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Programa
de Estudios, 4° Semestre, Licenciatura en Educación Física
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Lectura de apoyo /
Del
rigor a la caricia. Una reflexión sobre la formación
pedagógica del educador físico.
Profr.
Fernando Torres García
En
el campo de la Educación Física ha habido una atención desmedida
por las metodologías, las didácticas y más aún por las técnicas
que deben aprender los futuros profesores de educación física (en
alguna ocasión un profesor de la esef
dijo que lo que deben aprender los alumnos de esta escuela son técnicas).
Y poco o casi nada se ha reflexionado sobre otras temáticas inherentes
al campo, como son: sus prácticas, sus presupuestos, su pedagogía.
Creo que dos de las razones son: a) que hay una preocupación
excesiva por el saber hacer y b) que hay una imagen estereotipada,
descrita de una manera acertada por Whitehead y Hendry: “...la imagen
por los medios de comunicación y la evidencia de las percepciones
del profesor de educación física, presentan el retrato de un individuo
musculoso, sociable, dominante, agresivo, bastante inmaduro, que
es antiacadémico y que no se expresa especialmente bien1”.
Afortunadamente,
en la actualidad existe un buen número de profesores de educación
física que realizan un trabajo serio e importante para hacer a un
lado este estereotipo que poco ayuda a la profesión.
Intentaremos
en este trabajo hacer un ejercicio de reflexión sobre la pedagogía,
sus prácticas y el proceso de formación del futuro educador físico.
Inicialmente se puede preguntar: ¿qué pedagogía está presente de
manera preponderante en el campo de la educación física? y ¿cómo
se ha manifestado esa pedagogía en las prácticas cotidianas? Una
primera respuesta y al mismo tiempo la idea que pretendo exponer
aquí es que: la pedagogía que en buena medida se ha manifestado
en el campo de la educación física es una pedagogía del rigor, esto
es, una pedagogía de la dureza.
Las concepciones que se desprenden de ella han permeado de forma importante en
educación física y esto ha traído como consecuencia la institucionalización
de una serie de prácticas educativas que a diario se aplican con
los sujetos en vías de formación.
Pero ¿qué es la pedagogía del rigor y/o la dureza?, ¿qué la caracteriza?, ¿cómo
se manifiesta?, ¿cuáles son sus sustentos?, ¿cuáles sus prácticas?
Y algo más: ¿es posible pensar y plantear una pedagogía diferente?
Mi intención
es dar respuesta a estas preguntas; para iniciar, quiero dejar por
sentado qué entiendo por educación física, qué por pedagogía y qué
relación se establece entre ellas. Coincido con el maestro español
J. M. Cagigal, quien dice que la Educación Física tiene dos grandes
bases antropo-filosóficas: el cuerpo y el movimiento, y con el autor
brasileño V. Bracht, quien la define como: “Una práctica pedagógica
que ha tematizado elementos de la esfera de la cultura corporal
y del movimiento2”.
La educación
física es una “acción social”, una relación social significativa,
que tiene como objetivo impactar en el cuerpo de los sujetos y en
sus posibilidades de movimiento, o de sus acciones motrices, como
diría P. Parlebas.
La
pedagogía como disciplina científica tiene por tarea ser “la conciencia
de esa acción”, es aquí donde emanan las ideas sobre los objetivos
de esa acción educativa, donde se elaboran las metodologías, se
definen las didácticas específicas, es donde se reflexiona sobre
las formas de hacer en aras de que esa relación sea eficiente, que
funcione de mejor manera. El vínculo que tienen la pedagogía y la
educación física es que la educación física es una “acción social”
y la pedagogía es la “conciencia de esa acción social3”.
¿Qué es la pedagogía del rigor?
Podemos
decir de entrada que es una pedagogía totalitaria, una pedagogía
del poder, que tiene como fundamento la dureza. Sirvan de ejemplo
algunas de las ideas del Dr. Daniel Schereber quien escribió libros
de anatomía, fisiología, higiene y cultura física. Era un persona
amante del ejercicio físico a través de la Gimnasia Terapéutica;
tan ilustre personaje vivió en el siglo XVIII, tuvo como objetivo
crear un sistema de educación global, y empleó sus métodos
ideados con sus propios hijos. Algunos aspectos importantes de la
pedagogía del Dr. Schereber son:
- Que los padres debían restringir la libertad de sus hijos mediante severa
disciplina en aras de la salud moral, mental y física.
- Esto permitiría formar un muro protector contra el insalubre predominio
del lado emocional (hay que acabar con él).
- “Acostumbrar” a un niño significa prepararlo para obedecer las órdenes.
- Educar a un niño es imponer una regla sobre cada detalle de su vida.
- Cuando la
independencia es desobediencia tiene que ser aplastada4.
El padre,
el educador, deben tomar la iniciativa: palabras serias, ademanes
amenazantes, golpes –administrando obviamente castigos corporales
suaves–; de esa manera uno se convertirá en el dueño del niño para
siempre. La pedagogía del Dr. Schereber ha sido creada para tener
un control absoluto de los niños, Morton Schatman nos explica cómo
Schereber sentó las bases para un sistema de persecución del niño.
El Dr.
Schereber tuvo la idea de que su sistema educativo daría como resultado
una raza de hombres más fuertes y que eso permitiría salvar a las
futuras generaciones. Cabe mencionar que él aplicó esta educación
a sus hijos: uno se suicidó y el otro perdió la razón.
Otra
autora, ella contemporánea, la psicoanalista Alice Miller en su
libro Por tu propio bien explica cómo, fundándose
en los relatos de sus pacientes, da cuenta del impacto negativo
que tiene en la vida del adulto una educación basada en la disciplina
exacerbada, ella la llamará “la pedagogía negra”, y menciona
que algunos aspectos centrales de ésta son:
- Que los adultos son los amos (¡y no servidores!) del niño dependiente.
- Que deciden, como dioses, qué es lo justo y lo injusto.
- Que los sentimientos vivos del niño se ponen en peligro para el adulto dominante.
- Que al niño
hay que “quitarle su voluntad” lo antes posible5.
La similitud
con el Dr. Schereber no es pura conciencia, los métodos para poder
reprimir la espontaneidad vital son: tender trampas, mentir, manipular,
amedrentar, (...) humillar, despreciar, burlarse, avergonzar y aplicar
la violencia hasta la tortura6”.
Para
Miller, otro aspecto que forma parte de la “pedagogía negra” es
la trasmisión al niño de informaciones e ideas falsas. Y como éstas
han ido pasando de generación en generación, su falsedad
puede probarse. Entre estas ideas se encuentran:
- Que los padres merecen respeto a priori, por ser padres.
- Que los niños, a priori, no merecen respeto alguno.
- Que la obediencia robustece.
- Que la ternura es perjudicial.
- Que atender a las necesidades del niño es malo.
- Que la severidad y la frialdad constituyen una buena preparación para la
vida.
- Que el cuerpo
es algo sucio y repugnante7.
Seguramente
una buena parte de ustedes en este momento se estarán preguntando
¿y qué tiene que ver esta pedagogía del rigor, de la dureza o negra
con nosotros?
Creo
de manera particular que demasiado, ya que un buen número de prácticas
educativas que realizan los educadores físicos están fundadas en
esta pedagogía que he descrito y no estoy pensando únicamente en
los profesores de educación física en educación básica, sino en
los que laboran en las escuelas formadoras de docentes.
A continuación
describo tres situaciones:
- La más reciente: un joven maestro que pide a su hermanito (un niño de 7
u 8 años) que se lance a la alberca; con mucho temor y después
de unos gritos por parte de este joven maestro el niño se lanza,
el profesor le dice “ya viste que no pasa nada”, acto seguido
lo lleva a la fosa, lo sube al trampolín de 1 mt., y le pide al
niño que se lance; el niño se niega, llora y después de ser acosado
se lanza.
- En un congreso en la esef,
al estar realizando una tabla gimnástica en un taller sobre gimnasia,
una maestra que participa se cae y se lastima fuertemente un tobillo;
es atendida, la actividad después de unos momentos continúa y
el profesor pregunta a la maestra lastimada si va a participar,
ella responde que le duele mucho y él le dice: “no te estoy preguntando
si te duele sino si vas a participar”.
- En una escuela particular, el sacerdote castiga a un alumno obligándolo
a correr alrededor del patio de la escuela.
Valgan
estos ejemplos, no sé si del todo convincentes, para mostrar cómo
la pedagogía del rigor hace acto de presencia en una gran diversidad
de prácticas educativas.
Como bien lo
dice el filósofo Teodoro Adorno: “Un ideal que ha estado presente
en la educación tradicional y que ha jugado un papel importante
ha sido: el rigor8”.
Sabemos de la exaltación que llega a hacerse desde lo educativo
del papel que debe jugar la disciplina mediante el rigor. Es por
ello que T. Adorno, después de hacer un análisis del fascismo, nos
dice que: “El ideal pedagógico del rigor en el que muchos pueden
creer sin reflexionar sobre él es totalmente falso9”.
Simple
y sencillamente porque este ideal puede crear (nos dice Adorno)
monstruos nazis o, como en el caso del Dr. Schereber, crear un sujeto
enfermo, un sujeto que pierde la razón, que enloquece. Los casos
de Hitler, Stalin y recientemente Bush nos dan una pequeña muestra,
estos sujetos se caracterizan por su arrogancia e insensibilidad
al dolor. Esto ha llevado a permitir y promover una educación basada
en el rigor, en la dureza, esto lo que ha hecho es formar un hombre
poco sensible, duro consigo mismo, duro con los demás y con la firme
idea de que esta es la única y mejor forma de educar.
Seguimos teniendo presente de que la virilidad consiste en el más alto grado
de aguante. La exaltación de la dureza que está presente en la educación,
quiere decir llanamente crear en los sujetos una indiferencia al
dolor. Por esta razón una persona dura consigo misma se arroga el
derecho de ser dura con los demás. Recordemos esta vieja idea
de que, para que el ejercicio físico sea “bueno” debe haber dolor.
Ha llegado
el momento, nos dice Adorno, de: “promover una educación que ya
no premie como antes el dolor y la capacidad de soportar los dolores”.
Para
promover una acción educativa que no premie el dolor, podemos asirnos
de la propuesta de J. C. Melich acerca de una pedagogía de la radical
novedad que se ve expresada en una pedagogía de la caricia.
La pedagogía de la caricia
De su
texto “Totalitarismo y fecundidad” mencionaremos los rasgos de lo
que para él es la caricia:
- Es una respuesta a la llamada del otro.
- Es
expresión de la responsabilidad.
- No es conocimiento sino experiencia.
- No es poder sino fecundidad.
- No es violencia sino ternura.
- No es fusión
sino relación10.
Es el
establecimiento de una relación humana diferente, porque seguramente
la caricia por sí misma no sirve para nada, no hay en ella una finalidad,
meta u objetivo propuesto, lo que simple y llanamente permite es:
ponerme en contacto con el otro; lo dice bellamente una canción:
“te llamó mi voz y tu voz le respondió”.
La pedagogía
de la caricia parte de un cambio radical de actitud del educador
hacia el educando: el educador es el que responde a la llamada de
su alumno, por eso la pedagogía de la caricia es una pedagogía ética,
porque la ética lo que niega es el poder. Por eso Melich manifiesta
que: “El maestro no es aquí el educador clásico, el que organiza,
planifica y programa. Todo ello viene después y debe venir después11”.
En esta
propuesta el alumno se convierte en el maestro ético ya que
nos enseña su vulnerabilidad, nos interpela, nos muestra sus carencias,
sus debilidades, su no poder, su no saber. Él es un acontecimiento,
todo esto, “su rostro” estalla en nuestro rostro y entonces el maestro
oye su voz, escucha y aprende, el maestro está “obligado” a aprender
y por lo tanto a responder.
Es por
ello que educar es una respuesta a la interpelación que nos hacen
los recién llegados. Porque sólo siendo responsables del otro accedemos
a la humanidad.
En esta propuesta
pedagógica, nos dicen Melich y Barcena, “la relación con el otro
no es una relación contractual o negociada, no es una relación de
dominación ni de poder sino de acogimiento12”.
Es una
pedagogía basada en una relación ética, donde la responsabilidad
y la hospitalidad son fundamentales.
Los formadores
de los futuros educadores físicos tenemos una tarea, ésta debe convertirse
en una necesidad radical: hacer un ejercicio de reflexión que nos
lleve a cuestionar los presupuestos del rigor, donde están
fundadas un buen número de prácticas, y crear colectivamente “una
pedagogía de la radical novedad” en educación física, donde
ya no se exalte el dolor y en cambio se tenga en cuenta la responsabilidad,
el acogimiento y la hospitalidad.
Esto
permitirá seguramente la posibilidad de formar sujetos sanos.
Una pedagogía
de la caricia es una pedagogía poética, una pedagogía de la sensibilidad,
como lo propone Y. Berger en su texto Vivir tu cuerpo. Una
pedagogía de la sensibilidad tiene como objetivo central una educación
de los sentidos y ellos están encarnados en el cuerpo. Una pedagogía
de la caricia en Educación Física debe partir de:
- Ver
al alumno como ese gran maestro ético.
- Ver su cuerpo y saber sus carencias, sus no posibilidades.
- Comprender que su cuerpo es diferente al de otros cuerpos.
- Y que por ello el cuerpo, como dice Nietzsche, es una gran razón.
- Una frase puede ser “hazlo conmigo” y no “hazlo como digo yo”.
Porque en el
ámbito de los aprendizajes motrices nosotros sabemos que el aprendizaje
es “una experiencia que tiene que ver con el tiempo: pues se necesita
de tiempo para aprender13” y que un aspecto importante para “aprender” es el
tipo de relación educativa que establecemos, pues “para aprender
los sujetos deben establecer un molde racional14”.
Es por
ello que para una cabal comprensión de este planteamiento
debe llevarse a cabo un proceso de formación de los futuros educadores
físicos. Es en su tránsito por las escuelas formadoras de Educación
Física donde ellos obtendrán las herramientas necesarias para ejercer
la profesión. Pero ¿qué es formación?, ¿qué es la formación docente?,
¿para qué sirve?, ¿dónde se lleva a cabo?
Sobre la Formación Docente
Para dar respuesta
a las preguntas antes planteadas, recurriremos al filósofo Alemán
H. G. Gadamer; para él, la formación está vinculada con el concepto
de cultura y designa en primer lugar el modo específicamente humano
de dar forma a las disposiciones y capacidades naturales del hombre15.
Estas
disposiciones tienen que ver con ese modo de percibir, que precede
al conocimiento y sentimiento de la vida que se vierte e impacta
la sensibilidad y el carácter de hombre.
El pedagogo
francés G. Ferry nos dice que formarse no puede ser más que un trabajo
sobre sí mismo, libremente imaginado, deseado y perseguido, realizado
a través de medios que se ofrecen o que uno mismo se procura16.
Es por ello
que la formación va a implicar un trabajo; esto es, una serie de
acciones: “(...) del ser humano sobre sí mismo, sobre sus representaciones
y sus conductas, viene a evocarse como el advenimiento ineludible
de un orden de cosas17”.
Por ello
debemos decir que la formación del hombre, lejos de limitarse a
lo estrictamente profesional, invade los diversos dominios de su
existencia, ya que uno se forma en las diversas actividades en las
que participa: en el trabajo, en la casa, en el partido. La formación
no es algo que nos llega de repente, no. Uno se forma en la responsabilidad
de los hijos, los alumnos, en fin, de los otros.
Es la
escuela a perpetuidad, según la bella frase de G. Ferry.
La formación
puede entenderse como: “...un proceso de desarrollo individual tendiente
a adquirir o perfeccionar capacidades. Capacidad de sentir, de actuar,
de imaginar, de comprender, de aprender, de utilizar el cuerpo18
(...)”.
Para
llegar a ser un profesor, esto es, para convertirse en un
educador del siglo XXI, es necesario llevar a cabo un programa
de formación docente, acorde a las exigencias del
nuevo milenio. Las escuelas de educación física del país deben estar
a la altura de las circunstancias histórico-sociales que vivimos
en estos momentos.
Una idea que
debemos desterrar de nuestro medio es la que dice: “el profesor
nace”; el profesor no nace y mucho menos trae enquistada “la vocación”
dentro de su ser, no, eso es totalmente falso. El profesor de educación
física es una construcción histórico-social que se va formando de
manera paulatina desde el jardín de niños hasta la escuela normal.
Y será en esta última en donde de manera importante irá adquiriendo
los conocimientos, los saberes, las técnicas, irá construyendo una
serie de representaciones, con las cuales llevará a cabo su labor
docente. Esto quiere decir que un sujeto que ha decidido ser maestro
requiere formarse para la docencia, para esa difícil tarea que es
enseñar a los otros. En el Plan de estudios 2002. Licenciatura
en educación física, dice: “De ahí que formarse para la enseñanza
adquiere un gran significado: el profesional de la docencia será
sensible para educar a todos atendiendo sus diferencias individuales
y culturales y estará preparado para trabajar con distintos enfoques
que posibiliten medios diferenciados de aprender. La educación física
tiene mucho que aportar a estos fines porque puede ayudar a los
alumnos a desinhibirse, a expresarse, a descubrir y apreciar el
cuerpo como elemento valioso de la persona19”.
En todo
acto educativo debe estar presente la sensibilidad. Porque para
educar debemos ser sensibles ante la diversidad de los alumnos que
tenemos. Es por ello que queremos enfatizar que el profesor es un
sujeto que asume una responsabilidad social ante el otro. Ya que
educar es un acto humano, nos convertimos en humanos cuando el otro
nos contagia su humanidad. Para llevar a cabo tan fascinante tarea
el futuro docente debe entender acerca de lo humano: de sus motivaciones,
de sus carencias, sus deseos, y sus pasiones. Estar preparado para
ello resulta uno de los grandes retos que hoy se nos presenta a
los formadores de docentes. Realizar nuestro trabajo para que el
futuro educador físico obtenga las competencias* necesarias que le permitan realizar sus
acciones de la mejor manera.
Creo, finalmente, que el educador físico del siglo XXI necesita:
Comprender
que en toda “acción educativa” no hay verdades absolutas y no hay
esencias**.
Ø
Comprender que debemos ser respetuosos ante las diferencias sociales, culturales
y de género.
Ø
Cuestionar (y desterrar) la fantasía de infalibilidad y omnipotencia que acompaña
al maestro***.
Ø
Dar a conocer el significado y funciones del movimiento y su impacto en la vida
de los niños y los adolescentes.
Ø
Apropiarse de los diferentes enfoques, de
las estrategias didácticas y de los estilos de enseñanza.
Ø
Comprender que la diversidad de “acciones motrices” redundará en la adquisición
de las “competencias motrices”, y cómo este proceso es fundamental
en la construcción de la identidad corporal del niño.
Ø
Comprender que educar es un acto de creación y no de fabricación.
Quiero
cerrar esta charla manifestando que seguramente “la pedagogía
de la caricia” es fundamental para dar un giro copernicano a
todo acto educativo y de manera especial a la educación física.
Gracias.
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