastarla con lo que se expresa en el texto “Implicaciones”, de Dunn, con la finalidad de discutir acerca del planteamiento que expresa la autora: “... A través de la conversación se analizan los componentes del comportamiento de los niños”. Se sugiere ampliar esta información con lo que se dice en el apartado “La reorientación de la educación física en la educación básica”, del Plan de Estudios de la licenciatura (pp. 35 y 36).

Posteriormente, identificar en los siguientes ejemplos –tomados de entrevistas realizadas a niños mexicanos–, cuáles expresiones infantiles aluden o se relacionan con: la comprensión de su mundo familiar; el desarrollo del sentido del yo; y el discurso moral del contexto social al que pertenecen.

¿Cómo es tu mamá?

—¿Mi mamá?, bonita.

—¿Y qué más?

—¿Qué más?, también cuando vengo a la escuela, a veces se pinta y a veces no.

—¿A veces qué?

—A veces se pinta, cuando me levanta a las cinco sí se pinta y cuando me levanta tarde no se pinta y ya hace mucho que no llego tarde y un día sí llegué tarde y le dijo mi mamá a la maestra que había... que había ido al dortor. Para que no me regañen. Edgardo (6.11).

¿Qué hace tu mamá?

—Cuando se levanta nos despierta para ir a la escuela, y ella se levanta y nos despierta, y luego ella se empieza este... empieza a lavar los trastes y luego nos este... nos mete al baño porque siempre nos bañamos, siempre siempre, y, y mi mamá pus luego nos busca nuestra ropa; nos busca la ropa, y a veces no, a veces no, la buscamos nosotros, por eso, y luego nosotros nos vamos solitos a la casa, que está como a cuatro cuadras de aquí y vamos caminando, y luego ya pasa mi mamá por nosotros y vamos a la casa, por eso, y ya nos vamos, luego ponemos... cada quién le toca poner la mesa y ya luego comemos, comemos mucho. Leticia (6.10).

¿Si a un niño lo castigan, ¿quién lo debe castigar?

—Su mamá porque un niño hace algo mal, mal que no debería de decir y de hacer; su mamá le pega o lo pone en la pared y... o si hace ma... algo mal en la escuela lo castigan también y él se siente muy triste, pero... si fuera, si fuera tonto lo había castigado, si fuera tonto lo habían castigado; ése es el castigo.

—¿Y cualquier persona grande puede castigar?

—Sí...

—¿Y el hermano mayor también puede castigar?

—Un poco, nomás le puede corregir, pero no castigar.

—¿Y el tío o el abuelito?

—También, esos también, pero menos los chiquitos no pueden castigar a su mamá, esos no.

—¿Y cómo lo deben castigar?

—El niño castiga a su mamá o... a ¿cómo?, pues haz, haz de cuenta que orita le dice su mamá, su mamá le dice algo malo que a su mamá le deben de respetar porque ella sabe más que ellos, entonces le dice algo malo, dice algo malo, entonces su mamá se enoja le pega, lo manda allá arriba a encerrar pa que se le quite lo grosero que tiene el niño. Claudia G. (6.7).

¿Y a veces son latosos tus hermanos?

—¿Y tú eres latoso con tus hermanos?

—Sí, con Laura, le pego, porque ella también me hace pesadeces, y yo le pego, me pongo furioso y le pego; siempre cuando le voy a pegar o ya le pegué empieza a llorar. Marcos (6.7).

Mis amigos...

—Como un niño me dice que estoy reflaca y le digo: “Ay tú también estás regordo”, el que le digo que es marica, también... también está reflaco, mira como... yo me pongo chor, entos me... a... me pongo unas clacetas hasta acá y dice: “¿Ya engordastes?”. Le digo: “No, son las clacetas que están este... así”. Entos están así ¿no?, entos, este, él, este dice que también yo stoy reflaca, entos di, le digo yo: “Tú también estás regordo, este... hasta mira, mira cómo tienes tus brazos”. Es que está reflaco. Dice mi mamá que se va, se ve más flaco que yo con el chor. Como él me tienta aquí y dice que estoy reflaca y yo le tiento aquí y hasta se ve más flaca. Araceli C. (6.7).

En la escuela...

—Había un ratón en la escuela y se lo echaron a la maestra en el escritorio y se espantó. Taba vivo el ratón. Un niño bien grosero que siempre trai la resortera y él es el culpable de todo y nos llevan a losotros. Yo no hago nada y me lleva por la culpa de aquel niño. Es que él se viene a mi lado y desde donde yo estoy, se esconde atrás de mí y le da... y le da... y le da a la maestra. Y ya sabe la maestra que viene de donde yo estoy, por eso me lleva. Cuando echa la piedra, le toca a la maestra, se echa a su lugar, se... le corre a su lugar. Le digo que ellos jueron y ella no me cree, me lleva a la dire. León (6.8).

Hicieron una fiesta...

—Yo me quería subir y no me dejaba mi hermana, hasta cuando llegó mi papá abajo, dijo: “¿No van a jugar allá?”, y dice mi hermana: “No, no, no, que se van a dormir”. Yo me quería subir y luego sí me subí. Iba a bailar pero me daba vergüenza. Estaban todos y estaban bailando, algunos no podí... casi unos ya llegaban al techo.

—Mi hermano me subió y todos y sus hermanas de mis amigos no, no se podían subir porque su hermana no la dejaban. No lo dejaba subir a su ami... a mi amigo su hermana porque luego la mordía el perro. Y hasta las doce de la noche se acabó. Mi hermana ya quería bailar, bailó, pero dicen las niñas: “No, tú no sabes bailar, camina”. Es que bailaba puro charasquiado, ranchero bailaba y ése no era ranchero. La niña se llamaba Yolanda y yo y su hermano, estaba muy bien la canción, decía: “Yolanda, Yolanda”, y también nosotros y ella se jue para otro lugar y le estaba diciendo a su hermano que se callara. Y cuando se acabó y... ete... ella se salió, todavía seguían y seguían bailando, también una tiene una caída.

—También ponieron lo... la dos, la que eran caídas, que se hacen ansina las mujeres y los hombres se hacen el ren, también ponieron ésa. Ya se agarran, como se cain, pero ya se agarran porque ésa es la caída. Sergio (11).

¡Me espanto!

—Uno que se llamaba... que era mi tío, vio una bruja... que ib... porque fu... jue a trai leña, porque allá no venden estufas. Y jué a traer leña en la noche y vio una... señora... ya estaba emborrachado y dijo el... este... mi... tío, dijo: “Ya estoy muy viejo pa casarme contigo”. Luego se vino, le vio la cara. Le vio la cara, tenía un chal negro, lo tenía tapado y luego se jue corre y corre hasta la... dejó la leña.

—También... yo, yo cuando voy, voy a hacer del baño este... me da miedo. Porque sí, porque veo unos ojos. Veo unos ojos y hasta me paso corre y corre. Me paso, me paso corre y corre. También allá en mi casa hay una... calaca, hasta mi hermano... Beto se espantó y por eso no se quiere acostar onde había una... hoyitos y este... yo me pasé para allá y... me tentaron la mano, aquí. Luego yo me tapé la cara y aquí me tapé, todo me tapé. Sixto (6.7).

Tomado de: Oralia Rodríguez y Graciela Murillo, Te voy a platicar de mi mundo. Muestra del habla de niños de 6 a 7 años, México, Colegio de México/sep, 1985.

También es recomendable que estos ejemplos sean analizados y comparados con las entrevistas realizadas en la actividad 5 del bloque II de este curso.

Como conclusión de esta actividad, redactar un texto breve en el que expresen su punto de vista sobre la importancia de las relaciones afectivas para el desarrollo emocional de los niños, considerando los siguientes planteamientos:

...Los cambios evolutivos importantes no son aquellos en los que la influencia social se ejerce sobre los niños, sino aquellos en los cuales éstos intentan discutir, justificar y negociar (Jean Piaget).

...Es la significación de la dinámica afectiva de las relaciones la que motiva al niño a comprometerse en un discurso sobre el mundo social, antes que el conflicto exclusivamente cognitivo... (Judy Dunn).

Presentar al grupo algunos de los textos para incorporar aspectos que los enriquezcan o para que amplíen las conclusiones acerca de los testimonios presentados.

8. Leer el texto “Pautas de conducta, tipologías familiares y desarrollo infantil”, de Vila, y registrar por escrito las ideas fundamentales de la lectura. Integrar equipos y, con base en la lectura, presentar al grupo una sencilla dramatización acerca de la tipología de padres democráticos, autoritarios y permisivos (pueden retomar fragmentos de los diálogos presentados en los ejemplos de la actividad 7). Comentar en el grupo sus impresiones respecto a esta actividad y registrar sus conclusiones.

9. Durante la tercera jornada de observación, preguntar a maestros de preescolar y primaria, ¿cuáles factores consideran que determinan la creación o conservación de las normas? (el castigo, la desaprobación, la empatía, entre otros).

Analizar la opinión de los entrevistados con base en la lectura del texto “Creación de una moral”, de Kagan. Exponer en plenaria los resultados de su análisis.

10. Organizar al grupo en equipos para realizar un debate en el que argumenten a favor y en contra de las siguientes afirmaciones:

   •  Existe una relación entre la identificación del niño y la adquisición de normas, particularmente las relacionadas con los roles sexuales o de género y con los papeles asignados a su edad.

   •  “En este siglo [existen] los empeños de los psicólogos por clasificar a los niños, adolescentes y adultos como más o menos morales o de atribuir su juicio moral a las fases de un proceso de desarrollo que va de menos a más madurez... [Sin embargo] ...No creo que ni los niños ni los adultos obren en un nivel particular de moral a través de todas las situaciones éticas” (Kagan, 1987: 143).

Elaborar una relatoría con el propósito de recuperar las principales explicaciones del debate para, después, ordenar la información en un cuadro que muestre la relación entre los argumentos presentados.

11. En forma individual redactar un texto breve sobre su primera experiencia al ingresar a la escuela o bien recuperar un testimonio de algún maestro, alumno o padre de familia que describa cómo fueron sus primeros contactos con la escuela: ¿cómo vivieron su primer día de clase? Esta actividad también puede realizarse durante la tercera jornada de observación. Comentar en grupo sobre los textos elaborados.

12. Leer el fragmento que se presenta en el siguiente recuadro y realizar la actividad que se solicita a continuación.

¿Cómo pueden sentirse los niños?

Separarse de los padres o de la persona que les ha cuidado, suele hacer infelices a los niños, que normalmente se sienten abandonados, apartados, sin nadie que les quiera. A menudo se atemorizan, se enfadan; a veces lloran, chillan, tiran cosas, pegan a otros niños, intentan pegar al profesor, muerden, patalean, se tiran al suelo y tienen rabietas.

En otras ocasiones la reacción es muy distinta: una niña entra en el aula como si hubiera estado antes allí un centenar de veces y estuviera habituada al lugar; juega con el material, con los otros niños, se despide alegremente de su madre cuando ésta se va y habla amigablemente con el profesor. “¡Qué encanto de niña! –pensamos–. Se ha separado de su madre con naturalidad y se ha integrado plenamente”. Pero, de repente, un día su madre se va como de costumbre y la niña estalla en un mar de lágrimas, nadie consigue consolarla y no quiere tomar parte en ninguna actividad. Su comportamiento es totalmente inesperado, y los profesores se quedan desconcertados y frustrados.

Otros niños esconden sus sentimientos. Son callados y no se hacen notar; parecen seguir el ritmo de la clase porque no causan problemas, no son presuntuosos y parecen bastarse a sí mismos. Sin embargo, una mirada más atenta puede descubrirnos que, en realidad, no sienten un interés particular por aprender ni por los demás niños. El profesor podría pensar que está así porque tiene poca predisposición o porque su carácter es un poco melancólico, pero su padre le dirá que en casa no se comporta de ese modo. Esos niños están físicamente en el colegio, pero psicológicamente continúan en sus casas.

Con frecuencia reaccionan ante la novedad y la extrañeza que les causa un lugar que no les es familiar. Algunos se agitan y corren de un lado a otro curioseando, señalando, tocando y mirando. Otros, en cambio, parecen incómodos, se retraen y exploran sólo con los ojos, mientras sus cuerpos permanecen quietos. Pero no a todos los niños les afecta de esta manera entrar en la escuela. Algunos caminan llenos de seguridad y se comportan como si conocieran el lugar. Para ellos el primer día de colegio puede ser el colofón de algo que han estado esperando con ilusión todo el verano, o el comienzo de una aventura que aguardaban con impaciencia, tal vez incluso compartida con algún hermano mayor. Probablemente algunos ya estén acostumbrados a ir a la guardería desde hace tiempo, aunque esto puede también causar el efecto contrario en los que no asimilaron bien sus sentimientos de separación en la verdadera “primera vez”. Hay quienes parecen disfrutar con la novedad de la situación, por la ilusión de estar con otros niños de su misma edad y tener objetos nuevos con los cuales jugar. No obstante, la mayoría responden marcadamente, de un modo u otro, ante un entorno nuevo, aunque esta reacción pueda no detectarse. Los niños realizan un gran trabajo mental y emocional para asimilar una situación desconocida.

Al entrar en un aula nueva, necesitan hacerse una idea tanto del entorno físico como del entorno humano que les rodea. El profesor se convierte en objeto de inmenso interés y curiosidad, y se preguntan: “el profesor, ¿habla mi mismo idioma?, ¿es de mi mismo color?, ¿me resultan familiares sus gestos?, ¿sus reacciones ante mis comportamientos son las mismas que las de mis padres?”.

Todo esto contribuye a que los niños se sientan extraños, o cómodos, porque los pequeños tienden a definir el mundo de los adultos según los parámetros de comportamiento de sus propios padres, y a menudo esperan que todo el mundo se comporte como ellos lo hacen. Por ejemplo: si mamá se va todas las mañanas a toda prisa para tomar el autobús y papá prepara el desayuno cantando, lo más probable es que piense que todos los padres hacen lo mismo por las mañanas. Si mamá no le deja jugar con el agua en el lavabo, el niño creerá que ninguna madre autoriza ese tipo de juegos, y se sorprenderá mucho cuando otra mamá, o la maestra, se lo permitan. En resumen: los niños llegan al colegio con una serie de expectativas acerca de los adultos, que han ido construyendo a partir de sus propias experiencias personales. Se necesitará tiempo y experiencias nuevas para enseñarles que los adultos se comportan de muchas maneras diferentes.

Como entran al colegio con estas ideas preconcebidas sobre los adultos, pueden llegar a sentirse muy incómodos cuando empiezan a notar que el profesor no es igual que papá, mamá o la abuela. A lo mejor el profesor dice que jugar con agua o hablar mientras comes, o ensuciarse las manos con pegamento, está bien. Los niños necesitan tiempo para incluir este nuevo tipo de adulto en sus esquemas mentales, para diferenciar entre lo que pasa en casa y lo que pasa en el colegio; necesitan tiempo para acostumbrarse al profesor, aprender lo que significan los distintos tonos de su voz y lo que pueden esperar de él en las distintas situaciones, para establecer las diferencias entre el comportamiento de sus padres y el del profesor. Si el maestro es una persona benigna y cariñosa, el pequeño será capaz de transferir sus sentimientos básicos de confianza de casa a la escuela (Erikson, 1963).

Sin embargo, hasta que el niño sienta esa confianza, el profesor y toda la escuela continuarán siendo cosas extrañas. El proceso gradual, en el que día a día la familiaridad irá reemplazando al desconocimiento, empieza con la relación entre niño y maestro. Por lo general, a medida que los niños van percibiendo al profesor de una manera más confiada, van extendiendo sus relaciones con el entorno físico y con los otros niños de una manera más abierta. Sentirse a gusto con el profesor, es la base que les permite sentirse a gusto con el resto de la clase.

Las investigaciones han puesto de manifiesto un proceso similar en los bebés (Bell, 1970). Al parecer, éstos necesitan saber que las personas son dignas de confianza, que están ahí y que ahí permanecerán. Poco a poco aprenden que mamá no se ha ido cuando está fuera de su campo visual. Después, los bebés pasan a ser capaces de aplicar este concepto a los objetos físicos de su entorno. A través de relaciones humanas íntimas y consistentes, se ponen en contacto con los grandes mundos físico y humano.

Los niños pueden sentirse extraños en un grupo diferente a su grupo familiar, donde disfrutan de un estatus especial. En la escuela, en cambio, poca gente sabe cómo se llaman, lo que les asusta, lo que les reconforta, si les gusta el helado de vainilla o el de chocolate. Nadie les quiere –o no les quiere– de manera especial. En este grupo no tienen un puesto natural, como tienen en casa; aquí se lo tienen que ganar a través del comportamiento. Esto, aunque tal vez no lo sepan todavía, quizás lo sientan.

Pueden preocuparse porque creen que nadie les cuidará, porque no sabrán volver a casa, porque no encontrarán a sus padres o porque éstos no les encontrarán a ellos. Cuanto más pequeño sea el niño, más profundos serán esos miedos. Algunos investigadores han llegado a la conclusión de que hasta que no alcanzan la edad de tres años, son incapaces de mantener una imagen interior estable de sus padres cuando éstos no están presentes (Mahler, Pine y Bergman, 1975). Explicarles o decirles dónde están sirve de muy poco con los más pequeños, hasta que adquieren confianza con el adulto nuevo.

El modo en que los niños se toman la separación puede venir determinado por el estilo particular de cada familia. Algunas son muy gesticulantes y actúan de manera muy efusiva en las despedidas y otros acontecimientos emotivos. Otras, por el contrario, son más reservadas, y al no manifestar sus sentimientos tan abiertamente pueden comportarse durante los acontecimientos más significativos con aparente compostura.

Tomado de: Nancy Balaban, Niños apegados, niños independientes. Orientaciones para la escuela y la familia, Madrid, Narcea (Primeros años), 2000, pp. 11-15.

Establecer los puntos en común con la actividad 11 de este bloque; para ello, se sugiere incorporar la información en un cuadro comparativo como el que se muestra, para destacar el papel desempeñado por los niños y los adultos, como parte de las relaciones y prácticas socializadoras, en los ámbitos familiar y escolar.

Papel desempeñado por Relaciones y prácticas socializadoras. Ámbitos:
Familia Escuela
Niños    
Adultos    

13. Leer individualmente el texto “Las funciones de la escuela”, de Delval, y registrar las ideas fundamentales expuestas. Discutir en pequeños equipos acerca de las cuatro funciones que, según el autor, desarrolla la escuela; anotar sus conclusiones y presentarlas en plenaria.

14. Retomar los productos de las actividades del bloque ii, tema 5 y del bloque III, tema 1 del curso Propósitos y Contenidos de la Educación Básica I, del primer semestre de la licenciatura, en donde los estudiantes sistematizaron información referente a: el papel del docente en la realización de actividades motrices de los niños; los retos que impone al profesor de educación física una intervención educativa que favorezca el proceso de desarrollo de los niños; la relación que existe entre el niño, su actuación sobre los objetos y los aspectos del desarrollo; las características del juego que permiten fortalecer la competencia motriz en los niños; y reflexiones en torno al papel de la escuela en la formación ética de los alumnos.

Con estos elementos como referentes, analizar individualmente testimonios de casos que ilustren aspectos de la vida de niños, obtenidos por los estudiantes en las actividades de práctica o de la observación de niños en otros ámbitos sociales, como los que se incluyen a continuación:

El mundo a los 10 años

Argelia

“En mi país no se daba inglés ni ordenador”. Imán Bousserquel. De 10 años. Argelina. Vive desde hace un año en Barcelona. Su madre limpia casas.

Soy Imán, tengo 10 años. Hace un año y medio que vine de Argelia. Vivo en la Placa Negra de aquí, de Barcelona. Enseguida aprendí catalán y español. Practicaba con una niña marroquí amiga mía. La primera semana no entendía nada de nada. Pero una profesora me dio una libreta para escribir “a e i o u” en casa. En dos semanas, mi hermano mediano y yo ya entendíamos la televisión. Dice mi amiga marroquí que el catalán se parece al francés.

Nos levantamos a las ocho. Bebemos la leche. Hacemos las tres camas. Mi hermano y yo hacemos la de éste (señala a su hermano menor), que es pequeño. Mi madre se va a trabajar. Trabaja “de casas”. Limpiando las casitas de las personas mayores. Vamos a un cole que se llama ceip Pere Vila. Hago quinto de primaria, y éste (señala a su hermano mediano), cuarto. Me gustaría quedarme aquí, en la Barcelona. ¿Aquí qué hay? Hay motos ¡tan bonitas...! Aquí mi padre tiene una moto para ir a trabajar. Y los coches que hay aquí... A mí me gusta el descapotable. En el Pere Vila hacemos música. En Argelia no hacen música por la mañana. Ni inglés. Ni educación física. Ni tienen ordenadores. Yo quiero ser informática, y éste (señala a su hermano mediano), pintor. Y en mi país los niños llevan... ¿cómo se dice? Una mochila y una bata para ir a la escuela. Volvemos a casa a las tres. Comemos cuscús. Lo compramos en una tienda de árabes que tiene “carne de árabes”. La comida de la España me gusta mucho. Menos el jamón. ¡Puaggg! ¡Qué asco! Mi padre nos cuenta por qué vinimos a la España. Es porque tenía que hacer los papeles. En Barcelona hay trabajo. Hay marroquíes, pero argelinos no. Están todos en la Francia.

Después volvemos al cole. Cuando salimos, por la tarde, con mis amigas jugamos a barbies. Hay una barbie morena de piel, pero a mí no me gusta tanto porque tiene el pelo más corto. Mi madre me cortó el pelo en Algeciras, por el calor. Lo tenía por aquí. Como soy morena, un hombre me dio una tarjeta por si quería ser (se ríe)... por si quería ser... ¡modelo! (se ríe). Porque aquí son todas de piel más blanca. Mi padre no quiere que trabaje porque soy pequeña. Hay niños que son pequeños y trabajan. El de la tienda árabe-trabaja en la tienda árabe.

Después cenamos y vemos los dibujos. En tv-3 vemos Shin Chan, que es un niño japonés muy divertido que enseña el... ¡culo! (se ríe). Jugamos. Jugamos a ver quién se ríe antes de los tres hermanos. El que se ríe está eliminado. El que gana es el rey y puede mandar lo que quiera. Si gano yo, les mando que me hagan un masaje. Lo tienen que hacer. Tengo una casete de canciones y bailo. Bailo una danza de mi país. Dice mi padre que es parecida al flamenco. En Argelia, cuando alguien se casa bailan todas las niñas. Salimos a la calle con los coches haciendo “pi pi pi”. Después me voy a leer a nuestra habitación, pero mi hermano viene a molestarme. Viene y dice: “Soy Bruce Lee, soy Jackie Chan”. En mi país, las casas tienen muchas habitaciones. Son muy grandes. Tienen jardines con plantas y flores. En nuestra casa de Orán había un melocotonero y yo cogía melocotones de los árboles. Cuidaba las plantas. No. Las casas de Barcelona no son feas. Pero las baratas son pequeñitas. Algún día buscaremos otra. El fin de semana que viene iremos a ver a mi tío de Tarragona. Su casa es mejor. Hace más tiempo que vive aquí. Presume de que habla muy bien el catalán. Hasta que no lo vea no lo creo. Los mayores no saben hablar idiomas tan bien como los niños.

Cada tarde venimos a la biblioteca de la Santa Creu con mi padre. Mi madre todavía está trabajando. Mi padre ya ha terminado. Aquí hay libros y juegos. Y ordenadores. La bibliotecaria nos ha enseñado la estantería de los libros de “cultura árabe”. Me ha dicho que los coja aunque hoy me haya dejado la tarjeta en casa. También tienen libros en paquistaní y periódicos de Marruecos. Aquí vienen muchos niños marroquíes con sus padres. Niñas, pocas. Sólo las pequeñas. A muchas de mis amigas (las de mi clase) ya no las dejan. A sus hermanos sí. Oye, habla bajito. Estamos en una biblioteca.

Empar Moliner.

Argelia. Tasa de mortalidad infantil hasta los cinco años: 41 por cada 1 000 nacidos. Esperanza de vida al nacer: 69 años. Escolarización en primaria: 94% (niños) y 91% (niñas). Tasa de fecundidad: 3.6 hijos por mujer.

Colombia

“La guerrilla y los paramilitares son iguales”, Andrés Felipe Pulido. De 9 años. Vive en Bogotá. Su padre es estadístico y trabaja en la universidad.

Me llamo Andrés Felipe Pulido y vivo en Bogotá, en el barrio Estrada. El 30 de abril cumplí nueve años y estoy en cuarto grado. Estudio en la escuela República de Chile, la misma donde estuvo mi papá. Él se llama Alfredo y trabaja en estadística en la Universidad Manuela Beltrán. Mi mamá se llama Gladys. Es tierna, bonita, pero un poquito viejita porque ya le salieron canas, como a mi papá. Ella trabaja en la casa haciendo artesanías. Me despierta todos los días a las seis de la mañana, me da chocolate, huevo y pan de desayuno y me acompaña a la escuela. Tengo que estar a las siete menos cuarto. En la clase somos 44, más niños que niñas. La profesora se llama Luz Estela y está con nosotros desde segundo. Me gusta el recreo y todas las materias. Más ahora que las profesoras les cambiaron los nombres: las matemáticas se llaman “club de cuentas y pensamientos”. Las ciencias naturales, “haciendo las paces con mi mundo”. Español, “el arte de la palabra”, y así todas las demás. A las doce y media, cuando salgo, mi mamá me está esperando. Vamos a la casa a pie; es cerquita. Almuerzo, descanso y hago las tareas. Después me pongo a jugar con Miguel Ángel y Peluso, mi tortuga y mi perro. También tengo ángel de la guarda: se llama Krisdael.

Mi mejor amiga, Naskia –tiene unos ojos así, como alargados–, dice que yo soy un niño inteligente, estudioso y chistoso. Creo que es verdad: me gusta estudiar para llegar a ser ingeniero de sistemas cuando sea grande. Y me río de todo; bueno, de casi todo. Naskia me apoya y me ayuda cuando estoy triste, como la vez que Andrés me traicionó y me rompió las onces de una patada. Ella me dice: “Tranquilo, no se ponga bravo”, pero no me consiente. Mi mamá y mi hermana –sólo tengo una hermana grande de 14 años–, sí me consienten: me hacen cosquillas en la oreja. ¡Me encanta! A veces, Naskia y yo hablamos del país. Pienso como ella: la guerrilla y los paramilitares son más o menos iguales; matan y secuestran. La guerra es destrucción. Me da miedo, como me da miedo a veces la oscuridad. Pienso que hay un búho y me va a molestar. ¿Los políticos? Hablan carreta, mentiras. Si yo fuera presidente, acabaría con los paramilitares y la guerrilla y le daría trabajo a todos los que no tienen; Naskia dice que acabaría con el pico y placa para los taxis. Claro, como el papá tiene un taxi, los días que no puede trabajar no tiene plata.

Me preocupa mi amiga. Los papás se están separando y ella no ha decidido con quién quedarse. ¡Pobre! Si se va con la mamá, se pone triste el papá, y al revés. Yo tengo una familia bonita. La casa donde vivo tiene tres pisos y es de mi abuela. Ella vive con el abuelo y la tía arriba; ¡la veo todos los días! Nosotros, en el segundo piso en un apartamento; al otro lado vive mi tío y mis primos, y en el primer piso, dos familias en arriendo”.

Me gustaría tener un cuarto para mí solo, pero no hay espacio; duermo en el mismo cuarto con mi hermana. Se llama Anie. Antes peleábamos más. Ella dice que por la diferencia de edad, porque yo era muy cansón. La última pelea fue porque le arranqué, sin permiso, unas hojas del cuaderno especial donde pega fotos y copia canciones. Le escribí una carta pidiéndole perdón.

No veo mucha televisión. Sólo me gusta Jack el despertador, un programa de fin de semana. Y los noticieros, para saber qué pasa en otras partes, como eso que pasó en Nueva York. Lo que más me gusta es hacer animaciones en el computador que tiene mi papá en la sala. También jugar Atari y Play Station. Y montar en bicicleta. El futbol no me gusta mucho.

¿Colores? El gris y el rojo. La gente dice que el gris es triste, pero a mí me parece bonito. Quiero conocer el mar. Sé que tiene olas, arena, conchas, caracoles... En vacaciones vamos a Tunja, donde vive mi otra abuela; y a tierra caliente con la familia. ¿España? Uhh... no sé dónde queda... no me han enseñado. Sólo sé que cuando tenía como tres años una tía me trajo de Madrid, España, un morral en forma de oso. Todavía lo tengo encima de la cama.

Pilar Lozano.

Colombia. Tasa de mortalidad infantil hasta los cinco años: 82 por cada 1 000 nacidos. Esperanza de vida al nacer: 71 años. Tasa de escolarización en primaria: 90% (niños y niñas). Tasa de fecundidad: 2.7 hijos por mujer.

 

Tomados de: “El mundo a los 10 años”, en ep[s]. El País Semanal, núm. 1362, 3 de noviembre, Madrid, Diario El País, 2002, pp. 58-70.

En equipos, revisar cada caso utilizado a partir de analizar y reflexionar sobre el papel del maestro de educación física en la formación de la identidad de los niños como alumnos y de la confianza en sus capacidades y competencias motrices. Registrar individualmente los comentarios y elaborar un escrito que exprese la relación entre los aspectos analizados.

Actividad de cierre del curso. Se recomienda retomar los textos elaborados en la actividad 12 del bloque I para enriquecerlos a partir de las actividades de análisis y reflexión realizadas en los demás bloques del programa.

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