Planes y Programas

Programa de Estudios, 4° Semestre, Licenciatura en Educación Física /
Seminario de Temas Selectos de Historia de la Pedagogía y la Educación I /
Tema II. El siglo XVII y la revolución científica: el racionalismo cartesiano y la dualidad antropológica mente-cuerpo

Las ideas platónicas en torno a la función de la razón y los sentidos, para la adquisición del conocimiento y, por ende, del papel que en este proceso juegan el alma y el cuerpo, fueron replanteadas por Aristóteles. Mientras que para Platón en el mundo de las ideas era donde la razón obtenía el conocimiento verdadero, para Aristóteles serán los sentidos el camino por el cual es posible aprehender la realidad y generar conocimiento. Sin embargo, al explicar las causas del razonamiento en el hombre, ambos coinciden al postular que es una fuerza sobrenatural o una primera causa (primer motor) quien dota a los seres humanos de esta facultad.

Los planteamientos platónicos y aristotélicos fueron la base de las ideas desarrolladas durante la etapa helenística, la época del predominio romano y durante la edad media. La filosofía helenística se inspiró en los principios e ideas establecidos por Platón y Aristóteles. En la sociedad romana resurge la teoría de las ideas o neoplatonismo, por lo que la distinción entre el mundo de los sentidos y el mundo de las ideas, así como la dualidad alma-cuerpo, adquirieron una nueva dimensión en la cual la existencia de una naturaleza divina era el precepto fundamental.

En la época medieval el neoplatonismo impregnó toda manifestación intelectual, de tal manera que sus fundamentos se reafirmaron y llegaron a fundirse con los principios de la doctrina cristiana.

El pensamiento cristiano medieval tuvo como máximos exponentes a Agustín de Hipona1 y a Tomás de Aquino. El primero redactó, entre los años 397 y 401, las Confesiones, que durante toda la Edad Media fue un referente obligado de estudio e inspiración religiosa.

En las Confesiones, Agustín de Hipona considera que las ideas viven permanentemente en Dios y, por lo tanto, al momento de la creación se incorporan como dones en el hombre (creacionismo). Al resolver de esta manera la situación de las ideas, conjuntó la teoría platónica con la teología cristiana.

En este libro también se abordan aspectos relativos a la naturaleza opuesta entre los sentidos y el espíritu, y cómo el cuerpo, que se corrompe, hace pesada al alma convirtiéndose en una morada terrestre que oprime al espíritu.

La concepción agustiniana sobre el dualismo alma-cuerpo se reconceptualizó en el otro gran exponente del pensamiento medieval: Tomás de Aquino (1225-1274), teólogo que se destacó como la figura más notable de la Edad Media y su libro, Suma contra los gentiles (Sobre la verdad de la fe cristiana, contra los errores de los infieles), suscitó una polémica acerca de los fundamentos de la doctrina cristiana y la relación con la filosofía griega. Máximo exponente de la escolástica, consolidó un corpus teórico que se conoció como filosofía tomista. El tomismo planteó que para establecer una verdad o para fundar una ciencia, se debe partir de la razón especulativa hasta llegar a la razón práctica; es decir, que la verdad deriva de la realidad, aunque existe de manera formal en el intelecto o la razón.

Respecto a la relación del alma con el cuerpo, Tomás de Aquino dedica un apartado para abordar dicha cuestión en la Suma contra los gentiles2. Allí afirma que el alma y el cuerpo forman un solo ser, es decir, el alma es la forma de un cuerpo animado. Para el tomismo, la unión del alma con el cuerpo es, en esencia, lo que constituye al hombre y no el alma per se lo que determina tal condición.

La repercusión que el predominio de la tradición intelectualista tuvo para la educación corporal3 se manifestó en la concepción de que el cuerpo del hombre es pecaminoso de origen; esta perspectiva condicionó el derrotero de la educación física, desencadenando el surgimiento del ascetismo o desprecio y negación del cuerpo, como una forma de liberar el alma, visión que predominó durante toda la Edad Media hasta principios de la Edad Moderna.

A finales del siglo XIV, la hegemonía del pensamiento medieval empezó a declinar dando paso a un movimiento cultural que se extendió desde el siglo XVhasta principios del XVI abarcando todos los países europeos: el Renacimiento. Este movimiento se caracterizó por un florecimiento en todos los ramos del conocimiento humano: el arte, la arquitectura, la literatura, la música, la filosofía y las ciencias4.

En el aspecto científico se produjo un cambio fundamental: de una actitud especulativa, pasiva y contemplativa sobre el conocimiento se transitó hacia una nueva concepción basada en la investigación de la naturaleza con el apoyo en la observación, la experiencia y la experimentación, esto es, en el método empírico.

El método empírico desató una revolución científica que se inició con la obra Revoluciones de los cuerpos celestes (1543), de Nicolás Copérnico, y continuó con Philosophie naturalis principia mathematica (1687), de Isaac Newton.

En este periodo, la humanidad vivió una serie de cambios que trastocaron las arraigadas creencias que desde los tiempos antiguos prevalecían en torno al universo y al ser humano. Esta nueva visión del mundo se produjo a raíz de la ruptura epistémica generada por los descubrimientos astronómicos de Copérnico, quien en contraposición con la creencia en la centralidad e inmovilidad del mundo, planteó su teoría heliocéntrica, es decir, que era la Tierra la que giraba en órbita alrededor del Sol y no al revés.

A partir de este acontecimiento, en siglo y medio de revolución cognoscitiva se modificaron las ideas acerca de Dios, la Tierra, el conocimiento y el hombre mismo5, gracias en buena medida a los descubrimientos de pensadores como Vesalio, Galileo Galilei, Keppler y Newton. Las bases de esta efervescencia intelectual se pueden ubicar en los aportes científicos de Francis Bacon y en los razonamientos filosóficos de René Descartes.

Bacon destacó la importancia que para el bienestar social trae consigo el desarrollo de la ciencia y la técnica. Asimismo, en la adquisición del conocimiento adjudicó un papel relevante a la experiencia y a la práctica (empirismo), en sustitución de la mera especulación; además, en los procesos de investigación de los fenómenos naturales propuso el método inductivo: partir del conocimiento de los hechos particulares para llegar al establecimiento de la ley o principios que los generan.

Descartes aportó las bases de la filosofía moderna y fundamentó los principios de la razón tanto en la ciencia como en los aspectos humanos. Con los aportes cartesianos la filosofía renacentista alcanzó su madurez, al propiciar la creación de nuevos sistemas metafísicos derivados de la separación entre la teología y la filosofía.

De origen francés, educado en la doctrina cristiana, René Descartes supo centrar su atención, más que en el debate sobre la existencia del ser, en el problema del método; es decir, en el camino posible para el logro del conocimiento. Su propósito era encontrar los principios racionales que regulan el acceso a la verdad. Esta búsqueda desembocó en el hallazgo de la duda metódica como el recurso apropiado para discernir sobre lo verdadero y lo falso.

La expresión de su pensamiento se sintetizó en su obra Discurso del método (1637); allí formuló las reglas indispensables para el acceso al conocimiento o los principios para guiar bien la razón y buscar la verdad en las ciencias. En el Discurso…, Descartes circunscribe a cuatro los elementos de su doctrina o principios de investigación y comprobación: a) no recibir como verdadero lo que con toda evidencia no reconociese como tal, evitando cuidadosamente la precipitación y los prejuicios y de cuya certeza no pudiera caber la menor duda; b) la división de cada una de las dificultades con que tropieza la inteligencia al investigar la verdad, en tantas partes como fuera necesario para resolverlas; c) ordenar los conocimientos, empezando siempre por los más sencillos, hasta llegar por grados a los más complejos, y d) hacer enumeraciones tan completas y generales que aseguren no haber incurrido en ninguna omisión.

Los preceptos anteriores permitieron la creación de un sistema filosófico capaz de esclarecer las cuestiones más relevantes del pensamiento humano a través del método analítico y el razonamiento deductivo, propiciando con ello una mayor objetividad en todos los órdenes del conocimiento.

En el ámbito educativo los postulados cartesianos ejercieron influencia en los métodos de enseñanza y aprendizaje6, por ejemplo, en el libro primero del Discurso…, titulado “Consideraciones relativas a la naturaleza”, a pesar de que reconoce la importancia formativa que juega el aprendizaje de la lectura, la jurisprudencia, la teología y la filosofía, cuestiona el carácter libresco de su enseñanza y su falta de aplicación práctica, valorando más el papel que las matemáticas juegan en el desarrollo del razonamiento. En este libro, Descartes también sostuvo que el carácter memorista y la coacción del preceptor limitaban la libertad, la espontaneidad y la creatividad en los escolares al no considerar sus aptitudes, inclinaciones y gustos y al no hacer uso de los recursos que la observación de la naturaleza proporciona.

Por otra parte, la primera regla o primer principio de la evidencia cambió la rutina escolar al favorecer el razonamiento y el ejercicio de las habilidades intelectuales por medio de ideas generadoras del juicio y la reflexión, en contraposición a los procedimientos mecánicos y los ejercicios memorísticos inherentes a la pedagogía de la época. Igual sucedió con los principios del análisis, de la síntesis y la comprobación, cuya aplicación en la enseñanza contribuyó a reducir la incertidumbre en los procesos de aprendizaje, generando con ello un conocimiento objetivo y veraz.

La segunda cuestión que ocupó la atención de Descartes giró en torno a la relación entre el alma y el cuerpo. En relación con el lugar del hombre en el universo, los planteamientos cartesianos explicaron que las funciones del cuerpo humano se desarrollan de manera análoga al movimiento mecánico de la materia. Sin embargo, al responder al problema de la relación entre el carácter natural del universo y la naturaleza humana, consideró que la sola explicación mecanicista era limitada, por lo que su reflexión pretendió solucionar esta cuestión.

A diferencia de los planteamientos antiguos que ubicaban el problema de la relación entre el alma y el cuerpo en un cosmos teológico y que sostenían que todo tiene un espíritu o alma que posee deseos y busca satisfacciones, Descartes plantea que sólo las personas tienen espíritu, alma o mente, que los cuerpos carecen de deseos y poder, y que sólo se mueven por la acción de sus engranajes.

Aunque en el Discurso del método se observa ya un planteamiento dualista7, al establecer la distinción mente-cuerpo, es en las Meditaciones metafísicas (1641) donde expone con mayor precisión dicho planteamiento.

En el Tratado del hombre (1662), Descartes describe el funcionamiento del cuerpo humano de manera analógica al de una máquina al afirmar que “El cuerpo no es otra cosa que una estatua o máquina de tierra a la que Dios forma con el propósito de hacerla tan semejante a nosotros como sea posible, de modo que no sólo confiere al exterior de la misma el color y la forma de todos nuestros miembros, sino que también dispone en su interior de todas las piezas requeridas para lograr que se mueva, coma, respire y, en resumen, imite todas las funciones que nos son propias, así como cuantas podemos imaginar que tienen su origen en la materia y sólo dependen de la disposición de los órganos”. Este planteamiento, elaborado sobre las bases de la concepción dualista mente-cuerpo, proporcionó los fundamentos de la concepción antropológica cartesiana.

Los planteamientos que se generen con el análisis de este segundo tema, permitirán a los estudiantes normalistas adquirir elementos para comprender cómo la concepción moderna de la dualidad antropológica sienta las bases para hacer posible el conocimiento científico de la naturaleza y el hombre.

Bibliografía básica

Abbagnano N. y A. Visalberghi (2003), “Los orígenes de la ciencia moderna” y “Descartes”, en Historia de la pedagogía, Jorge Hernández Campos (trad.), México, FCE (Obras de filosofía), pp. 280-287 y 288-297.

Bowen, James (1992), “La revolución científica del siglo XVII”, en Historia de la educación occidental. Tomo III. El Occidente moderno, Juan Estruch (trad.), 2ª ed., Barcelona, Herder, pp. 67-76 y 94-97.

Descartes, René (2000), “Cuarta parte. Pruebas de la existencia de Dios y del alma, fundamentos de la metafísica” y “Meditación sexta. De la existencia de las cosas materiales y de la distinción real entre el alma y el cuerpo del hombre”, en Descartes. Discurso del método. Meditaciones metafísicas. Reglas para la dirección del espíritu. Principios de la filosofía, México, Porrúa (“Sepan cuantos...”, 177), pp. 21-24 y 81-90.

Bibliografía complementaria

Watson, Richard (2003), “Introducción” y “Conclusión”, en Descartes. El filósofo de la luz, Barcelona, Javier Vergara Editor, pp. 9-26 y 289-303.

Como temas de indagación, reflexión y discusión se proponen los siguientes:

1. La Revolución científica del siglo xvii tuvo sus orígenes en los estudios sobre el cosmos, cuyos resultados entraron en contradicción con las concepciones religiosas sobre el mundo y el hombre que predominaron durante la Antigüedad y la Edad Media. ¿Qué creencias sobre el universo y el hombre sostenía la iglesia católica? ¿En qué consistió la teoría heliocéntrica sobre el universo? ¿Cómo contribuyeron los descubrimientos de Galileo a consolidar los planteamientos copernicanos?

2. En el periodo de la revolución científica se desarrolló una nueva concepción en torno a cómo se origina el conocimiento. ¿Qué papel jugaron en este sentido las ideas de Francis Bacon? ¿Cómo influyó el empirismo baconiano en la reestructuración de la concepción aristotélica y medieval sobre la adquisición del conocimiento?

3. En Discurso del método (1637) y en Meditaciones metafísicas (1641), Descartes sostiene la distinción entre el cuerpo y la mente y propone el principio de esta dualidad. En estos escritos sostiene la existencia de Dios como sustancia infinita, y dos géneros de sustancias finitas: la mente, cuya esencia es ser consciente, y el cuerpo, cuya esencia es espacial; y que por tanto la esencia del ser humano es ser estas dos sustancias en una relación causal estrecha. ¿En qué argumentos se apoya Descartes para afirmar que el sujeto pensante existe con independencia del cuerpo? ¿Qué razonamientos sostiene para probar la existencia de Dios, del alma y del mundo externo? ¿Qué fundamentos esgrime para demostrar que el alma es realmente distinta y opuesta al cuerpo? ¿Cómo explica el dualismo cartesiano la conexión causal entre la mente y el cuerpo?

4. La perspectiva cartesiana de que todas las cosas materiales –la totalidad de los cuerpos, incluido el humano– son máquinas, produjo un revolucionario avance científico que impactó sobre las formas de comprender y valorar el actuar del hombre, en especial la supresión de toda explicación sobrenatural, estableciendo, además, las bases para que en el desarrollo corporal de los individuos, los aspectos psíquicos y biológicos se consideraran sujetos de intervención. ¿Cuáles fueron las consecuencias de las ideas cartesianas en el desarrollo de las ciencias avocadas al estudio del funcionamiento del cuerpo humano? ¿Qué impacto tuvieron las ideas cartesianas en el estudio del hombre y de la naturaleza? ¿Cómo incidió la perspectiva cartesiana en el ámbito educativo?

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