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Programa
de Estudios, 2° Semestre, Licenciatura en Educación Física/
Desarrollo
Infantil II
/
Bloque III. El desarrollo
afectivo y la socialización de los niños
Propósitos
En este bloque se abordan
contenidos del desarrollo infantil en los aspectos afectivo y social,
en los que la escuela tiene un papel determinante. Mediante la lectura
individual, actividades de análisis en equipo y discusiones en plenaria
se pretende que los estudiantes:
1. Expliquen
los procesos de desarrollo afectivo y de socialización en los
niños, considerando la importancia de las relaciones familiares
y sociales, para ampliar la comprensión de los procesos de desarrollo
infantil.
2. Reconozcan
el carácter universal de las emociones y las diferencias culturales
en su determinación, e identifiquen el papel que juegan los vínculos
afectivos en la conformación y manifestación de estos estados
emocionales.
3. Analicen
el temperamento como un atributo individual y adviertan el papel
activo de los niños y las niñas en su desarrollo afectivo y social.
4. Identifiquen
algunas características predominantes sobre la comprensión e interpretación
del mundo social que elaboran los niños y su relación con los
sentimientos y valores que se promueven en los entornos en donde
éstos se desenvuelven.
Temas
1.
La vinculación entre el desarrollo afectivo de los niños y los procesos
de socialización en las relaciones familiares y en el círculo inmediato
de compañeros y amigos.
2.
Relaciones y prácticas socializadoras en el medio familiar.
• La diversidad de modelos explícitos e implícitos de las
conductas infantiles en las culturas familiares.
• Los mecanismos de identificación con referentes familiares
y la adquisición de pautas conductuales.
• El sentido moral de los niños. Influencias biológicas
y socioculturales.
3.
El niño como factor activo.
• La noción actual de temperamento.
• Las pautas temperamentales como atributo individual.
4.
El desarrollo emocional del niño.
• Capacidad de empatía y de percepción de los estados emocionales
de los demás.
• Complejización de la expresión y la sensibilidad afectivas.
5.
El ingreso a la escolarización y los cambios en el proceso de socialización.
• El papel de los maestros de educación física en la formación
de la identidad de los niños y en la obtención de confianza en sus
capacidades y competencias motrices (integración de la corporeidad).
Bibliografía básica
DIF/Gimptrap/UNICEF (1998), “Familias en México a fin de siglo: el aprendizaje
de las diferencias de género”, en Florinda Riquer Fernández (coord.),
La niña de hoy es la mujer de mañana 3. Estado actual de la discusión
sobre la niñez mexicana, México, pp. 27-56.
Berk, Laura E. (1999),
“Temperamento y desarrollo”, en Desarrollo del niño y del adolescente,
Madrid, Prentice Hall Iberia, pp. 536-547.
Dunn, Judy (1990), “La
comprensión de los sentimientos: las primeras etapas”, en Jerome
Bruner y Helen Haste (comps.), La elaboración del sentido.
La construcción del mundo por el niño, Barcelona, Paidós
(Cognición y desarrollo humano, 20), pp. 31-43 [primera edición
en inglés, 1987].
— (1993), “Implicaciones”,
en Los comienzos de la comprensión social, Buenos Aires,
Nueva Visión (Alternativas en salud mental), pp. 179-199 [primera
edición en inglés: The Beginnings of Social Understanding,
1988].
Vila, Ignasi (1998),
“Pautas de conducta, tipologías familiares y desarrollo infantil”,
en Familia, escuela y comunidad, Barcelona, ICE/Horsori
(Cuadernos de educación, 26), pp. 57-62.
Kagan, Jerome (1987),
“Creación de una moral”, en El niño hoy. Desarrollo humano y
familia, Eloy Fuente Herrero (trad.), Madrid, Espasa Calpe (Espasa
universidad, 10), pp. 124-145 [primera edición en inglés, 1984].
Delval, Juan (2000),
“Las funciones de la escuela”, en Aprender en la vida y en la
escuela, Madrid, Morata (Razones y propuestas educativas, 2),
pp. 86-93.
Bibliografía complementaria
Meece, Judith (2000),
“Cómo conocemos a otros y nos relacionamos con ellos”, en Desarrollo
del niño y del adolescente. Compendio para educadores, México,
McGraw Hill/sep (Biblioteca
para la actualización del maestro), pp. 299-306 [primera edición
en inglés: Child and Adolescent Development for Educators,
1997].
Tapia, Medardo (2002),
“La autonomía y la responsabilidad en el desarrollo de los niños
mexicanos”, documento [este documento puede ser consultado en la
página de internet: http://normalista.ilce.edu.mx].
Actividades sugeridas
1. Recuperar los productos
de las actividades del tema 1, bloque i, de la asignatura Propósitos y Contenidos
de la Educación Básica I del semestre pasado, donde se realizaron
indagaciones sobre los procesos de socialización que viven los niños.
Enseguida, hacer la lectura individual del documento “Estado de
la discusión sobre la niñez mexicana”, investigación realizada por
el dif y el unicef. Posteriormente, formar equipos
para el análisis y discusión de los datos aportados por las dos
fuentes de información, tomando en cuenta los siguientes aspectos:
• Procesos y agentes de socialización.
• Tendencias más comunes en las formas de configuración
de las familias y el papel de éstas como agentes de socialización.
• Socialización diferencial por género a partir de los aprendizajes
que promueven con las niñas y los niños, tanto madres como padres.
• Características de la socialización en zonas rurales y
urbanas, y tipos de experiencias que se promueven en estos ambientes.
• Principales actividades en que son involucrados los niños
pequeños y aprendizajes que se generan como resultado de la convivencia
con los miembros de la familia y con el grupo de pares.
• Factores que intervienen en el proceso de socialización
de los niños y el papel de los adultos en éste.
2. Organizados en equipos
de trabajo y a partir del texto “El significado de las experiencias
de los niños en relación con el lenguaje”, de Richard y Gleason
(revisado en el bloque II), expresar lo que entienden por desarrollo
afectivo y socialización. Contrastar sus opiniones con los resultados
obtenidos del análisis y la discusión de la actividad I de este
bloque y elaborar un listado con las ideas que consideren más importantes
para explicar los procesos de socialización que experimentan los
niños. Presentar las ideas obtenidas al grupo como conclusiones
de la actividad.
3. Leer el texto “Temperamento
y desarrollo”, de Berk, y a partir de los planteamientos que realiza
la autora, comentar y reflexionar en equipos acerca de:
• ¿Qué es el temperamento?
• El temperamento, ¿se adquiere o es innato? Argumentar
su respuesta.
• El temperamento, ¿es observable?, ¿cómo?
• El cuidado y atención que dan los padres a los hijos,
¿determina su temperamento?, ¿por qué?
• Las reacciones temperamentales de los niños, ¿son influenciadas
por valores culturales y por sus condiciones de vida?, ¿por qué?
• ¿Es posible que el ser humano modifique su temperamento
a lo largo de su vida?, ¿por qué?
• ¿Cuál es la importancia del temperamento en el desarrollo
de la personalidad?
Registrar sus conclusiones
y discutirlas en plenaria.
4. A partir de los temas
trabajados en las actividades anteriores del bloque, elaborar un
trabajo de expresión plástica en donde, a través de fotografías,
notas de periódicos o revistas, se ilustren o representen diversos
comportamientos y estados emocionales de los niños, como: alegría,
disgusto, enfado, temor, entre otros. Tomar como referente la propia
experiencia y los contextos de interacción en que se manifiestan
las emociones, para analizar, en forma individual, las situaciones
ilustradas considerando la siguiente pregunta:
• ¿Es capaz el niño, desde una edad temprana, de anticipar
los sentimientos e intenciones de los demás y reaccionar de acuerdo
con ellos?
Discutir en equipos sus
puntos de vista con respecto a los resultados de la actividad y
registrar por escrito sus conclusiones.
5.
En forma individual leer el texto “La comprensión de los sentimientos:
las primeras etapas”, de Dunn, y hacer un análisis a partir de las
siguientes ideas:
• Cambios en la habilidad de los niños para reconocer e
interpretar los sentimientos de los demás.
• Identificación y comprensión de los sentimientos de los
demás como guía para la propia conducta.
• Funciones sociales de la identificación y comprensión
de los sentimientos.
• Influencia de la expresión y comprensión de las emociones
en los procesos socializadores de adopción de principios y normas
morales.
6. Durante la tercera
semana de observación, organizada en la asignatura Observación del
Proceso Escolar, preguntar tanto a profesores como a madres y a
padres de familia que tengan alumnos e hijos de uno a 12 años, respectivamente,
su opinión respecto a las siguientes cuestiones:
• Los niños de un año, ¿entienden cómo lastimar, confrontar
o exacerbar el dolor de otro?, ¿comprenden las consecuencias de
sus acciones?
• ¿Cómo influye la familia para que los niños experimenten
o identifiquen sentimientos de placer, vergüenza, bondad, culpabilidad,
envidia, orgullo, altanería, prepotencia o poder, agresividad, presunción,
autosuficiencia, desdén, rivalidad, competición, amistad, solidaridad,
cooperación, amabilidad, etcétera?
• ¿Qué estrategias utilizan los padres para apoyar a sus
hijos en el manejo de sus emociones ante estímulos externos e internos?
Observar, durante estas
jornadas, a niños en procesos de interacción para identificar sus
emociones y reconocer el “control” que establecen de éstas.
7. Sistematizar la información
recabada y contrastarla con lo que se expresa en el texto “Implicaciones”,
de Dunn, con la finalidad de discutir acerca del planteamiento que
expresa la autora: “... A través de la conversación se analizan
los componentes del comportamiento de los niños”. Se sugiere ampliar
esta información con lo que se dice en el apartado “La reorientación
de la educación física en la educación básica”, del Plan de Estudios
de la licenciatura (pp. 35 y 36).
Posteriormente, identificar
en los siguientes ejemplos –tomados de entrevistas realizadas a
niños mexicanos–, cuáles expresiones infantiles aluden o se relacionan
con: la comprensión de su mundo familiar; el desarrollo del sentido
del yo; y el discurso moral del contexto social al que pertenecen.
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¿Cómo es tu mamá?
—¿Mi
mamá?, bonita.
—¿Y
qué más?
—¿Qué
más?, también cuando vengo a la escuela, a veces se pinta
y a veces no.
—¿A
veces qué?
—A
veces se pinta, cuando me levanta a las cinco sí se pinta
y cuando me levanta tarde no se pinta y ya hace mucho que
no llego tarde y un día sí llegué tarde y le dijo mi mamá
a la maestra que había... que había ido al dortor.
Para que no me regañen. Edgardo (6.11).
¿Qué hace tu mamá?
—Cuando
se levanta nos despierta para ir a la escuela, y ella se levanta
y nos despierta, y luego ella se empieza este... empieza a
lavar los trastes y luego nos este... nos mete al baño porque
siempre nos bañamos, siempre siempre, y, y mi mamá pus
luego nos busca nuestra ropa; nos busca la ropa, y a veces
no, a veces no, la buscamos nosotros, por eso, y luego nosotros
nos vamos solitos a la casa, que está como a cuatro cuadras
de aquí y vamos caminando, y luego ya pasa mi mamá por nosotros
y vamos a la casa, por eso, y ya nos vamos, luego ponemos...
cada quién le toca poner la mesa y ya luego comemos, comemos
mucho. Leticia (6.10).
¿Si a un niño lo castigan, ¿quién
lo debe castigar?
—Su
mamá porque un niño hace algo mal, mal que no debería de decir
y de hacer; su mamá le pega o lo pone en la pared y... o si
hace ma... algo mal en la escuela lo castigan también y él
se siente muy triste, pero... si fuera, si fuera tonto lo
había castigado, si fuera tonto lo habían castigado; ése es
el castigo.
—¿Y
cualquier persona grande puede castigar?
—Sí...
—¿Y
el hermano mayor también puede castigar?
—Un
poco, nomás le puede corregir, pero no castigar.
—¿Y
el tío o el abuelito?
—También,
esos también, pero menos los chiquitos no pueden castigar
a su mamá, esos no.
—¿Y
cómo lo deben castigar?
—El
niño castiga a su mamá o... a ¿cómo?, pues haz, haz de cuenta
que orita le dice su mamá, su mamá le dice algo malo
que a su mamá le deben de respetar porque ella sabe más que
ellos, entonces le dice algo malo, dice algo malo, entonces
su mamá se enoja le pega, lo manda allá arriba a encerrar
pa que se le quite lo grosero que tiene el niño. Claudia
G. (6.7).
¿Y a veces son latosos tus hermanos?
—¿Y
tú eres latoso con tus hermanos?
—Sí,
con Laura, le pego, porque ella también me hace pesadeces,
y yo le pego, me pongo furioso y le pego; siempre cuando le
voy a pegar o ya le pegué empieza a llorar. Marcos (6.7).
Mis amigos...
—Como
un niño me dice que estoy reflaca y le digo: “Ay tú también
estás regordo”, el que le digo que es marica, también... también
está reflaco, mira como... yo me pongo chor, entos
me... a... me pongo unas clacetas hasta acá y dice:
“¿Ya engordastes?”. Le digo: “No, son las clacetas
que están este... así”. Entos están así ¿no?, entos,
este, él, este dice que también yo stoy reflaca, entos
di, le digo yo: “Tú también estás regordo, este... hasta mira,
mira cómo tienes tus brazos”. Es que está reflaco. Dice mi
mamá que se va, se ve más flaco que yo con el chor.
Como él me tienta aquí y dice que estoy reflaca y yo le tiento
aquí y hasta se ve más flaca. Araceli C. (6.7).
En la escuela...
—Había
un ratón en la escuela y se lo echaron a la maestra en el
escritorio y se espantó. Taba vivo el ratón. Un niño
bien grosero que siempre trai la resortera y él es
el culpable de todo y nos llevan a losotros. Yo no
hago nada y me lleva por la culpa de aquel niño. Es que él
se viene a mi lado y desde donde yo estoy, se esconde atrás
de mí y le da... y le da... y le da a la maestra. Y ya sabe
la maestra que viene de donde yo estoy, por eso me lleva.
Cuando echa la piedra, le toca a la maestra, se echa a su
lugar, se... le corre a su lugar. Le digo que ellos jueron
y ella no me cree, me lleva a la dire. León (6.8).
Hicieron una fiesta...
—Yo
me quería subir y no me dejaba mi hermana, hasta cuando llegó
mi papá abajo, dijo: “¿No van a jugar allá?”, y dice mi hermana:
“No, no, no, que se van a dormir”. Yo me quería subir y luego
sí me subí. Iba a bailar pero me daba vergüenza. Estaban todos
y estaban bailando, algunos no podí... casi unos ya llegaban
al techo.
—Mi
hermano me subió y todos y sus hermanas de mis amigos no,
no se podían subir porque su hermana no la dejaban. No lo
dejaba subir a su ami... a mi amigo su hermana porque luego
la mordía el perro. Y hasta las doce de la noche se acabó.
Mi hermana ya quería bailar, bailó, pero dicen las niñas:
“No, tú no sabes bailar, camina”. Es que bailaba puro charasquiado,
ranchero bailaba y ése no era ranchero. La niña se llamaba
Yolanda y yo y su hermano, estaba muy bien la canción, decía:
“Yolanda, Yolanda”, y también nosotros y ella se jue
para otro lugar y le estaba diciendo a su hermano que se callara.
Y cuando se acabó y... ete... ella se salió, todavía
seguían y seguían bailando, también una tiene una caída.
—También
ponieron lo... la dos, la que eran caídas, que se hacen
ansina las mujeres y los hombres se hacen el ren,
también ponieron ésa. Ya se agarran, como se cain,
pero ya se agarran porque ésa es la caída. Sergio (11).
¡Me espanto!
—Uno
que se llamaba... que era mi tío, vio una bruja... que ib...
porque fu... jue a trai leña, porque allá no
venden estufas. Y jué a traer leña en la noche y vio
una... señora... ya estaba emborrachado y dijo el... este...
mi... tío, dijo: “Ya estoy muy viejo pa casarme contigo”.
Luego se vino, le vio la cara. Le vio la cara, tenía un chal
negro, lo tenía tapado y luego se jue corre y corre
hasta la... dejó la leña.
—También...
yo, yo cuando voy, voy a hacer del baño este... me da miedo.
Porque sí, porque veo unos ojos. Veo unos ojos y hasta me
paso corre y corre. Me paso, me paso corre y corre. También
allá en mi casa hay una... calaca, hasta mi hermano... Beto
se espantó y por eso no se quiere acostar onde había
una... hoyitos y este... yo me pasé para allá y... me tentaron
la mano, aquí. Luego yo me tapé la cara y aquí me tapé, todo
me tapé. Sixto (6.7).
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Tomado de: Oralia Rodríguez y Graciela
Murillo, Te voy a platicar de mi mundo. Muestra del habla de
niños de 6 a 7 años, México, Colegio de México/sep,
1985.
También es recomendable
que estos ejemplos sean analizados y comparados con las entrevistas
realizadas en la actividad 5 del bloque II de este curso.
Como conclusión de esta
actividad, redactar un texto breve en el que expresen su punto de
vista sobre la importancia de las relaciones afectivas para el desarrollo
emocional de los niños, considerando los siguientes planteamientos:
...Los cambios evolutivos importantes no son aquellos
en los que la influencia social se ejerce sobre los niños, sino
aquellos en los cuales éstos intentan discutir, justificar y negociar
(Jean Piaget).
...Es la significación de la dinámica afectiva de
las relaciones la que motiva al niño a comprometerse en un discurso
sobre el mundo social, antes que el conflicto exclusivamente cognitivo...
(Judy Dunn).
Presentar al grupo algunos
de los textos para incorporar aspectos que los enriquezcan o para
que amplíen las conclusiones acerca de los testimonios presentados.
8. Leer el texto “Pautas
de conducta, tipologías familiares y desarrollo infantil”, de Vila,
y registrar por escrito las ideas fundamentales de la lectura. Integrar
equipos y, con base en la lectura, presentar al grupo una sencilla
dramatización acerca de la tipología de padres democráticos, autoritarios
y permisivos (pueden retomar fragmentos de los diálogos presentados
en los ejemplos de la actividad 7). Comentar en el grupo sus impresiones
respecto a esta actividad y registrar sus conclusiones.
9. Durante la tercera
jornada de observación, preguntar a maestros de preescolar y primaria,
¿cuáles factores consideran que determinan la creación o conservación
de las normas? (el castigo, la desaprobación, la empatía, entre
otros).
Analizar la opinión de
los entrevistados con base en la lectura del texto “Creación de
una moral”, de Kagan. Exponer en plenaria los resultados de su análisis.
10. Organizar al grupo
en equipos para realizar un debate en el que argumenten a favor
y en contra de las siguientes afirmaciones:
• Existe una relación entre la identificación del niño y
la adquisición de normas, particularmente las relacionadas con los
roles sexuales o de género y con los papeles asignados a su edad.
• “En este siglo [existen] los empeños de los psicólogos
por clasificar a los niños, adolescentes y adultos como más o menos
morales o de atribuir su juicio moral a las fases de un proceso
de desarrollo que va de menos a más madurez... [Sin embargo] ...No
creo que ni los niños ni los adultos obren en un nivel particular
de moral a través de todas las situaciones éticas” (Kagan, 1987:
143).
Elaborar una relatoría
con el propósito de recuperar las principales explicaciones del
debate para, después, ordenar la información en un cuadro que muestre
la relación entre los argumentos presentados.
11. En forma individual
redactar un texto breve sobre su primera experiencia al ingresar
a la escuela o bien recuperar un testimonio de algún maestro, alumno
o padre de familia que describa cómo fueron sus primeros contactos
con la escuela: ¿cómo vivieron su primer día de clase? Esta actividad
también puede realizarse durante la tercera jornada de observación.
Comentar en grupo sobre los textos elaborados.
12. Leer el fragmento
que se presenta en el siguiente recuadro y realizar la actividad
que se solicita a continuación.
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¿Cómo pueden sentirse los niños?
Separarse
de los padres o de la persona que les ha cuidado, suele hacer
infelices a los niños, que normalmente se sienten abandonados,
apartados, sin nadie que les quiera. A menudo se atemorizan,
se enfadan; a veces lloran, chillan, tiran cosas, pegan a
otros niños, intentan pegar al profesor, muerden, patalean,
se tiran al suelo y tienen rabietas.
En otras ocasiones la reacción es muy distinta:
una niña entra en el aula como si hubiera estado antes allí
un centenar de veces y estuviera habituada al lugar; juega
con el material, con los otros niños, se despide alegremente
de su madre cuando ésta se va y habla amigablemente con el
profesor. “¡Qué encanto de niña! –pensamos–. Se ha separado
de su madre con naturalidad y se ha integrado plenamente”.
Pero, de repente, un día su madre se va como de costumbre
y la niña estalla en un mar de lágrimas, nadie consigue consolarla
y no quiere tomar parte en ninguna actividad. Su comportamiento
es totalmente inesperado, y los profesores se quedan desconcertados
y frustrados.
Otros niños esconden sus sentimientos. Son
callados y no se hacen notar; parecen seguir el ritmo de la
clase porque no causan problemas, no son presuntuosos y parecen
bastarse a sí mismos. Sin embargo, una mirada más atenta puede
descubrirnos que, en realidad, no sienten un interés particular
por aprender ni por los demás niños. El profesor podría pensar
que está así porque tiene poca predisposición o porque su
carácter es un poco melancólico, pero su padre le dirá que
en casa no se comporta de ese modo. Esos niños están físicamente
en el colegio, pero psicológicamente continúan en sus casas.
Con frecuencia reaccionan ante la novedad
y la extrañeza que les causa un lugar que no les es familiar.
Algunos se agitan y corren de un lado a otro curioseando,
señalando, tocando y mirando. Otros, en cambio, parecen incómodos,
se retraen y exploran sólo con los ojos, mientras sus cuerpos
permanecen quietos. Pero no a todos los niños les afecta de
esta manera entrar en la escuela. Algunos caminan llenos de
seguridad y se comportan como si conocieran el lugar. Para
ellos el primer día de colegio puede ser el colofón de algo
que han estado esperando con ilusión todo el verano, o el
comienzo de una aventura que aguardaban con impaciencia, tal
vez incluso compartida con algún hermano mayor. Probablemente
algunos ya estén acostumbrados a ir a la guardería desde hace
tiempo, aunque esto puede también causar el efecto contrario
en los que no asimilaron bien sus sentimientos de separación
en la verdadera “primera vez”. Hay quienes parecen disfrutar
con la novedad de la situación, por la ilusión de estar con
otros niños de su misma edad y tener objetos nuevos con los
cuales jugar. No obstante, la mayoría responden marcadamente,
de un modo u otro, ante un entorno nuevo, aunque esta reacción
pueda no detectarse. Los niños realizan un gran trabajo mental
y emocional para asimilar una situación desconocida.
Al entrar en un aula nueva, necesitan hacerse
una idea tanto del entorno físico como del entorno humano
que les rodea. El profesor se convierte en objeto de inmenso
interés y curiosidad, y se preguntan: “el profesor, ¿habla
mi mismo idioma?, ¿es de mi mismo color?, ¿me resultan familiares
sus gestos?, ¿sus reacciones ante mis comportamientos son
las mismas que las de mis padres?”.
Todo esto contribuye a que los niños se sientan
extraños, o cómodos, porque los pequeños tienden a definir
el mundo de los adultos según los parámetros de comportamiento
de sus propios padres, y a menudo esperan que todo el mundo
se comporte como ellos lo hacen. Por ejemplo: si mamá se va
todas las mañanas a toda prisa para tomar el autobús y papá
prepara el desayuno cantando, lo más probable es que piense
que todos los padres hacen lo mismo por las mañanas. Si mamá
no le deja jugar con el agua en el lavabo, el niño creerá
que ninguna madre autoriza ese tipo de juegos, y se sorprenderá
mucho cuando otra mamá, o la maestra, se lo permitan. En resumen:
los niños llegan al colegio con una serie de expectativas
acerca de los adultos, que han ido construyendo a partir de
sus propias experiencias personales. Se necesitará tiempo
y experiencias nuevas para enseñarles que los adultos se comportan
de muchas maneras diferentes.
Como entran al colegio con estas ideas preconcebidas
sobre los adultos, pueden llegar a sentirse muy incómodos
cuando empiezan a notar que el profesor no es igual que papá,
mamá o la abuela. A lo mejor el profesor dice que jugar con
agua o hablar mientras comes, o ensuciarse las manos con pegamento,
está bien. Los niños necesitan tiempo para incluir este nuevo
tipo de adulto en sus esquemas mentales, para diferenciar
entre lo que pasa en casa y lo que pasa en el colegio; necesitan
tiempo para acostumbrarse al profesor, aprender lo que significan
los distintos tonos de su voz y lo que pueden esperar de él
en las distintas situaciones, para establecer las diferencias
entre el comportamiento de sus padres y el del profesor. Si
el maestro es una persona benigna y cariñosa, el pequeño será
capaz de transferir sus sentimientos básicos de confianza
de casa a la escuela (Erikson, 1963).
Sin embargo, hasta que el niño sienta esa
confianza, el profesor y toda la escuela continuarán siendo
cosas extrañas. El proceso gradual, en el que día a día la
familiaridad irá reemplazando al desconocimiento, empieza
con la relación entre niño y maestro. Por lo general, a medida
que los niños van percibiendo al profesor de una manera más
confiada, van extendiendo sus relaciones con el entorno físico
y con los otros niños de una manera más abierta. Sentirse
a gusto con el profesor, es la base que les permite sentirse
a gusto con el resto de la clase.
Las investigaciones han puesto de manifiesto
un proceso similar en los bebés (Bell, 1970). Al parecer,
éstos necesitan saber que las personas son dignas de confianza,
que están ahí y que ahí permanecerán. Poco a poco aprenden
que mamá no se ha ido cuando está fuera de su campo visual.
Después, los bebés pasan a ser capaces de aplicar este concepto
a los objetos físicos de su entorno. A través de relaciones
humanas íntimas y consistentes, se ponen en contacto con los
grandes mundos físico y humano.
Los niños pueden sentirse extraños en un
grupo diferente a su grupo familiar, donde disfrutan de un
estatus especial. En la escuela, en cambio, poca gente sabe
cómo se llaman, lo que les asusta, lo que les reconforta,
si les gusta el helado de vainilla o el de chocolate. Nadie
les quiere –o no les quiere– de manera especial. En este grupo
no tienen un puesto natural, como tienen en casa; aquí se
lo tienen que ganar a través del comportamiento. Esto, aunque
tal vez no lo sepan todavía, quizás lo sientan.
Pueden preocuparse porque creen que nadie
les cuidará, porque no sabrán volver a casa, porque no encontrarán
a sus padres o porque éstos no les encontrarán a ellos. Cuanto
más pequeño sea el niño, más profundos serán esos miedos.
Algunos investigadores han llegado a la conclusión de que
hasta que no alcanzan la edad de tres años, son incapaces
de mantener una imagen interior estable de sus padres cuando
éstos no están presentes (Mahler, Pine y Bergman, 1975). Explicarles
o decirles dónde están sirve de muy poco con los más pequeños,
hasta que adquieren confianza con el adulto nuevo.
El modo en que los niños se toman la separación
puede venir determinado por el estilo particular de cada familia.
Algunas son muy gesticulantes y actúan de manera muy efusiva
en las despedidas y otros acontecimientos emotivos. Otras,
por el contrario, son más reservadas, y al no manifestar sus
sentimientos tan abiertamente pueden comportarse durante los
acontecimientos más significativos con aparente compostura.
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Tomado de: Nancy Balaban, Niños
apegados, niños independientes. Orientaciones para la escuela y
la familia, Madrid, Narcea (Primeros años), 2000, pp. 11-15.
Establecer los puntos
en común con la actividad 11 de este bloque; para ello, se sugiere
incorporar la información en un cuadro comparativo como el que se
muestra, para destacar el papel desempeñado por los niños y los
adultos, como parte de las relaciones y prácticas socializadoras,
en los ámbitos familiar y escolar.
| Papel desempeñado por |
Relaciones y prácticas socializadoras. Ámbitos: |
| Familia |
Escuela |
| Niños |
|
|
| Adultos |
|
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13. Leer individualmente
el texto “Las funciones de la escuela”, de Delval, y registrar las
ideas fundamentales expuestas. Discutir en pequeños equipos acerca
de las cuatro funciones que, según el autor, desarrolla la escuela;
anotar sus conclusiones y presentarlas en plenaria.
14. Retomar los productos
de las actividades del bloque ii, tema 5 y del bloque III, tema 1 del curso Propósitos y Contenidos
de la Educación Básica I, del primer semestre de la licenciatura,
en donde los estudiantes sistematizaron información referente a:
el papel del docente en la realización de actividades motrices de
los niños; los retos que impone al profesor de educación física
una intervención educativa que favorezca el proceso de desarrollo
de los niños; la relación que existe entre el niño, su actuación
sobre los objetos y los aspectos del desarrollo; las características
del juego que permiten fortalecer la competencia motriz en los niños;
y reflexiones en torno al papel de la escuela en la formación ética
de los alumnos.
Con estos elementos como
referentes, analizar individualmente testimonios de casos que ilustren
aspectos de la vida de niños, obtenidos por los estudiantes en las
actividades de práctica o de la observación de niños en otros ámbitos
sociales, como los que se incluyen a continuación:
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El mundo a los 10 años
Argelia
“En
mi país no se daba inglés ni ordenador”. Imán Bousserquel.
De 10 años. Argelina. Vive desde hace un año en Barcelona.
Su madre limpia casas.
Soy
Imán, tengo 10 años. Hace un año y medio que vine de Argelia.
Vivo en la Placa Negra de aquí, de Barcelona. Enseguida aprendí
catalán y español. Practicaba con una niña marroquí amiga
mía. La primera semana no entendía nada de nada. Pero una
profesora me dio una libreta para escribir “a e i o u” en
casa. En dos semanas, mi hermano mediano y yo ya entendíamos
la televisión. Dice mi amiga marroquí que el catalán se parece
al francés.
Nos levantamos a las ocho. Bebemos la leche. Hacemos
las tres camas. Mi hermano y yo hacemos la de éste (señala
a su hermano menor), que es pequeño. Mi madre se va a trabajar.
Trabaja “de casas”. Limpiando las casitas de las personas
mayores. Vamos a un cole que se llama ceip
Pere Vila. Hago quinto de primaria, y éste (señala a su hermano
mediano), cuarto. Me gustaría quedarme aquí, en la Barcelona.
¿Aquí qué hay? Hay motos ¡tan bonitas...! Aquí mi padre tiene
una moto para ir a trabajar. Y los coches que hay aquí...
A mí me gusta el descapotable. En el Pere Vila hacemos música.
En Argelia no hacen música por la mañana. Ni inglés. Ni educación
física. Ni tienen ordenadores. Yo quiero ser informática,
y éste (señala a su hermano mediano), pintor. Y en mi país
los niños llevan... ¿cómo se dice? Una mochila y una bata
para ir a la escuela. Volvemos a casa a las tres. Comemos
cuscús. Lo compramos en una tienda de árabes que tiene “carne
de árabes”. La comida de la España me gusta mucho. Menos el
jamón. ¡Puaggg! ¡Qué asco! Mi padre nos cuenta por qué vinimos
a la España. Es porque tenía que hacer los papeles. En Barcelona
hay trabajo. Hay marroquíes, pero argelinos no. Están todos
en la Francia.
Después volvemos al cole. Cuando salimos, por la tarde,
con mis amigas jugamos a barbies. Hay una barbie
morena de piel, pero a mí no me gusta tanto porque tiene
el pelo más corto. Mi madre me cortó el pelo en Algeciras,
por el calor. Lo tenía por aquí. Como soy morena, un hombre
me dio una tarjeta por si quería ser (se ríe)... por si quería
ser... ¡modelo! (se ríe). Porque aquí son todas de piel más
blanca. Mi padre no quiere que trabaje porque soy pequeña.
Hay niños que son pequeños y trabajan. El de la tienda árabe-trabaja en la tienda árabe.
Después cenamos y vemos los dibujos. En tv-3
vemos Shin Chan, que es un niño japonés muy divertido
que enseña el... ¡culo! (se ríe). Jugamos. Jugamos a ver quién
se ríe antes de los tres hermanos. El que se ríe está eliminado.
El que gana es el rey y puede mandar lo que quiera. Si gano
yo, les mando que me hagan un masaje. Lo tienen que hacer.
Tengo una casete de canciones y bailo. Bailo una danza de
mi país. Dice mi padre que es parecida al flamenco. En Argelia,
cuando alguien se casa bailan todas las niñas. Salimos a la
calle con los coches haciendo “pi pi pi”. Después me voy a
leer a nuestra habitación, pero mi hermano viene a molestarme.
Viene y dice: “Soy Bruce Lee, soy Jackie Chan”. En mi país,
las casas tienen muchas habitaciones. Son muy grandes. Tienen
jardines con plantas y flores. En nuestra casa de Orán había
un melocotonero y yo cogía melocotones de los árboles. Cuidaba
las plantas. No. Las casas de Barcelona no son feas. Pero
las baratas son pequeñitas. Algún día buscaremos otra. El
fin de semana que viene iremos a ver a mi tío de Tarragona.
Su casa es mejor. Hace más tiempo que vive aquí. Presume de
que habla muy bien el catalán. Hasta que no lo vea no lo creo.
Los mayores no saben hablar idiomas tan bien como los niños.
Cada tarde venimos a la biblioteca de la Santa Creu
con mi padre. Mi madre todavía está trabajando. Mi padre ya
ha terminado. Aquí hay libros y juegos. Y ordenadores. La
bibliotecaria nos ha enseñado la estantería de los libros
de “cultura árabe”. Me ha dicho que los coja aunque hoy me
haya dejado la tarjeta en casa. También tienen libros en paquistaní
y periódicos de Marruecos. Aquí vienen muchos niños marroquíes
con sus padres. Niñas, pocas. Sólo las pequeñas. A muchas
de mis amigas (las de mi clase) ya no las dejan. A sus hermanos
sí. Oye, habla bajito. Estamos en una biblioteca.
Empar
Moliner.
| Argelia.
Tasa de mortalidad infantil hasta los cinco años: 41 por
cada 1 000 nacidos. Esperanza de vida al nacer: 69 años.
Escolarización en primaria: 94% (niños) y 91% (niñas).
Tasa de fecundidad: 3.6 hijos por mujer. |
Colombia
“La
guerrilla y los paramilitares son iguales”, Andrés Felipe
Pulido. De 9 años. Vive en Bogotá. Su padre es estadístico
y trabaja en la universidad.
Me
llamo Andrés Felipe Pulido y vivo en Bogotá, en el barrio
Estrada. El 30 de abril cumplí nueve años y estoy en cuarto
grado. Estudio en la escuela República de Chile, la misma
donde estuvo mi papá. Él se llama Alfredo y trabaja en estadística
en la Universidad Manuela Beltrán. Mi mamá se llama Gladys.
Es tierna, bonita, pero un poquito viejita porque ya le salieron
canas, como a mi papá. Ella trabaja en la casa haciendo artesanías.
Me despierta todos los días a las seis de la mañana, me da
chocolate, huevo y pan de desayuno y me acompaña a la escuela.
Tengo que estar a las siete menos cuarto. En la clase somos
44, más niños que niñas. La profesora se llama Luz Estela
y está con nosotros desde segundo. Me gusta el recreo y todas
las materias. Más ahora que las profesoras les cambiaron los
nombres: las matemáticas se llaman “club de cuentas y pensamientos”.
Las ciencias naturales, “haciendo las paces con mi mundo”.
Español, “el arte de la palabra”, y así todas las demás. A
las doce y media, cuando salgo, mi mamá me está esperando.
Vamos a la casa a pie; es cerquita. Almuerzo, descanso y hago
las tareas. Después me pongo a jugar con Miguel Ángel
y Peluso, mi tortuga y mi perro. También tengo ángel
de la guarda: se llama Krisdael.
Mi mejor amiga, Naskia –tiene unos ojos así, como alargados–,
dice que yo soy un niño inteligente, estudioso y chistoso.
Creo que es verdad: me gusta estudiar para llegar a ser ingeniero
de sistemas cuando sea grande. Y me río de todo; bueno, de
casi todo. Naskia me apoya y me ayuda cuando estoy triste,
como la vez que Andrés me traicionó y me rompió las onces
de una patada. Ella me dice: “Tranquilo, no se ponga bravo”,
pero no me consiente. Mi mamá y mi hermana –sólo tengo una
hermana grande de 14 años–, sí me consienten: me hacen cosquillas
en la oreja. ¡Me encanta! A veces, Naskia y yo hablamos del
país. Pienso como ella: la guerrilla y los paramilitares son
más o menos iguales; matan y secuestran. La guerra es destrucción.
Me da miedo, como me da miedo a veces la oscuridad. Pienso
que hay un búho y me va a molestar. ¿Los políticos? Hablan
carreta, mentiras. Si yo fuera presidente, acabaría con los
paramilitares y la guerrilla y le daría trabajo a todos los
que no tienen; Naskia dice que acabaría con el pico y placa
para los taxis. Claro, como el papá tiene un taxi, los días
que no puede trabajar no tiene plata.
Me preocupa mi amiga. Los papás se están separando y
ella no ha decidido con quién quedarse. ¡Pobre! Si se va con
la mamá, se pone triste el papá, y al revés. Yo tengo una
familia bonita. La casa donde vivo tiene tres pisos y es de
mi abuela. Ella vive con el abuelo y la tía arriba; ¡la veo
todos los días! Nosotros, en el segundo piso en un apartamento;
al otro lado vive mi tío y mis primos, y en el primer piso,
dos familias en arriendo”.
Me gustaría tener un cuarto para mí solo, pero no hay
espacio; duermo en el mismo cuarto con mi hermana. Se llama
Anie. Antes peleábamos más. Ella dice que por la diferencia
de edad, porque yo era muy cansón. La última pelea fue porque
le arranqué, sin permiso, unas hojas del cuaderno especial
donde pega fotos y copia canciones. Le escribí una carta pidiéndole
perdón.
No veo mucha televisión. Sólo me gusta Jack el despertador,
un programa de fin de semana. Y los noticieros, para saber
qué pasa en otras partes, como eso que pasó en Nueva York.
Lo que más me gusta es hacer animaciones en el computador
que tiene mi papá en la sala. También jugar Atari y Play Station.
Y montar en bicicleta. El futbol no me gusta mucho.
¿Colores? El gris y el rojo. La gente dice que el gris
es triste, pero a mí me parece bonito. Quiero conocer el mar.
Sé que tiene olas, arena, conchas, caracoles... En vacaciones
vamos a Tunja, donde vive mi otra abuela; y a tierra caliente
con la familia. ¿España? Uhh... no sé dónde queda... no me
han enseñado. Sólo sé que cuando tenía como tres años una
tía me trajo de Madrid, España, un morral en forma de oso.
Todavía lo tengo encima de la cama.
Pilar Lozano.
| Colombia.
Tasa de mortalidad infantil hasta los cinco años: 82 por
cada 1 000 nacidos. Esperanza de vida al nacer: 71 años.
Tasa de escolarización en primaria: 90% (niños y niñas).
Tasa de fecundidad: 2.7 hijos por mujer. |
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Tomados de: “El mundo a los 10 años”, en ep[s].
El País Semanal, núm. 1362, 3 de noviembre, Madrid, Diario El
País, 2002, pp. 58-70.
En equipos, revisar cada
caso utilizado a partir de analizar y reflexionar sobre el papel
del maestro de educación física en la formación de la identidad
de los niños como alumnos y de la confianza en sus capacidades y
competencias motrices. Registrar individualmente los comentarios
y elaborar un escrito que exprese la relación entre los aspectos
analizados.
Actividad de cierre del curso. Se recomienda retomar
los textos elaborados en la actividad 12 del bloque I para enriquecerlos
a partir de las actividades de análisis y reflexión realizadas en
los demás bloques del programa.
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