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Programa
de Estudios, 2° Semestre, Licenciatura en Educación Física/Lectura
de apoyo/
Las actividades
físicas cooperativas.
Una propuesta para la formación en valores
a través de la educación física en las escuelas
de educación básica
Carlos Velázquez Callado
Capítulo
3. De las actividades cooperativas a la metodología cooperativa:
el aprendizaje cooperativo como metodología en educación física
El aprendizaje cooperativo como metodología
Si en el capítulo anterior profundizamos en el conocimiento y la comprensión
de las actividades cooperativas, destacando la necesidad de integrarlas
en procesos globales de educación en valores, ahora queremos dar
un paso más, transformando la práctica, no ya desde la actividad
sino desde la forma de organizar las clases, desde los procesos
metodológicos integrados en el propio hecho educativo. En este sentido,
apostamos por el aprendizaje cooperativo como el enfoque metodológico
más acorde con nuestros planteamientos orientados a promover una
educación en valores desde las clases de educación física.
Podemos definir el aprendizaje cooperativo como la metodología educativa que
se basa en el trabajo en pequeños grupos, generalmente heterogéneos,
en que los alumnos trabajan juntos para mejorar su propio aprendizaje
y el de los demás.
Son varios los estudios, entre los que destacan los distintos metaanálisis realizados
por Johnson y Johnson (1981), Slavin (1990) y Springer, Stanne y
Donovan (1999), que han demostrado la superioridad de la interacción
cooperativa sobre la individualista y la competitiva para favorecer
el rendimiento académico del alumnado y su aprendizaje, entendiendo
por aprendizaje aquel cuyos resultados perduran en el tiempo y permite
una transferencia de los conocimientos adquiridos de unos escenarios
a otros. Ahora bien, hemos de insistir en que para que exista una
situación real de aprendizaje cooperativo no basta con formar una
serie de grupos, colocar juntos a los alumnos que conforman cada
uno de esos grupos y decirles que se ayuden para alcanzar un determinado
objetivo. Es más, diferentes autores han estudiado algunos efectos
y conductas contraproducentes que pueden generarse con esta situación.
A veces, los miembros menos capaces dejan que el resto de sus compañeros completen
las tareas del grupo, lo que Kerr y Bruun bautizaron como “efecto
polizón” (Kerr y Bruun, 1981). Esta situación, a su vez, puede
generar que las personas sobre las que recae todo el trabajo, conscientes
de lo que sucede, se esfuercen menos en la realización de las tareas
asignadas. El trabajo en grupo también puede dar lugar a la situación
inversa, que los alumnos más capaces asuman los roles de liderazgo,
organizando y desarrollando todo el trabajo principal, beneficiándose
de ello, mientras que el resto asume únicamente las tareas secundarias,
sin participar en la toma de decisiones o sin que se tengan en cuenta
sus opiniones, con lo que su beneficio en el desarrollo del trabajo,
a nivel de aprendizaje, es mínimo.
Asimismo, esfuerzos grupales se pueden caracterizar por la dispersión de la responsabilidad
y la haraganería social (Latane, Williams y Harkin, 1979), mediante
la cual se elude la responsabilidad individual en el desarrollo
de la tarea otorgándosela al grupo; la renuncia (Salomon, 1981)
o abandono del trabajo ante el más mínimo problema con la tarea
o con los compañeros; el conflicto destructivo (Collins, 1970),
por el que se critica a personas y no a ideas, de forma que el trabajo
en grupo se convierte en una especie de batalla entre sus miembros
por imponer sus propios criterios; y otras formas de conducta que
debilitan el rendimiento colectivo.
Johnson y Johnson (1999) estudiaron las diferentes conductas negativas que se
generaban durante la práctica de actividades grupales, relacionándolas
con la presencia o ausencia de una serie de condiciones y llegaron
a la conclusión de que para evitar situaciones negativas en el trabajo
grupal es necesaria la presencia de una serie de condiciones mediadoras,
que constituyen los componentes esenciales del aprendizaje cooperativo
(Johnson, Johnson y Holubec 1999a y 1999b). Estos componentes son:
-
La interdependencia
positiva, por la que se promueve una situación en que los
alumnos entienden que su trabajo beneficia a sus compañeros
y viceversa, lo que hace que todos unan esfuerzos, se ofrezcan
ayuda, compartan recursos y celebren el éxito juntos. Se trata
de pensar en términos de “nosotros”, en lugar de “yo”, de forma
que cada miembro del grupo llega a entender que el trabajo en
equipo es superior a la suma de las individualidades. En los
procesos iniciales, el docente puede provocar la interdependencia
positiva generando una interdependencia de objetivos, de recursos,
de roles, etcétera.
-
La interacción
promotora, por la que cada miembro del grupo anima a sus
compañeros y favorece sus esfuerzos para completar con éxito
la tarea asignada. En lugar de criticar al compañero lo que
ha hecho mal, se le anima y se le ofrece ayuda para superar
sus dificultades.
-
La responsabilidad
personal e individual, a través de la cual cada alumno comprende
que su labor es importante para el grupo, de tal forma que nadie
se escuda en el trabajo de los demás. Inicialmente el docente
puede favorecer la responsabilidad personal realizando pruebas
individuales sobre la tarea asignada a una persona elegida al
azar de entre los miembros de cada grupo y facilitando la información
de los resultados tanto a la persona concreta como a su grupo
de referencia. También puede ser interesante comenzar a trabajar
en grupos pequeños (cuanto menor es el grupo, mayor es la responsabilidad
individual) y efectuar un registro sistemático de la frecuencia
de participación de cada integrante dentro de su grupo.
-
Las habilidades
interpersonales y de grupo, necesarias para hacer rentable
el trabajo de grupo. En este sentido, antes de comenzar trabajos
grupales complejos sería necesario que cada alumno conociera,
aceptara, confiara y apoyara a sus compañeros, fuera capaz de
comunicarse con precisión y que los grupos formados supieran
regular sus conflictos de manera constructiva. Es importante
reseñar que, partiendo de unos mínimos iniciales, a medida que
los alumnos profundizan en procesos de aprendizaje cooperativo,
aumentan sus habilidades interpersonales y sociales, lo que,
a su vez, favorece el rendimiento en el aprendizaje.
-
El procesamiento
grupal o autoevaluación, por la que cada grupo es capaz
de reflexionar sobre su trabajo para determinar qué acciones
del grupo resultaron útiles y cuáles no y, en consecuencia,
tomar decisiones respecto a qué conductas deben mantenerse y
cuáles modificarse. Existe evidencia empírica que demuestra
la influencia de la autoevaluación sobre el logro en grupos
de aprendizaje cooperativo (Yager, Johnson y Johnson, 1985;
Johnson, Johnson, Stanne y Garibaldi, 1990), por lo que es importante
proporcionar a los grupos tiempo suficiente para que realicen
su autoevaluación al final de cada actividad cooperativa o,
al menos, de cada clase.
Una vez comprendido lo que es el aprendizaje cooperativo, sus características
y sus componentes esenciales, podemos entender que los docentes
que optan por esta metodología pretenden básicamente que sus alumnos
y alumnas:
-
Logren un
conjunto de objetivos de aprendizaje específicos de un área
determinada.
-
Tengan a
sus compañeros como referentes de su aprendizaje y, a su vez,
sirvan de referentes del aprendizaje de sus compañeros.
-
Se ayuden
mutuamente para buscar múltiples soluciones a los problemas
que se les plantean desde diferentes enfoques y planteamientos.
-
Sean capaces
de trabajar en grupo, distribuyendo tareas, roles y responsabilidades.
-
Desarrollen
habilidades sociales y regulen sus conflictos de forma constructiva.
-
Desarrollen
aspectos afectivos hacia sus compañeros, actitudes democráticas
y motivación hacia el aprendizaje.
El aprendizaje cooperativo en educación física: investigaciones y experiencias
El aprendizaje cooperativo es una metodología aplicable a cualquier campo de
conocimiento y, si bien la mayor parte de las investigaciones y
estudios realizados se han centrado en materias de tipo fundamentalmente
conceptual, en la última década han sido varios los trabajos orientados
a implementar el aprendizaje cooperativo en educación física, asignatura
de notable tradición competitiva en sus prácticas.
En este sentido, debemos comenzar destacando que el aprendizaje cooperativo en
educación física es todavía una metodología innovadora, hasta el
punto de que la mayoría de los estudios existentes se realizaron
en la década de los años 90 y en los primeros del siglo XXI. Aun así, la evidencia empírica demuestra, también en el ámbito motriz, las
ventajas del aprendizaje cooperativo sobre las metodologías tradicionales
basadas en el trabajo individual y competitivo.
El norteamericano Steve Grineski (1993) realizó un estudio para comprobar los
efectos que las estructuras de meta individuales, competitivas y
cooperativas tenían en alumnos de segundo y tercer grados. Este
estudio concluyó que los alumnos que participaron en grupos cooperativos
demostraron mejoras significativas en su condición física y exhibieron
niveles más altos de interacciones sociales positivas que los alumnos
de grupos con estructuras de meta individuales o competitivas.
En esta línea, Steve Dunn y Rolayne Wilson (1991) insisten en la necesidad de
incrementar en las clases de educación física el número de estrategias
de aprendizaje cooperativo ya que favorecen un mayor rendimiento,
mejoran las relaciones sociales, permiten un mayor control de la
clase y desarrollan en los alumnos las habilidades comunicativas.
De acuerdo con estas premisas, Donald Glover y Daniel Midura (1992) han desarrollado
y evaluado un programa de educación física basado en desafíos físicos
cooperativos. Entre sus conclusiones destacan que el trabajo mediante
propuestas cooperativas planteadas en forma de reto favorece la
capacidad de los alumnos para trabajar en equipo, desarrolla sus
habilidades sociales y les permite a todos tener experiencias de
éxito mediante la práctica motriz, lo que a su vez repercute en
un aumento de su autoestima (Midura y Glover, 1995). Las canadienses
Sandra Gibbons y Kathie Black (1997) examinaron durante siete meses
la efectividad de este programa en estudiantes de enseñanza media,
en concreto en alumnos de séptimo y octavo grados (13-14 años de
edad) y encontraron que permitía mejorar la autoestima de los alumnos,
la aceptación social, la competencia atlética y su comportamiento
en las clases. La norteamericana Dara Puckett (2001) investigó,
durante tres meses, los efectos del programa de desafíos físicos
cooperativos sobre las habilidades comunicativas del alumnado de
cuarto grado (ocho años de edad). Entre sus conclusiones destaca
que el programa de actividades físicas cooperativas desarrollado
mejoró las habilidades de escucha activa de los alumnos, el respeto
por sus compañeros, el conocimiento del grupo y las habilidades
para alcanzar acuerdos grupales. Todo ello repercutió positivamente
sobre la autoestima de los alumnos, sobre su motivación hacia las
actividades motrices y sobre el clima de aula.
En España, Carlos Velázquez y Ma. Inmaculada Fernández (2002) elaboraron, aplicaron
y evaluaron un programa de educación física para la paz basado en
actividades no competitivas y dirigido a alumnos del tercer ciclo
de educación primaria (10-12 años de edad) y primer ciclo de secundaria
(12-14 años de edad). Entre sus conclusiones destacaron que no se
observaron diferencias en cuanto al nivel de rendimiento motor con
los programas de educación física tradicionales. Por el contrario,
detectaron una mejora significativa a nivel actitudinal en los alumnos
que trabajaron con el programa no competitivo, incrementándose el
número de conductas cooperativas, de ayuda al otro, de trabajo en
equipo, la valoración de las manifestaciones culturales motrices
de otros pueblos, la disminución progresiva de los conflictos en
las clases y, lo que es más importante, la regulación autónoma de
éstos por parte del alumnado.
También en España, Javier Fernández Río (2003) desarrolló un programa de educación
física con estudiantes de educación secundaria y bachillerato, basado
en el aprendizaje cooperativo; destaca en sus conclusiones las ventajas
de las metodologías cooperativas respecto a las tradicionales para
favorecer el autoconcepto general, la valoración de la habilidad
física, la valoración de la apariencia física, la relación con los
compañeros, de igual o distinto sexo, y con los padres. Fernández
Río concluye que el aprendizaje cooperativo favorece una mayor valoración
de la asignatura de educación física por parte de los alumnos, aumentando
también su responsabilidad personal y su participación en las actividades
propuestas en las clases. En este sentido, la metodología cooperativa
ayuda a que los alumnos relacionen directamente su valoración de
la clase de educación física con la responsabilidad que adquieren
a través de ésta; por el contrario, alega Fernández Río, la metodología
tradicional hace que los alumnos relacionen directamente la valoración
de la clase de educación física con el ser hábil en deportes o tener
una buena condición física.
Por su parte, Roberto Velázquez Buendía propone el aprendizaje cooperativo y
la coevaluación como recursos metodológicos en la enseñanza deportiva
para:
-
Favorecer
aprendizajes significativos.
-
Aumentar
las posibilidades de interacción e integración social.
-
Desarrollar
la autonomía personal, la responsabilidad y la capacidad de
trabajo en equipo.
Para ello diseñó hojas de registro en las cuales señala diferentes indicadores
que deben ser observados por los alumnos. Una vez que éstos entienden
lo que significa cada uno de estos indicadores, se agrupan por parejas
ejerciendo uno de observador y el otro de practicante, roles que
alternan. De esta forma, es el compañero quien ejerce la labor de
evaluador y de corrector del ejecutante, favoreciendo una observación
más rigurosa y detallada que si sólo la hiciera el docente, lo que
permite a los alumnos una mejor comprensión de los aprendizajes
y una comunicación interpersonal que enriquece tanto al observador
como al practicante. El papel del profesor es el de organizar la
clase, supervisar el trabajo, aclarar las posibles dudas, provocar
nuevas interrogantes, etcétera.
Con todo este proceso, Velázquez Buendía (1996) pretende evitar que la enseñanza
de los deportes se limite al desarrollo de los procesos tácticos
y de la técnica y, en cambio, favorecer el desarrollo de capacidades
vinculadas al equilibrio personal, a la interacción interpersonal
y a la integración social.
En esta misma línea se mueve Melchor Gutiérrez (2000). Para él, la promoción
de estilos de vida activos, que incorporen la práctica de actividad
motriz de forma cotidiana, está relacionada con dos principios fundamentales.
-
El principio
de percepción de competencia. El alumno debe valorar lo
que hace y, al mismo tiempo, sentirse valorado por los demás.
-
El principio
de diversión. La persona debe disfrutar con la práctica
de la actividad motriz.
Ambos principios se promueven, como la evidencia empírica parece demostrar, mediante
la introducción de actividades y metodologías cooperativas en los
programas de educación física, por lo que es fácil deducir que los
programas basados en metodologías tradicionales, individuales o
competitivas, conllevarán un mayor índice de abandonos de la práctica
motriz, que los basados en metodologías cooperativas.
Los finlandeses Singa Polvi y Risto Telama (2000) realizaron un estudio orientado
a comprobar la eficacia del aprendizaje cooperativo, basado en la
enseñanza recíproca, para favorecer la aparición de conductas prosociales.
El estudio se desarrolló durante nueve meses, dos horas por semana,
con cuatro grupos de niñas de 11 años de edad. Hemos de explicar
que en Finlandia las clases de educación física dejan de ser mixtas
a partir del tercer grado de educación primaria. En el grupo 1,
integrado por 20 niñas, las alumnas fueron agrupadas por parejas
y cambiaban de compañera cada tres semanas. En el grupo 2, compuesto
por 24 niñas, fueron las propias alumnas las que eligieron pareja
y éstas permanecieron durante toda la experiencia. En el grupo 3,
formado por 27 niñas, éstas trabajaron individualmente. Los contenidos
desarrollados en estos tres grupos fueron idénticos, únicamente
varió la metodología aplicada. Por último, el grupo 4, de control,
estuvo compuesto por 24 niñas que siguieron con el programa habitual
de educación física (podemos sintetizar el trabajo realizado y los
métodos desarrollados en cada grupo en el cuadro que se encuentra
en la siguiente página).
| Grupo 1 |
Grupo 2 |
Grupo 3 |
Grupo 4 |
| Enseñanza recíproca y coevaluación por parejas. Cada
tres semanas se cambia de pareja. |
Enseñanza recíproca y coevaluación por parejas. Las
alumnas eligen a su compañera. Las parejas no cambian. |
Enseñanza individual. El profesor asigna las tareas
que deben desarrollarse. |
Los
métodos son elegidos por el docente en función de los contenidos
que se trabajan. |
| El profesor da instrucciones para la acción y la evaluación. |
El profesor da instrucciones para la acción y la evaluación. |
El profesor da instrucciones para la acción. |
El profesor da instrucciones para la acción. |
|
El
compañero no actuante:
• Aconseja.
• Guía.
• Evalúa.
• Controla.
• Anima.
• Ayuda.
•
Pide ayuda al profesor cuanto estima necesario.
|
El
compañero no actuante:
• Aconseja.
• Guía.
• Evalúa.
• Controla.
• Anima.
• Ayuda.
•
Pide ayuda al profesor cuanto estima necesario.
|
El profesor:
• Aconseja.
• Guía.
• Evalúa.
• Controla.
• Anima.
• Ayuda.
|
El profesor, la mayor parte del tiempo:
• Aconseja.
• Guía.
• Evalúa.
• Controla.
• Anima.
|
| El compañero proporciona feedback sobre la acción. |
El compañero proporciona feedback sobre la acción. |
El profesor proporciona feedback sobre la acción. |
El profesor proporciona feedback sobre la acción. |
| El profesor proporciona feedback sobre las habilidades
sociales. |
El profesor proporciona feedback sobre las habilidades
sociales. |
|
|
Las conclusiones de este trabajo fueron que el aprendizaje cooperativo, a través
de la enseñanza recíproca por parejas, favoreció la aparición significativa
de comportamientos prosociales en las alumnas del grupo experimental
1, las cuales mostraron motivación a ayudar a sus compañeras, a
apoyarlas y a darles ánimo cuando lo necesitaban, a darles instrucciones
concretas orientadas a mejorar su rendimiento motor en la ejecución
de las tareas propuestas y a corregir los errores que detectaban.
Sin embargo, inesperadamente la enseñanza recíproca no mostró la
misma eficacia con las alumnas del grupo 2, cuyas parejas permanecieron
estables durante todo el experimento, lo que, a juicio de Polvi
y Telama sugiere que el desarrollo de conductas prosociales implica
metodologías cooperativas sólo si los alumnos tienen oportunidad
de practicarlas con compañeros distintos. En las alumnas de los
grupos 3 y 4 no hubo cambios significativos referidos a las conductas
prosociales.
Un segundo hecho reseñable en el experimento de los finlandeses es que a pesar
de que el grupo de control, que seguía el programa habitual de educación
física, tuvo nueve horas más de juegos colectivos de pelota que
los otros tres grupos, contenido éste que siempre se ha relacionado
con la prosociabilidad, las conductas de ayuda a las compañeras
fueron inferiores al grupo 1, lo que parece indicar que la orientación
metodológica durante el proceso de enseñanza es más importante que
el contenido de las sesiones. En otras palabras, el mero hecho de
introducir actividades cooperativas en las clases, el qué, no aumentará
la cooperación si no va unido a un cambio en la metodología y en
los objetivos: el cómo y el para qué.
En definitiva, los diferentes estudios e investigaciones que hemos presentado,
desarrollados en diversos países y contextos, parecen poner de manifiesto
la superioridad de las metodologías cooperativas sobre las basadas
en la competición o en el trabajo individual para favorecer una
educación física de calidad, que permita que todos y cada uno de
nuestros alumnos, independientemente de sus características personales,
desarrollen al máximo sus habilidades y destrezas motrices, su condición
física, sus habilidades expresivas, etcétera, y todo ello en un
marco inclusivo centrado en las relaciones interpersonales y en
la comunicación de grupo que, a buen seguro, crea un clima positivo
de clase, facilita los procesos de socialización y permite una transferencia
de las situaciones de aula a otros contextos de la vida.
Implementando el aprendizaje cooperativo en educación física
A lo largo de esta exposición comprobamos cómo diferentes estudios e investigaciones
demuestran la superioridad del aprendizaje cooperativo sobre el
competitivo y el individualista en diferentes áreas de conocimiento,
incluida la educación física. La cuestión ahora es cómo implementar
estructuras de aprendizaje cooperativo en nuestro campo disciplinario.
Podemos definir la estructura de aprendizaje como el conjunto de acciones y decisiones
que los docentes toman respecto a distintas dimensiones del hecho
educativo, como son el tipo de actividades que realizarán los alumnos,
el grado de autonomía que tienen para hacerlo, el reconocimiento
del trabajo realizado o la forma de alcanzar los objetivos (Echeita,
1995).
Varios autores han propuesto la introducción de diferentes estructuras de aprendizaje
cooperativo en las clases de educación física. En algunos casos
son técnicas aplicables específicamente a nuestra asignatura, en
otros son adaptaciones de técnicas experimentadas en asignaturas
más conceptuales. Algunas de estas estructuras son las que se desarrollan
enseguida.
(Aronson,
1978)
Proceso
1.
Los alumnos se distribuyen en grupos pequeños, de entre tres y seis
personas, preferentemente heterogéneos en sexo, etnia y nivel de
habilidad.
2.
La tarea a aprender se divide en tantas partes como miembros componen
cada grupo.
3.
El profesor entrega información de una parte distinta de la tarea
a cada miembro del grupo. Esta persona es responsable de entenderla
y aprenderla, y luego será responsable de explicársela al resto
de compañeros de su grupo.
4.
Comisión de expertos. Todas las personas de los distintos grupos
se reúnen para analizar lo que cada uno entendió de la información
proporcionada por el profesor, consultarse las dudas mutuamente,
etcétera. En definitiva, mejorar su conocimiento de la tarea encomendada
con la ayuda de los demás.
5.
Los diferentes expertos vuelven a sus grupos de origen y se ocupan
de que cada compañero aprenda la información que ellos dominan.
6.
Para comprobar si el trabajo de los diferentes grupos ha sido el
correcto, el profesor puede llamar a cualquier persona y pedirle
que explique cualquiera de las partes que ya tendría que dominar.
Un ejemplo
Tarea: dominar la
información básica para realizar una salida al entorno natural
Para
la preparación de una salida al entorno natural, el profesor divide
la información básica en cuatro partes: marcha, montaje de la tienda,
primeros auxilios y orografía, flora y fauna de los lugares que
se visitarán.
A continuación divide a los alumnos en grupos heterogéneos
de cuatro, a cada uno le da varias fotocopias de uno de los temas
establecidos. Cada alumno, individualmente, es responsable de analizar,
entender y aprender la información proporcionada.
Todas las personas, de los distintos grupos, encargadas
de un mismo tema, se reúnen en una comisión de expertos para resolverse
mutuamente las posibles dudas y completar la información de su tema.
Así, en una clase de 24 alumnos se formarían cuatro grupos de seis
personas cada uno, uno por cada tema elegido.
Después, los diferentes expertos vuelven a sus respectivos
grupos y se encargan de que sus compañeros entiendan y aprendan
la parte que les correspondió aprender a ellos. Al mismo tiempo,
cada alumno es responsable de aprender las distintas partes del
tema que le explican sus compañeros de grupo.
Finalmente el profesor llama a un alumno al azar,
Pedro, por ejemplo, para que le muestre cómo montar la tienda de
campaña. A Pedro le correspondió el tema de primeros auxilios, pero
consigue montar la tienda sin problemas ya que su grupo trabajó
correctamente y María, que era la persona en el grupo a quien inicialmente
se le asignó el montaje de la tienda, fue capaz de conseguir que
todos sus compañeros de equipo aprendieran cómo hacerlo.
(Mosston,
1978)
Proceso
1.
Todos los participantes se agrupan en parejas.
2.
El profesor expone la tarea a realizar y da información acerca de
los elementos que es importante observar en su realización.
3.
Un miembro de la pareja ejecuta la tarea mientras el otro observa
y corrige los posibles errores.
4.
Cuando el ejecutante domina la tarea, intercambia su rol con su
compañero. De esta forma, se convierte en observador mientras su
compañero es el ejecutante.
5.
Cuando ambos dominan la tarea, el profesor puede realizar una comprobación
antes de asignar a la pareja un nuevo trabajo.
Un ejemplo
Tarea: botar correctamente
un balón de basquetbol con la mano dominante
La
clase se divide en parejas. El profesor explica cómo botar correctamente
un balón de basquetbol insistiendo en:
-
Hacerlo
con las yemas de los dedos, no con la palma de la mano.
-
No
mirarlo mientras se bota.
-
Comenzar
botándolo en el sitio y, una vez dominado, andar mientras se
bota el balón.
En cada pareja se reparten los roles, uno será el
observador y el otro ejecutará la tarea. El profesor insiste a los
observadores en que se fijen especialmente en los aspectos anteriores.
Cada ejecutante comienza a botar su balón mientras
su compañero le observa, le corrige y le anima. El profesor se pasea
entre los grupos y da feedback si lo considera necesario.
Cuando un ejecutante domina la tarea, cede el balón
a su compañero y pasa a ser el observador. Ahora es él quien observa,
corrige y anima a su compañero mientras bota el balón.
Cuando ambos creen dominar la tarea, acuden al profesor
para que lo corrobore y, en caso de que así sea, les asigne un nuevo
trabajo, por ejemplo: botar la pelota correctamente, pero esta vez
con la mano no dominante.
Otras variantes
Hay
algunas variantes cooperativas más complejas que parten de la estructura
de enseñanza recíproca de Muska Mosston. Las más destacadas son:
-
Pairs-check-perform
(parejas-comprueba-actúa), desarrollada por Steve Grineski
(1996) a partir de la estructura de Kagan (1992) “Pairs check”
(comprobación en parejas). En este caso, la clase se divide
en grupos de cuatro, divididos en dos parejas. Dentro de cada
pareja se desarrolla la estructura de enseñanza recíproca e
inicialmente es la segunda pareja, y no el profesor, la que
se encarga de determinar si los dos miembros de la primera pareja
dominan la tarea encomendada o no. Sólo una vez que ambas parejas
dominan la tarea hay comprobación por parte del docente.
-
Learning
teams (equipos de aprendizaje), desarrollada por Steve
Grineski (1996) a partir de la estructura de Slavin (1980) “Students
Team-Achievement Divisions” (equipo de estudiantes-repartos
del logro) y de la de los hermanos Johnson “Learning together”
(Aprendiendo juntos) (Johnson y Johnson, 1975; Johnson et
al., 1984). En este caso, el profesor explica la tarea que
los alumnos realizarán, hace una demostración y comprueba que
la clase la entendió para, a continuación, dividir la clase
en grupos de cuatro personas, cada una asume un rol diferente:
ejecutante, observador-anotador, proporcionador de feedback
y organizador de grupo. Los miembros del grupo van pasando por
todos y cada uno de los diferentes roles.
-
PACER
o Performer And Coach Earn Rewards (ejecutante y entrenador
ganan recompensas), desarrollada por el norteamericano Tim Barrett
(2003). Añade al Pairs-Check-Perform una interdependencia
de recompensa, otorgando puntuación a los grupos con base en
una evaluación externa del profesor y permitiéndoles la realización
de una actividad motriz placentera para ellos si alcanzan un
número de puntos previamente determinado.
(Orlick,
1990)
Proceso
1.
Todos los participantes actúan individualmente o en pequeños grupos
realizando una tarea encomendada por el profesor.
2.
Los individuos o grupos obtienen puntos en función de una serie
de criterios previamente determinados y cada persona es responsable
de controlar su propia puntuación.
3.
Los puntos obtenidos por cada persona, o por los distintos grupos,
se suman al marcador colectivo de la clase.
4.
Se pueden establecer recompensas si la clase logra un número de
puntos determinado.
Un ejemplo
Tarea: determinar
cuántos toques podemos dar a un balón evitando que caiga al suelo,
sin agarrarlo o sujetarlo y sin utilizar ni manos ni brazos.
La
clase se divide en grupos de seis personas. Cada grupo recibe un
balón y el profesor indica que el objetivo de cada equipo es mantener
el balón en el aire, golpeándolo con cualquier parte del cuerpo
excepto manos y brazos. Tampoco está permitido agarrarlo o sujetarlo.
Si se desea, se pueden añadir otras normas para fomentar la participación
como, por ejemplo, que una misma persona no puede golpear el balón
dos veces consecutivas.
Los distintos grupos realizan ensayos e intentan
organizarse para dar el mayor número de golpes posibles a la pelota.
Pasado un tiempo, el profesor indica que es el momento de determinar
cuántos golpes es capaz de realizar la clase. Para ello, a una señal,
los distintos grupos ejecutan la tarea asignada. Cada grupo contabiliza
los golpes que sus miembros consiguen dar al balón antes de que
caiga al suelo.
Al finalizar, un miembro de cada grupo indica los
puntos que logró su equipo. El profesor suma todos los puntos de
los distintos equipos al marcador colectivo de la clase.
La tarea puede repetirse varias veces y la clase
obtiene como puntuación la mejor que se haya conseguido. En función
de esa puntuación, el profesor puede establecer algún tipo de recompensa
como repetir una actividad que haya gustado a los alumnos. En caso
de que no lleguen a un mínimo de puntuación, los diferentes grupos
deberán repetir la tarea.
(Grineski,
1996)
Co-op Play o Juego cooperativo se basa
en la estructura Learning Together (Aprendiendo juntos) desarrollada
por los hermanos Johnson (Johnson y Johnson, 1975; Johnson et
al., 1984) y en los trabajos del canadiense Terry Orlick (1982
y 1990).
Proceso
1.
El profesor explica la actividad que desarrollará y comprueba que
el grupo la entendió bien.
2.
Insiste en que sin la colaboración de todos no se alcanzará el objetivo
encomendado y recuerda algunas conductas que facilitan esta acción:
animar a los compañeros, compartir el material, etcétera.
3.
Los alumnos participan en la actividad y el profesor refuerza las
habilidades y los comportamientos que facilitan que el grupo alcance
su objetivo.
4.
Tras la realización de la actividad, se lleva a cabo una evaluación
del grupo orientada a descubrir qué hechos facilitaron o dificultaron
el logro del objetivo propuesto.
5.
El profesor anima a los alumnos a pensar y compartir cómo facilitar
o complicar esta actividad. A partir de las ideas propuestas se
pueden crear y practicar nuevas actividades cooperativas.
Un ejemplo
Tarea: limpiar el
lago. Se delimita un espacio y en él se colocan diferentes objetos:
latas, botellas de plástico, vasitos de yogurt, entre otros. El
objetivo del grupo es sacar todos esos objetos del espacio delimitado,
utilizando pelotas y sin pisar dentro de esa zona.
El
profesor delimita con gis un espacio, dentro coloca diferentes objetos:
botellas de plástico, latas, botes de tetra-brik, etcétera. Explica
a la clase que están ante un lago contaminado y que su misión es
limpiarlo, el problema es que está tan contaminado que nadie puede
estar dentro de él. Para conseguir su propósito disponen de varias
pelotas que, desde la orilla, pueden lanzar contra los objetos que
están en el interior del lago. El grupo dispone de cinco minutos
para conseguir su objetivo, ya que en caso contrario toda la fauna
y flora del lago morirán.
El docente insiste, antes de empezar, en la necesidad
de trabajar en equipo, animar a los compañeros, facilitar las acciones
de quienes tienen más dificultad, etcétera, para alcanzar el objetivo
propuesto.
A continuación, el grupo comienza la actividad. Durante
el desarrollo, el profesor refuerza algunas conductas individuales:
“¡Muy bien, Ana! Me gustó que pasaras el balón a Miguel en lugar
de lanzarlo tú desde tan lejos”, “¡Estupendo, Pablo! Sujetando la
mano de Luisa, ella ha podido sacar del lago esa botella sin pisar
dentro”.
Al cabo de los cinco minutos, la actividad se detiene
y se mira si el grupo ha sido capaz de lograr su objetivo o no.
En ambos casos se reflexiona sobre el porqué, a través de preguntas
orientadas a determinar qué hechos han ayudado a sacar material
del lago (por ejemplo: reparto de papeles, compartir recursos, organización
grupal, ayuda entre compañeros para sacar objetos cercanos a la
orilla) y qué acciones han perjudicado actuar con mayor rapidez
(algunas personas acaparan los balones y otras se enfadan con sus
compañeros que tienen menos habilidad, el grupo no se ha organizado
y todos han desarrollado la actividad de forma individual, etcétera).
Se reflexiona también sobre el grado de participación: si todos
han tenido las mismas oportunidades para lanzar balones contra los
objetos, si se han animado mutuamente o más bien todo lo contrario…
A continuación, el profesor expone que, teniendo
en cuenta todas las reflexiones anteriores, el grupo piense cómo
mejorar esta actividad haciéndola más difícil y facilitando, al
mismo tiempo, la participación igualitaria de todos los jugadores.
Algunos alumnos proponen, por ejemplo, que cada vez se lancen los
balones con una mano distinta, que si una persona sacó un objeto
ya no pueda lanzar más, sólo pasar la pelota, que los jugadores
vayan en parejas cogidos de la mano y no se puedan soltar. En grupo
se decide probar dos variantes del juego derivadas de las respuestas
de los alumnos y el proceso reinicia.
(Grineski,
1996)
Esta
estructura orientada a la educación física está basada en otra desarrollada
por Kagan (1992) para áreas más conceptuales, “Piensa, júntate y
comparte” (Think, pair, share).
Proceso
1.
El profesor propone un desafío cooperativo al grupo, es decir, uno
que requiera de la ayuda de todos para poder ser resuelto.
2.
Los estudiantes piensan individualmente las posibles soluciones
al problema planteado.
3.
Cada estudiante expone al resto de sus compañeros de grupo las soluciones
que ha pensado.
4.
El grupo prueba, al menos, una solución de cada uno de los miembros
que lo componen.
5.
De entre todas las soluciones se elige una que parezca la más eficaz
y se ensaya una y otra vez hasta mejorarla y lograr superar el reto
propuesto.
Desde nuestro punto de vista, habría que añadir un
nivel anterior al que se denominó piensa: el nivel siente, es decir,
observa cuáles son tus sentimientos, tus miedos, tus temores ante
la situación que se te plantea y ponte también en el lugar de los
demás, porque eso va a influir en la eficacia de las posibles soluciones.
Un ejemplo
Tarea: todos los miembros
de un grupo de ocho personas deben pasar por encima de una valla
de atletismo. Si alguien toca la valla, esa persona y otra que ya
estuviera al otro lado deben volver al punto de partida.
Cada
persona que compone el grupo piensa, al menos, una solución al reto
que se les plantea y a continuación la comparte con sus compañeros.
Luis propone que el grupo levante a la persona que
más dificultades tiene, para hacerla pasar al otro lado y repetir
el proceso hasta que la última persona que quede, la que mejor salta,
lo haga individualmente. María propone que una persona se coloque
en cuadrupedia de forma que los demás puedan pisar sobre su espalda
para saltar. Ana cree que es mejor que cuando sólo quede una persona
se lance en plancha sobre la valla y sea recibida por el resto del
grupo que une sus manos para amortiguar el golpe. Pedro dice que
se combinen las propuestas de Luis y de María. Los demás miembros
del grupo expresan sus propias soluciones.
En cualquier caso, el grupo ensaya todas y cada una
de las propuestas y decide cuál se adapta mejor a sus características.
Así, la solución más eficaz no será igual si, por ejemplo, en un
grupo hay una persona muy obesa que si todas pesan más o menos lo
mismo. Lo importante es que el grupo encuentre una solución que
permita que todos sus componentes superen el objetivo propuesto.
Una vez que el grupo decide qué solución parece la
más eficaz, la ensayan varias veces hasta que se consigue el objetivo.
(Velázquez,
2003)
Proceso
1.
El docente forma grupos de cuatro a seis personas, preferentemente
heterogéneos en etnia, sexo y nivel de habilidad.
2.
Se propone una tarea motriz abierta, con diferentes posibilidades
de ejecución correcta.
3.
Cada miembro del grupo ensaya individualmente diferentes propuestas
y, de entre todas, elige dos que sea capaz de realizar correctamente.
4.
Se juntan los grupos.
5.
Cada integrante del equipo muestra a sus compañeros la ejecución
correcta de una de las dos respuestas que eligió. Es responsable
de que todos sus compañeros del grupo realicen la tarea correctamente.
6.
El profesor puede seleccionar a un miembro de cada grupo para que
ante toda la clase ejecute correctamente las cuatro respuestas que
su grupo planteó o puede pedir a todos los miembros del grupo que,
a la vez, muestren a la clase, una tras otra, sus propuestas.
7.
Cabe la posibilidad de que, en grupo, se intente mejorar cada respuesta
dada, acordando y ensayando nuevas acciones para dificultar su ejecución.
8.
Se pueden otorgar recompensas en función de la calidad del trabajo
realizado, con base en parámetros previamente definidos y conocidos
por los alumnos.
Un ejemplo
Tarea: ¿cómo podemos
lanzar una pelota al aire y recogerla sin que caiga al suelo?, ¿qué
podemos hacer mientras está en el aire?
El
profesor plantea a la clase el siguiente problema: ¿cómo podemos
lanzar una pelota al aire y recogerla evitando que toque el suelo?,
¿qué cosas podemos hacer mientras está en el aire?
Después de ensayar diferentes posibilidades, los
alumnos y las alumnas se deciden por algunas y comienzan a ensayarlas.
Así, Carlos lanza la pelota y da palmas, intentando comprobar cuántas
palmadas puede dar antes de que la pelota caiga al suelo. Juana
trata de lanzar la pelota al aire con su mano no dominante, intenta
golpearla con la cabeza y, finalmente, atraparla antes de que bote.
Miguel da una vuelta sobre su eje longitudinal antes de recoger
la pelota. María trata de sentarse y de levantarse mientras la pelota
está en el aire, pero no le da tiempo, lo intenta una y otra vez
y al final decide simplificar su acción, se agacha y toca el suelo
antes de recibir la pelota.
Se juntan los grupos. Ellos deciden el turno en el
que cada uno enseña su respuesta a los demás. Acuerdan primero que
cada uno muestra a los otros lo que hizo y después lo ejecutan en
grupo, para determinar cómo apoyar al que más dificultades tenga.
La acción de Juana resulta difícil para María, al golpear la pelota
con la cabeza no la controla y no logra atraparla. Juana intenta
explicarle cómo colocar la cabeza, Carlos le dice que su problema
es que ella salta para golpear la pelota con la cabeza y cierra
los ojos, y así continúan varios de sus compañeros. Al final parecen
optar porque María lance la pelota menos alto, en dirección a su
cabeza de forma que la pelota rebote en ella y María pueda atraparla.
Después de varios intentos María lo hace un par de veces seguidas,
aplauso general. Luego se le cae: “no pasa nada, ya casi lo tienes
dominado”, repiten todos juntos. “¡Ya sale!”.
La exhibición a la clase la realizan en grupo, todos
a la vez. Tienen tres intentos para ejecutar correctamente cada
una de las respuestas. Todos los grupos consiguen su objetivo.
Se les pide que, a partir de las respuestas dadas,
en grupo piensen variantes más difíciles y las ensayen hasta que
logren ejecutarlas correctamente. Se trata de mejorarlas. Algunas
de las nuevas propuestas fueron:
-
Agacharse
y dar varias palmadas antes de recibir la pelota.
-
Dar
una palmada al lanzar la pelota, hacer que ésta golpee en la
cabeza y recibirla de nuevo.
-
Girar
dando palmadas.
-
Hacer
que la pelota golpee en otras partes del cuerpo, distintas de
la cabeza, antes de atraparla.
-
Por
parejas, lanzar las dos pelotas al aire y chocar las palmas
con las de la pareja para, a continuación, recibir cada uno
su pelota.
-
Como
la anterior, pero cada uno recibe la pelota del compañero.
Esta estructura de aprendizaje cooperativo es muy
sencilla de aplicar, incluso con niños de cuatro o cinco años. A
diferencia del Jigsaw de Aronson, el punto de partida del
proceso no es una información proporcionada por el profesor sino
las respuestas de los alumnos ante una propuesta abierta de actividad
motriz, lo que la hace realmente interesante para profundizar en
el desarrollo de habilidades y destrezas partiendo del nivel real
de habilidad de los escolares.
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Descubrimiento
compartido
|
(Velázquez,
2003)
Proceso
1.
El profesor hace una propuesta abierta de acción motriz y cada alumno
explora individualmente las distintas posibilidades de respuesta.
2.
El profesor pide que, de todas las respuestas, cada alumno retenga
un número reducido, tres por ejemplo, y las ensaye repetidas veces
hasta que sea capaz de dominarlas.
3.
Se forman parejas. Cada miembro de la pareja enseña a su compañero
las respuestas que da. Ambos son responsables de dominar todas las
respuestas diferentes y de conseguir que su compañero lo haga también.
En nuestro caso, cada pareja dominará entre tres (si todas las respuestas
de ambos miembros hubieran sido iguales) y seis (si todas hubieran
sido diferentes) posibilidades motrices.
4.
Cada pareja selecciona entre sus respuestas un número determinado,
tres por ejemplo, y ambos miembros las ensayan repetidas veces hasta
que son capaces de realizarlas correctamente y al mismo tiempo.
La única condición para elegir las respuestas que se van a ensayar
es que cada miembro de la pareja debe aportar, al menos, una propuesta.
5.
Dos parejas se unen y forman un grupo de cuatro. Cada pareja enseña
a la otra las tres respuestas que han elegido. Cada alumno es responsable
de dominar todas las respuestas diferentes y de conseguir que todos
los compañeros que ahora forman el equipo también lo hagan.
6.
El grupo de cuatro selecciona entre sus respuestas un número determinado,
con la condición de que ambas parejas deben aportar, al menos, una
propuesta. El grupo ensaya repetidas veces las respuestas elegidas
hasta que todos los miembros del grupo son capaces de realizarlas
correctamente y al mismo tiempo.
7.
Dos grupos de cuatro se unen para formar un grupo de ocho personas.
Cada grupo de cuatro muestra y enseña al otro las propuestas que
han elegido. Como en los pasos anteriores, cada alumno es responsable
de dominar todas las respuestas diferentes y de conseguir que todos
los compañeros que ahora forman el equipo también lo hagan.
8.
El grupo de ocho selecciona entre sus respuestas un número determinado,
con la condición de que ambos grupos deben aportar, al menos, una
propuesta. Los alumnos ensayan repetidas veces las respuestas elegidas
hasta que todos los miembros del grupo son capaces de realizarlas
correctamente y al mismo tiempo.
9.
En algunos casos, a partir de la combinación de las respuestas elegidas,
puede realizarse una coreografía con un fondo musical que se muestra
al resto de la clase; en otros, todo el grupo, o una parte del mismo
(tres personas, por ejemplo, elegidas al azar) puede mostrar, una
tras otra, las respuestas seleccionadas y ejecutarlas al mismo tiempo.
10.
Se pueden otorgar recompensas en función de la calidad del trabajo
realizado, con base en unos parámetros previamente definidos y conocidos
por los alumnos.
Un ejemplo
Tarea: creación de
una coreografía sobre una base musical.
A
partir de una pieza musical, el profesor pide a los alumnos que
se muevan por la sala libremente ensayando los diversos pasos que
se les ocurran y que encajen en la música que suena. Cada cual se
mueve por el espacio ejecutando diferentes pasos, algunos más difíciles,
otros más sencillos.
De entre todos los pasos ensayados, el profesor pide
a los alumnos que retengan tres, los que consideren más originales
o los que más les gusten, y los ensayen repetidas veces hasta estar
seguros de que los dominan.
A continuación se forman parejas. El profesor indica
que cada alumno debe mostrar a su compañero los pasos que eligió
y enseñárselos. La responsabilidad de cada alumno es dominar todos
los pasos y conseguir que el compañero también los domine. En algunas
parejas los alumnos se disponen uno junto al otro para ensayar los
pasos, en otras lo hacen uno detrás del otro. Algunos optan por
ensayarlos alternativamente, uno ejecuta y el otro observa y corrige.
El profesor pide a las parejas que consigan coordinar
sus movimientos, de forma que cada uno haga los pasos al mismo tiempo
que su compañero. La dificultad aumenta.
El profesor va más allá: pide que las parejas decidan
el orden de ejecución de los distintos pasos, de forma que al escuchar
una señal ambos miembros de la pareja cambien el paso sin perder
la coordinación. Tras algunos ensayos, las parejas lo van consiguiendo.
Se pide entonces que, de los pasos ensayados, cada
pareja retenga sólo tres y se asegure de que ambos componentes son
capaces de dominarlos y de ejecutarlos al mismo tiempo que su compañero.
Cada miembro de la pareja debe aportar al menos uno de los tres
pasos elegidos.
A continuación, mediante la unión de dos parejas,
se forman grupos de cuatro personas, repitiéndose el proceso. Cada
pareja muestra a la otra los pasos que seleccionó y se asegura de
que los aprende. A continuación, el grupo ensaya los distintos pasos
hasta ser capaces de ejecutarlos de forma correcta todos al mismo
tiempo. Ellos mismos pueden marcar cuándo cambiar de un paso a otro
o, en un nivel superior, hacerlo cuando cambie la frase musical.
El profesor pide entonces que, de los pasos ensayados,
cada grupo elija sólo tres, uno de los cuales debe ser aportado
por una de las parejas y los otros dos por la otra. Los pasos seleccionados
se ensayan nuevamente hasta que el grupo consigue realizarlos al
mismo tiempo y de forma coordinada.
Más tarde, dos grupos de cuatro se unen para formar
un grupo de ocho. Nuevamente, cada grupo muestra al otro los tres
pasos que seleccionaron y se hace responsable de que los aprenda.
A continuación el grupo de ocho ensaya los pasos, una y otra vez,
hasta conseguir realizarlos todos al mismo tiempo.
Finalmente, el grupo selecciona un número de pasos
determinado, tres o cuatro, aportados por los distintos subgrupos
que lo componen, y los ensayan nuevamente hasta dominarlos, ejecutándolos
de forma correcta y cambiando de un paso a otro de forma coordinada.
Por último, el profesor pide a los grupos que, basándose
en la música que han estado escuchando durante toda la sesión, elaboren
una coreografía utilizando únicamente los pasos que han elegido.
Los grupos deben decidir entonces en qué orden ejecutarán los pasos,
cuándo cambiarán de un paso a otro, etcétera.
Los distintos grupos muestran sus respectivas coreografías
al resto de la clase que comenta cómo ha estado su ejecución con
base en los parámetros previamente conocidos por todos: ¿los miembros
del grupo realizaron los pasos al mismo tiempo?, ¿consiguieron cambiar
de paso en el momento justo?, ¿lo hicieron coordinando sus movimientos?
En definitiva, observamos que es posible organizar
las clases de educación física desde estructuras de aprendizaje
cooperativas; algunas son muy sencillas y pueden ser aplicadas desde
edades tempranas; otras requieren cierta preparación por parte de
los alumnos para observar determinados parámetros del trabajo de
sus compañeros y proporcionarles información adecuada para corregir
posibles errores, y parecen más adecuadas para alumnos de mayor
edad. En cualquier caso es necesario que los docentes de educación
física conozcan las estructuras de aprendizaje cooperativo y sean
capaces de aplicarlas en sus sesiones de trabajo para favorecer
una educación física de calidad, adaptada a todos y cada uno de
sus alumnos y alumnas, y orientada al desarrollo de los valores
derivados de la cultura de la paz.
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