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Programa
de Estudios, 3er
semestre,
Licenciatura en Educación Física /
La
educación en el desarrollo histórico de México
II /
Orientaciones didácticas generales
Para
lograr los propósitos generales planteados se requiere conocer a
fondo el enfoque, los temas, los propósitos y la bibliografía del
programa, ya que de esto depende que el curso cumpla con las metas
que el Plan de Estudios le demanda.
Este
curso puede ser rico en experiencias y propuestas de enseñanza,
por lo cual es necesario que los futuros maestros conozcan nuevas
formas de concebir el conocimiento histórico. ¿Cuál es la mejor
forma de lograrlo? En primer lugar, promoviendo y practicando un
nuevo enfoque de enseñanza que destaque los procesos de cambio,
continuidad, similitud y diferencia de los acontecimientos históricos.
Para
abordar cada tema es muy importante tomar como punto de partida
los conocimientos previos de los alumnos. Durante su trayectoria
por la educación básica y media, los alumnos normalistas han estudiado
la historia general de México y del mundo y, por lo tanto, se han
formado algunas ideas acerca de los periodos que son objeto de este
curso y del conocimiento histórico. Por ejemplo, es probable que
algunos estudiantes consideren que el estudio del pasado consiste
en aprender datos, fechas y nombres para aprobar el curso; esta
impresión sólo puede modificarse si las actividades desarrolladas
en el aula demuestran que existen formas interesantes y rigurosas
de tratar los contenidos históricos.
Tomar
en cuenta los conocimientos que los estudiantes poseen ayuda a que
el aprendizaje tenga mayor sentido, puesto que parten de lo que
ya conocen, es decir, de las referencias más inmediatas que constituyen
la base para adquirir nuevos conocimientos. A su vez, el maestro
obtiene valiosa información para averiguar el tipo de conocimientos
de sus alumnos, lo que facilita planear las actividades, estrategias
y recursos según el nivel del grupo. Por ejemplo, si los alumnos
muestran problemas en el dominio de contenidos básicos, se requiere
poner mayor atención a este aspecto a lo largo del curso; pero si
los conocimientos adquiridos en el curso anterior son sólidos y
el grupo está motivado, entonces el profesor tendrá una base firme
para diseñar actividades que correspondan a las características
de los alumnos.
A
continuación se proponen algunas orientaciones para favorecer el
logro de los propósitos del curso. Además, en cada bloque temático
se incluyen sugerencias de actividades para que los estudiantes
aprendan los contenidos del programa y, al mismo tiempo, desarrollen
habilidades y actitudes favorables para la comprensión de la historia.
Estas propuestas no constituyen una secuencia didáctica completa
y tampoco rígida: los maestros y los estudiantes pueden seleccionar
o agregar las que consideren convenientes.
a)
Lectura y análisis de textos. La lectura es la
principal actividad para abordar los temas propuestos en el programa.
Para aprovecharla, se sugiere que el maestro prepare fichas que
orienten a los alumnos para distinguir conceptos fundamentales,
conocer las tesis de algún autor, identificar las ideas principales
expresadas en un texto, escribir opiniones personales, etcétera.
Lo importante es que las lecturas se empleen adecuadamente durante
las clases para no disminuir el interés de los alumnos, pues, como
se sabe, en ocasiones los comentarios que se realizan en el aula
no recuperan los contenidos o ideas centrales del material leído,
se comenta superficialmente o se carece de continuidad con lo que
se discutió y aprendió en las sesiones precedentes.
Conviene
que el maestro explique brevemente el contexto (histórico, intelectual
y político) del material de lectura, destaque aquellos elementos
que interesa reconocer y oriente sobre las ideas básicas del autor
o documento. De esta manera, los estudiantes se aproximarán con
mayor seguridad a la bibliografía recomendada.
b)
Lectura de un libro. Independientemente de que
los alumnos conozcan capítulos de distintos libros, se sugiere que
lean un libro completo para comprender la visión de conjunto de
algún autor o grupo de autores sobre un tema específico. De acuerdo
con los propósitos y temas del curso se recomiendan los siguientes
títulos: A la sombra de la Revolución Mexicana, de Héctor
Aguilar Camín y Lorenzo Meyer; Historia Mínima de México,
de Daniel Cosío Villegas, e Historia de una profesión, de
Alberto Arnaut. Conviene que los alumnos dosifiquen la lectura a
lo largo del curso y presenten sus avances o conclusiones según
acuerden con el maestro.
c)
Planteamiento de problemas. Para promover la reflexión
de los alumnos y analizar los hechos estudiados será útil preguntarse:
¿qué sucedió?, ¿por qué?, ¿cuándo?, ¿qué cambió?, ¿qué permaneció
igual?, ¿quiénes participaron?, ¿en qué consistió determinado periodo
o acontecimiento?, ¿cuánto duró?, etcétera. De esta manera se desarrollará
en los estudiantes la capacidad de explicar los hechos educativos
del presente a partir del conocimiento de su origen y su proceso
de transformación, asimismo les permitirá reconocer que los cambios
producidos a lo largo del tiempo crean sus propias contradicciones
y, por lo tanto, tienen que estudiarse en su nueva condición. Por
ejemplo, ¿qué nuevos desafíos tuvieron que enfrentar los maestros
ante cambios tan importantes como la expansión de la educación secundaria,
la educación socialista, la creación del sindicato de maestros o
el establecimiento de la telesecundaria? Responder a cuestiones
como éstas ayudará a distinguir las nuevas situaciones generadas
por los procesos de cambio. Desde el punto de vista formativo este
ejercicio es un recurso que promueve la selección y uso de la información,
la reflexión, el análisis, la valoración crítica y la elaboración
de conclusiones propias.
d)
Redacción de ensayos. Cuando el maestro lo crea
conveniente puede proponer la redacción de ensayos para emplear
los conocimientos adquiridos y aplicar habilidades para la escritura,
síntesis, argumentación y valoración crítica. Es importante que
los ensayos sean breves para que los estudiantes puedan sistematizar
e interpretar la información obtenida, expresar sus puntos de vista
y elaborar conclusiones propias.
e)
Ejercicios de imaginación histórica. Este tipo
de actividades permite a los alumnos ubicarse en el lugar de los
protagonistas o testigos presenciales de los acontecimientos históricos
y, desde esa posición, relatar experiencias, exponer ideas, tomar
decisiones, etcétera.
Para
que los protagonistas narren sus propias experiencias pueden emplearse
diferentes tipos de texto: la correspondencia, el diario personal
o la crónica, entre otros. La correspondencia consiste en escribir
una carta a alguna persona (maestros, educadores destacados o funcionarios
públicos) para comentar los cambios ocurridos en la educación, la
importancia que adquirieron sus iniciativas, los logros obtenidos,
los retos aún pendientes, etcétera.
Otra
actividad puede ser la elaboración de un periódico con breves noticias
que recapitulen los temas estudiados, por ejemplo: “Se crea la Secretaría
de Educación Pública: José Vasconcelos reseñó las acciones que desarrollará
esa dependencia”, “El maestro rural. Una entrevista con Rafael Ramírez”,
“Alfabeto y desayunos escolares para los niños de México”, “Ayer
se publicaron las bases para la organización de los juegos deportivos
escolares”, “Se celebró en nuestro país el II Congreso Panamericano
de Educación Física”, etcétera. El propósito es que los alumnos
sinteticen los conocimientos adquiridos y los expresen con sus propias
palabras.
f)
Actividades de investigación.
•
Investigación hemerográfica. Se sugiere que, en los lugares
donde sea posible, los alumnos asistan a la hemeroteca para realizar
una breve investigación sobre algún tema específico; no se trata
de hacer una indagación profunda y exhaustiva, la finalidad es que
conozcan, a través de la prensa, la reacción inmediata que suscitaron
los acontecimientos estudiados. Conviene que el maestro sugiera
temas de investigación que por su importancia sean abundantes en
notas, entrevistas, desplegados, caricaturas y reportajes periodísticos;
por ejemplo: la creación de la Secretaría de Educación Pública,
la educación socialista, las reformas al Artículo Tercero, la fundación
del SNTE, la celebración de las XIX Olimpiadas, etcétera. De esta manera,
los alumnos podrán dar seguimiento, sistematizar, comparar e interpretar
la información contenida en los periódicos. Como esta actividad
requiere de tiempo extraclase, es importante tomar en cuenta el
mejor momento para su realización, así como definir cuidadosamente
sus propósitos.
•
Testimonios orales. Otra actividad de investigación es la
recuperación de testimonios orales que se refieran a prácticas escolares,
métodos de enseñanza, experiencias educativas, programas de gobierno,
entre otros. Si se tiene la fortuna de entrevistar a maestros de
generaciones distintas se podrá hacer una reconstrucción histórica
de los aspectos que se decida investigar.
•
Historia de una escuela. Se sugiere que en los lugares donde
sea posible se realice esta actividad, pues, muchas veces, en las
comunidades residen los maestros fundadores de las escuelas normales
y también las personas que participaron en su construcción. Con
la información que proporcionen puede escribirse la historia de
la escuela y, de esta manera, los alumnos conocerán el valor que
ciertas comunidades dan a la educación, la importancia que para
ellas tiene la escuela y los retos que han superado para contar
con un centro educativo.
•
Elaboración de líneas del tiempo. Esta actividad permitirá
a los estudiantes detectar de manera gráfica la existencia de continuidad,
ruptura o cambio respecto al proceso educativo nacional, en particular
de la educación física.
Evidentemente,
las actividades no se agotan con estas sugerencias; es indispensable
que los maestros diversifiquen las formas de enseñanza, para ampliar
las posibilidades de aprendizaje de sus alumnos y para comunicarles,
mediante la práctica, nuevas formas de concebir la historia. Además,
estas actividades pueden complementarse con las recomendadas en
el primer curso de esta asignatura.
Es
pertinente que el maestro de la asignatura acuerde con sus alumnos,
desde el inicio del curso, las formas de evaluar, de esta manera
todos podrán orientar su desempeño según los compromisos establecidos.
La evaluación tiene que ser congruente con el enfoque del programa,
los propósitos educativos y las actividades de enseñanza. En este
sentido, el enfoque vincula sus contenidos con cinco líneas temáticas
y demanda que se estudien como parte de un proceso histórico; por
lo que, un segmento importante de la evaluación deberá dedicarse
a conocer qué tanto los estudiantes logran identificar cambios,
continuidades y rupturas de una época a otra, descubrir causas de
los acontecimientos, explicar e interpretar acontecimientos del
presente utilizando los conocimientos históricos adquiridos, etcétera.
Por otro lado, si en la clase se han realizado frecuentemente actividades
en que los estudiantes leen y discuten en pequeños equipos, interpretan
información, proponen hipótesis, etcétera, sería poco acertado evaluar
sólo con un instrumento que midiera la cantidad de datos que fueron
capaces de memorizar. En este caso, la forma de evaluación elegida
debe conciliar tanto el enfoque del programa como el proceso de
enseñanza empleado en el aula.
Para
evaluar pueden aprovecharse la participación de los alumnos en la
clase, los textos escritos y las investigaciones realizadas. Si
se aplican pruebas escritas, de preferencia deben plantear a los
estudiantes retos en los que apliquen su capacidad de análisis,
juicio crítico, comprensión, relación, síntesis, argumentación,
etcétera. Las pruebas objetivas de respuesta cerrada (opción múltiple,
de correspondencia, selección de enunciados falsos o verdaderos)
deben considerarse complementarias a los procedimientos de evaluación
sugeridos.
Antes
de iniciar el curso, el maestro puede planear los momentos en que
evaluará, así podrá prever el tiempo y los recursos que se requieran.
La evaluación puede realizarse al inicio, durante y al final del
curso o de cada sesión. Con la evaluación inicial se conoce lo que
saben los estudiantes al principiar el curso o tema, y constituye
el punto de partida del maestro para planear las estrategias y actividades
de enseñanza de acuerdo con las capacidades de los integrantes del
grupo; la que se realiza durante el curso permite conocer cotidianamente
lo que se aprende en cada clase y ayuda a perfeccionar las estrategias
de enseñanza, y con la evaluación final se puede comprobar en qué
medida se lograron los propósitos educativos del curso.
Lo
importante es que la evaluación se realice de manera permanente,
se asuma como una extensión de las actividades de enseñanza y sea
formativa para estudiantes y maestros; es decir, que aporte información
para corregir y mejorar su participación y los resultados del proceso
educativo.
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