Planes y Programas

portada del libroPrograma de Estudios, 5° semestre, Licenciatura en Educación Física /
Seminario de Temas Selectos de Historia y la Pedagogía y la Educación II (Edición 2004-2005) /
Tema ii. La relación entre educación física y deporte. El deporte escolar en la enseñanza de la educación física

Durante el siglo xix surgió a nivel mundial la educación física escolarizada; el basamento histórico-cultural de esta disciplina pedagógica adquirió su concreción en los sistemas gimnásticos. El desarrollo de la gimnasia desembocó en tres grandes corrientes: la escuela alemana, la escuela sueca y la escuela francesa. Los ejercicios gimnásticos, consolidados como la primera tendencia de la educación física escolarizada, tuvieron una difusión internacional. Aunque el origen y desarrollo de la gimnasia tuvo su epicentro en los países de Europa continental, su predominio no fue absoluto, ya que en este mismo periodo surgió otra tendencia de la educación física: el deporte inglés.[12]

El surgimiento en Inglaterra de un movimiento educativo sustentado en actividades deportivas tuvo lugar en 1828, cuando Thomas Arnold (1795-1842), director del Colegio de Rugby, modificó el curriculum clásico[13] al introducir nuevas materias de enseñanza y la reforma a los métodos existentes,[14] pero sobre todo al sistematizar deportes populares como el rugby y el críquet, en cuya práctica Arnold se apoyó para desarrollar sus ideas sobre la educación física.

Thomas Arnold consideraba que la práctica libre de los deportes, organizada por los propios alumnos pero supervisada por los maestros,[15] contenía un valor formativo al favorecer la liberación de la carga excesiva de lecciones teóricas, fomentar la solidaridad, la colaboración y el apoyo mutuo, al mismo tiempo que era una vía para contribuir a la formación del carácter y la contención temperamental (canalización de la agresividad) por medio del juego limpio o fair play,[16] la aceptación de la derrota, y la responsabilidad individual y colectiva de los actos.

Para el director del Colegio de Rugby, la práctica del deporte debería contribuir, además del desarrollo corporal, a la formación moral. Arnold consideraba la actividad deportiva semejante a un microcosmos, en el cual sus interacciones reflejaban las relaciones sociales y donde la formación del carácter individual ejercía una influencia determinante para el futuro desenvolvimiento social del escolar. A este respecto, es ilustrativa la descripción que Thomas Hughes, ex alumno del Colegio de Rugby, realizara en torno a los valores que la práctica deportiva fomentaba:

      La escuela ha jugado también admirablemente, quiero hacerlo constar, y se ha defendido hasta lo último... Pero les hemos pegado. (Aclamaciones.) ¡Ah!, ¿pero sabéis por qué les hemos pegado?... Contestadme... (Voces de “por tu juego”.) ¡Tonterías!... No fue tampoco por la ventaja del saque..., eso de nada hubiera servido. No fue porque contamos con los seis mejores jugadores de la escuela... ¿Por qué ha sido entonces? Voy a deciros mi opinión. Ha sido porque tenemos más confianza los unos en los otros, más compañerismo, más unión, producida por la convivencia en la casa, que pueden tener los de la escuela. Cada uno de nosotros sabe que puede estar seguro de los demás. Por esto es por lo que les hemos pegado hoy.[17]

Las narraciones sobre el desarrollo y las incidencias de un partido que los alumnos de Rugby realizaban, son convincentes sobre los efectos que el deporte escolar producía en la formación de virtudes morales.

Bajo la dirección de Arnold se modificó la organización escolar del Colegio de Rugby, se establecieron tres medias jornadas por semana para los partidos; posteriormente, en 1845, se realizó la institucionalización del rugby, con la elaboración de las primeras reglas escritas, provocando que a partir de esta fecha la práctica deportiva se extendiera al resto de colegios ingleses, lo cual originó el surgimiento de la segunda gran tendencia de la educación física: el deporte escolar.

A partir de la segunda mitad del siglo xix, no obstante que la práctica de la educación física basada en la competición deportiva se extendió a algunos países europeos y a los Estados Unidos de Norteamérica, la hegemonía de las escuelas gimnásticas –con sus movimientos estereotipados y aprendizajes sin significación–, se mantuvo en la mayor parte de los sistemas educativos internacionales. En los centros escolares, el predominio de la gimnasia sobre la actividad deportiva se debió no sólo a la falta de planteamientos sistematizados sobre los fundamentos de la educación deportiva, sino también a la percepción de un amplio sector de la sociedad y en particular de las élites gobernantes, que consideraban que la práctica metódica de los ejercicios gimnásticos traería beneficios importantes en cuanto al vigorizamiento de la raza, es decir, a la formación integral de los escolares, que dotara a la nación de ciudadanos sanos y robustos, capaces de enfrentar cualquier contingencia bélica y de participar en los procesos de producción que exigía el desarrollo industrial.

Las ideas en torno a la aplicación de la competencia deportiva[18] con fines educativos adquirieron una perspectiva universal debido a dos situaciones: el restablecimiento de las Olimpiadas[19] y la recuperación y valoración que, de las ideas de Arnold, realizó el francés Pierre de Coubertin (1863-1937).

Coubertin fue, sobre todo, un gran pedagogo cuyo legado aún no ha sido valorado cabalmente.[20] Su ideario trasciende lo que se ha considerado la obra deportiva más monumental de la historia, es decir, el restablecimiento de los Juegos Olímpicos. Su labor en la promoción internacional del deporte siempre estuvo basada en un ideal pedagógico, ya que desde 1888 la Liga Nacional de Educación Física, fundada por Coubertin, pretendió introducir los ejercicios físicos y los juegos en todos los órdenes de la enseñanza.

Desde las olimpiadas de 1896, pasando por su renuncia (1924) como presidente del Comité Olímpico Internacional (coi), hasta su muerte, Coubertin no cejó en su lucha por pedagogizar al deporte:

      “...Conforme a vuestro deseo, permaneceré en la Presidencia hasta 1924... Si bien conservo la presidencia nominal del Comité [Olímpico Internacional], pretendo recuperar desde ahora la libertad para poner mis esfuerzos al servicio de la enseñanza popular, pues estando persuadido de que la sociedad actual no se levantará de las ruinas acumuladas por sus ambiciones y sus injusticias y de que en poco tiempo se impondrán formas sociales diferentes, veo en la difusión previa de la cultura y principalmente de los estudios históricos la única garantía para el progreso general”.[21]

Esta postura constituyó una reafirmación de su labor pedagógica deportiva, ya que anteriormente había fundado organizaciones y pertenecido a instituciones cuya finalidad no era otra que la reforma educativa: el Comité para la Propagación de los Ejercicios en la Educación y la Liga Nacional de Educación Física (ambos en 1888), la Asociación para la Reforma de la Educación Escolar en Francia (1889), la Unión Pedagógica Universal (1925), la Oficina Internacional de Pedagogía Deportiva (1926).

Estudioso de los métodos de Arnold en Rugby, Coubertin desarrolla ideas propias en relación con la importancia de la actividad física para la prevención del agotamiento mental que la excesiva carga de contenidos y horas de clase ejercían en los escolares franceses (surmenage), pero sobre todo “propone la competición deportiva como alternativa a los sistemas gimnásticos, trasladados desde el ejército bajo los criterios de Francisco Amorós, y al aburrimiento reinante en los recreos entre clases”.[22]

El pensamiento coubertiano pretendió unir al deporte y a la pedagogía como un medio que permitiera renovar la práctica de los ejercicios corporales en las instituciones de enseñanza. Las asociaciones del deporte escolar creadas por él se multiplicaron de forma muy rápida, de tal modo que en su país natal, para la última década del siglo xix, la organización de campeonatos escolares se había consolidado. En este movimiento, el restablecimiento de los juegos olímpicos tuvo una influencia determinante, incluso se considera actualmente que la unión de la pedagogía de Arnold, basada en la competición, con la idea de la restauración de las olimpiadas, fue la gran aportación de Coubertin.[23]

La obra pedagógica desarrollada por Coubertin, tanto la previa a la fundación del coi como la posterior a ella, tendría continuidad a lo largo de su vida, tanto así que la responsabilidad en la organización de las olimpiadas no impidió el freno de su labor educativa. En sus memorias olímpicas, y en clara referencia a los juegos de 1896, Coubertin insistía en el objetivo fundamental del movimiento olímpico: “En Atenas, por decirlo así, no habíamos hecho más que técnica camuflada de historia; ni congreso, ni conferencias, ninguna preocupación moral o pedagógica aparente. Apuntar hacia estos objetivos inmediatamente después de terminados los Juegos, era recordar el carácter intelectual y filosófico de mi iniciativa y situar sin rodeos la misión del coi muy por encima de las simples agrupaciones deportivas”.[24]

Los aspectos a los cuales este pedagogo francés dedicó la mayor parte de su vida, se orientaron a la implantación de un modelo pedagógico de carácter humanista que lograra la formación integral del hombre; a la consolidación de un ideal educativo basado en el logro de un equilibrio entre lo moral y lo físico; y a la renovación pedagógica universal, que aspiraba a que la práctica deportiva se extendiera más allá de los centros escolares y fuera practicada por todos los sectores sociales.[25] El ideal coubertiano se resume en la frase mens fervida in corpore lacertoso (mente cultivada en cuerpo entrenado) que superaba al ideal higiénico de mens sana in corpore sano que, según el autor, quedaba “excesivamente medicinal para las ambiciones de los jóvenes”.

La difusión de los planteamientos pedagógicos de Coubertin centrados en el ejercicio libre y natural de los deportes, aunados a la práctica de la gimnasia basada en el desarrollo armónico del aparato locomotor, consolidó la existencia, a fines del siglo xix y principios del xx, de dos tendencias de la educación física escolarizada: la gimnasia y el deporte escolar. Estas dos manifestaciones de la educación física se vieron impactadas por los avances científicos sobre el conocimiento del cuerpo que se desarrollaron en este periodo a partir de la bioquímica y la fisiología.[26]

La influencia que estas disciplinas tuvieron en la gimnasia, se manifestó en una nueva concepción pedagógica, en la cual el dominio de las posiciones y el control de los movimientos parciales, que mecanizaban y trababan el desarrollo físico completo del individuo, fueron superadas por una concepción que proponía desarrollar las cualidades necesarias para la ejecución de un movimiento; es decir, se asignaba un nuevo papel al ejercicio: se condenaba la detención del movimiento y su descomposición en una sucesión de gestos parciales y, en su lugar, se fomentaba una actividad más libre, global y espontánea. En estas nuevas propuestas, los aportes de G. Demeny y Georges Hébert, en torno a la funcionalidad de la gimnasia y el valor de los gestos naturales del individuo, desempeñarían una importancia crucial en la reorientación de los sistemas gimnásticos.

Por su parte, los deportes escolares fueron afectados en su concepción original del fomento de valores éticos, como el fair play, la honestidad deportiva y el sentido de colaboración y compañerismo, al incorporase el cronometraje de los ejercicios (record) y, por ende, el rendimiento deportivo como finalidad primordial.

Las transformaciones anteriores originaron que tanto en los ejercicios gimnásticos –en su diversidad de corrientes–, como en la práctica de los deportes escolares, predominara una metodología del rendimiento donde el instrumento pedagógico consistió en la confrontación periódica del alumno con sus propios resultados.

Las desviaciones que del deporte y sus finalidades educativas comenzaban a manifestarse de manera general, fueron abordadas por Coubertin, quien, para 1928, señalaba los “defectos peligrosos de la pedagogía del deporte”, sobre los cuales recomendaba mantener una cuidadosa supervisión: 1) la especialización temprana y la búsqueda de rendimiento precoz; 2) una excesiva carga competitiva, que pudiese ser un factor más de tensión para el joven y el niño; 3) la propuesta de modelos de ejecución que fuesen acompañados de actitudes antipedagógicas, falsedades, publicidad y recompensas materiales; 4) la no orientación o desorientación sobre los límites de cada cual, generando falsas expectativas y frustraciones; 5) el abandono del adulto, que es tan peligroso como los excesos que se puedan cometer con los jóvenes y los niños, además, lo primero puede ser consecuencia de lo segundo, y 6) la inadaptación de la pedagogía del deporte a cada tiempo y circunstancia, además de la pérdida de contacto con los fines de esa pedagogía.[27]

Sin embargo, quien analizaría de manera más sistemática la desviación de la actividad deportiva en los centros escolares de la mayoría de países donde se practicaba, incluida Inglaterra, fue Georges Hébert[28] (Francia, 1875-1957) quien, por medio de una serie de orientaciones, trataría de encauzar la especialización del deporte a una concepción educativa cuya finalidad consistía en favorecer el desarrollo proporcional del organismo.

A decir de Hébert, la práctica desviada del deporte en los establecimientos escolares franceses se originó cuando en los Liceos se organizaron concursos entre las principales academias, propiciando que los más fuertes formaran equipos para participar, y que su única preocupación, durante todo el año, consistiera en preparar las pruebas del concurso, generando con ello que los débiles y medianos quedaran marginados de esas actividades y, sobre todo, que la finalidad de quienes sí participaban fuera no la de superarse, sino la de ganar un premio y hacer alarde de superioridad”.[29]

En su obra, El Sport contra la educación física, Hébert plantea que, a pesar del título algo subversivo, su estudio no era un ataque al deporte, ni trataba de oponerlo a la educación física, sino más bien darle otra forma:

      “El Sport, bajo su verdadera forma ocupa su verdadero lugar en la educación física general de la juventud. Posee virtudes y desarrolla cualidades que no es preciso ocuparnos en enunciar, pues son bien conocidas. Ahora bien, un asunto o materia puede ser excelente por sí mismo y, sin embargo, no dar más que resultados medianos o pésimos, si al ponerlo en práctica es mal concebido o si se le emplea en fines que estén en oposición con su razón de ser. Esto ocurre precisamente hoy con el Sport. Sus tendencias actuales y sus abusos dan lugar a críticas severas y justificadas por parte de los pedagogos, así como por parte de deportistas que quieren sostener la causa de toda su pureza.

En sus intentos por precisar los campos de acción de la educación física, la gimnasia y el deporte, Hébert analizó las expresiones que se empleaban para distinguir cada una de estas actividades, las cuales, según él, generaban confusiones y producían discusiones pueriles sobre su significado, debido a falta de definiciones claras. Al deporte lo definió como “toda clase de ejercicio o actividad física que tenga por fin la realización de una perfección y cuya ejecución tenga por base esencialmente la idea de lucha contra un elemento definido; por ejemplo, una distancia, un tiempo, una dificultad material, un peligro, un animal, un adversario y por extensión contra sí mismo”. Igualmente, planteó que la idea de lucha o de esfuerzo sostenido constituía la esencia o idea básica del deporte, es decir, que el ejercicio, cualquiera que sea, fuera ejecutado predominando la idea de esfuerzo o de lucha, con el objeto de conseguir un determinado resultado.

Los planteamientos de Hébert se encaminaron a mostrar al deporte como un medio de educación para la juventud y a revisar aquellos aspectos cuya práctica mal encauzada lo convertían en un elemento de destrucción moral y física. En esta tarea distinguió dos concepciones del deporte: el deporte en su concepción verdadera o educativa, y el deporte desviado o descarriado. Al primero lo consideró como una parte integrante de la educación física, y al segundo, como un problema contra la educación física.

Además del análisis comparativo que realizó sobre las características de ambas concepciones, Hébert abordó las consecuencias que en el ámbito social traía consigo el deporte en su concepción desviada: el surgimiento del “aficionado”, es decir de la categoría de inactivos que sólo se contentan con mirar; la aparición del “profesionalismo”, o de quienes practican el deporte con el objetivo ya no de asegurar su desarrollo físico o conservarse en buen estado de salud, sino únicamente para ganar dinero; y el brote del deporte-espectáculo cuya organización se rige no por la difusión y el reclutamiento, sino por la ganancia económica.

Las ideas de Hébert sobre el lugar del deporte en la educación física, su utilidad y su esencia en la formación de valores, así como los peligros que su desviación provocaba en la formación de niños y jóvenes, no fueron valorados en su país natal ni en el resto de Europa; la causa de esta situación se debió a que el deporte en su concepción educativa no tuvo el impacto que sí tenía su manifestación social, provocada por la influencia de los Juegos Olímpicos en la mayoría de países, cuyo interés de participar estaba determinado por situaciones de índole política e ideológica, al concebir el triunfo sobre el adversario como una cuestión de superioridad étnica y sobre todo como síntoma de progreso económico y social.[30]

En sus planteamientos Arnold, Coubertin y Hébert comparten una concepción educativa sobre el deporte al considerarlo como escuela de disciplina, de control, de afán de superación, de aceptación de la propia limitación, de colaboración en equipo, de juego limpio, de caballerosidad (respeto por el adversario, aprendizaje de la derrota y respeto por el vencido) y cuya finalidad pretendía el mejoramiento del individuo y el aprendizaje para la convivencia. Esta concepción del valor pedagógico del deporte estuvo presente desde el primer tercio del siglo xix hasta la segunda mitad del xx. Esta etapa de desarrollo de la actividad deportiva escolarizada fue definida por algunos teóricos como el periodo del deporte moderno o del romanticismo deportivo.

A consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y de la división del mundo en dos bloques económicos (capitalismo y socialismo), se produce un cambio en la valoración social del deporte, al ser considerado por las élites políticas de ambos sistemas económicos como un poderoso instrumento de propaganda ideológica, situación que provocó un viraje en los propósitos que el deporte venía impulsando hasta ese momento, y dio entrada a una etapa contemporánea de la práctica de esa actividad, que tuvo como una de sus características el deporte de alta competición. El deporte de alta competición produjo una nueva visión sobre su naturaleza y fines que cambiaría drásticamente el rumbo que había mantenido hasta ese entonces, convirtiéndose en una práctica en la cual los aspectos espectaculares y de rendimiento se colocaron por encima de los propósitos eminentemente formativos.

El sentido espectacular y los resultados que exigía el deporte de alta competición trajo consigo la necesidad de esclarecer los alcances de esta manifestación pero, sobre todo, de reconocer sus repercusiones en el ámbito educativo. En este marco, los planteamientos de José María Cagigal (1928-1983) significaron un valioso aporte para la constitución de una teoría cuyos postulados permitieron caracterizar los campos de acción correspondientes, tanto al deporte de alto rendimiento como al deporte escolar.

Los resultados de los planteamientos teóricos que Cagigal realizó en torno a las relaciones entre la educación física y el deporte, confirmaron los peligros que tanto Hébert como Coubertin advirtieron sobre los riesgos y las desviaciones del deporte respecto de sus finalidades formativas. En este sentido, este pedagogo español recuperó la idea de que un deporte bien enfocado no es una panacea pedagógica, pero sí es un instrumento válido en manos de un buen educador.[31]

La gran variedad de ensayos que sobre el deporte[32] elaboró Cagigal destacaron la trascendencia humana y social del deporte como orientación básica, y la necesidad de una pedagogía deportiva que contribuyera a la formación integral del sujeto. En su obra concebía a éste como una propiedad esencial del ser humano generada a partir de las grandes formas de juego que la sociedad de mediados del siglo xx valoraba como el desempeño físico por excelencia. A decir de Cagigal, en este periodo el deporte era una actividad cotidiana que requería ser analizada para descubrir el significado de las diversas conductas sociales, generadas a partir de la institucionalización del deporte escolar y el de alto rendimiento.

Las ideas de Cagigal sobre el deporte educativo partieron del principio de que en la educación, además de la instrucción, hay vida. Por eso también hay deporte. Bajo esa premisa reconoció que el niño, debido a que se desenvuelve en una sociedad deportiva, establece relaciones constantes con el deporte, por lo que si no se le educa de manera sistemática en esta disciplina, en lugar de desarrollarse corporalmente y formarse en valores, se le expone a sufrir desequilibrios psicológicos y perjuicios físicos. Para prevenir que las situaciones anteriores se produjeran, propuso aspectos que las instituciones educativas tendrían que atender, entre los cuales se encontraba la selección de los deportes y la organización escolar, como condicionantes que garantizaban que el deporte se efectuara con un sentido incluyente y no selectivo.

Respecto a cuáles deportes incluir en la escuela, Cagigal sugirió que la oferta debería ser variada para que respondiera tanto a las preferencias como a las características de los alumnos, evitando con ello la especialización. De la organización escolar criticó que las acciones implementadas tuvieran un precoz carácter antieducativo al fomentar el campeonismo; no obstante, reconoció la importancia del agonismo en la formación y el desarrollo del carácter moral, y consideró, sobre todo, que el papel del educador era determinante para garantizar que los beneficios del deporte fueran accesibles a todos.

En sus intentos por comprender o estudiar al fenómeno deportivo del último tercio del siglo xx, Cagigal planteó una clasificación dicotómica del fenómeno deportivo concretada en dos vías o caminos: el deporte praxis y el deporte espectáculo. Ambas concepciones englobaron las distintas clasificaciones elaboradas por otros teóricos del deporte: el deporte rendimiento frente al deporte ocio o tiempo libre; el deporte resultado frente al deporte para todos, y el profesionalismo-amateurismo frente al deporte masa o educativo, entre otras.

Además de la anterior clasificación, Cagigal consideró que el deporte, en general, tenía tres elementos constitutivos: el juego, el ejercicio físico y la competición; sin embargo, explicó que en el deporte espectáculo estos tres elementos no son tan evidentes, en cambio en el deporte praxis, como práctica portadora de valores, el tono lúdico, el sentido agonal y el ejercicio físico constituyen un principio formativo.

Las ideas desarrolladas por Cagigal no trataron de eliminar la imagen del deporte espectáculo ni de luchar contra él, sino de aceptarlo como una realidad social cuya estructura, según su opinión, contenía posibilidades educativas de dimensión social.

Bibliografía básica

Cagigal, José Ma. (1957), “Selección” y “Organización”, en Hombres y deporte, Madrid, Taurus.

— (1975), “Exhibicionismo político”, “Profesionalismo”, “Internacionalismo”, “Sedentarismo”, “Los medios de difusión” y “Clasificación”, en El deporte en la sociedad actual, Madrid, Prensa Española/Magisterio Español/Editora Nacional, pp. 32-44 y 45-88.

Capel, Susan y Jean Leah (2002), Reflexiones sobre la educación física y sus prioridades, México, sep (Biblioteca para la actualización del maestro. Serie Cuadernos), pp. 11-31.

 Hébert, Georges (1925), “El Sport bajo su concepción verdadera o educativa y el Sport desviado o descarriado” y “Los fines del Sport en su concepción actual. Su oposición a los de la educación física”, en El Sport contra la educación física, G. Pérez Acosta (trad.), Barcelona, Imprenta Mercartíl, pp. 36-43 y 44-53.

Bibliografía complementaria

Arnold, P. J. (2000), “Deporte, educación moral y desarrollo del carácter” y “Deporte competitivo, victoria y educación”, en Educación física, movimiento y currículo, Madrid, Morata, pp. 44-59 y 75-91.

Coca, Santiago (1993), “Autores”, en El hombre deportivo, Madrid, Alianza, pp. 218-224.

Huizinga, Johan (1987), “El elemento lúdico en la cultura”, en Homo ludens, Madrid, Alianza, pp. 247-270.

Solar Cubillas, Luis V. (2003), “El olimpismo”, “Dimensión filosófica” y “Dimensión pedagógica”, en Pierre de Coubertin. La dimensión pedagógica. La aportación del movimiento olímpico a las pedagogías corporales, Madrid, Gymnos, pp. 110-130, 130-144 y 144-157.

Como temas de indagación, reflexión y discusión se proponen los siguientes:

1. En su escrito “El Sport bajo su concepción verdadera o educativa y el Sport desviado o descarriado”, Hébert asienta que el deporte no es una actividad separada de la educación física, sino que constituye una parte integrante de ella, y que la confusión sobre el lugar que el deporte ocupa en la educación física se origina cuando el primero se desvía de sus fines utilitarios. Asimismo, en “Los fines del Sport en su concepción actual. Su oposición a los de la educación física”, precisa que el deporte se opone a la educación física y a toda educación desde el momento que se introduce en la escuela o es practicado por la juventud de una manera exclusiva, y que precisamente debido a las desviaciones que tuvo en su época el deporte, no podía considerarse como la mejor educación física. ¿Qué razones esgrime Hébert para afirmar que el deporte no es un complemento sino una parte de la actividad física?, ¿qué características debería tener el deporte en su esencia educativa para que cumpliera con su fin utilitario?, ¿por qué considera al elemento lucha como un principio que permite que el deporte adquiera un sentido pedagógico?

Del análisis comparativo que realiza Hébert respecto a los fines de la educación física y el deporte en su concepción desviada, ¿qué diferencias esenciales se detectan entre la educación física y el deporte, y en qué son semejantes? ¿Qué relación hay entre las ideas de Hébert respecto al deporte descarriado, y los “defectos peligrosos de la pedagogía del deporte” planteados por Coubertin? ¿De qué forma los planteamientos de Hébert contribuyen a esclarecer el sentido actual de la práctica deportiva en las escuelas de educación básica?

2. La teoría deportiva de Cagigal se desarrolla en un contexto de constante cambio y evolución en donde el deporte, como fuerza política, traspasó las fronteras de los idiomas y las etnias, acelerando la instauración de estructuras, y dando paso a la institucionalización y al impulso gubernamental al deporte en su concepción de alta competición. Tomando como base la lectura de los textos de Cagigal, “Exhibicionismo político”, “Profesionalismo”, “Internacionalismo”, “Sedentarismo” y “Los medios de difusión”, identificar los factores que, según el autor, influyeron para que el deporte se consolidara como una realidad social que transformó las concepciones que sobre esta actividad física se habían desarrollado desde mediados del siglo xix.

3. En la segunda mitad del siglo xx los intentos por definir la relación de la educación física con el deporte no cesaron. En este marco, los postulados de Cagigal sobre el deporte espectáculo y el deporte praxis, constituyeron un aporte que enriqueció la concepción sobre el deporte. Cagigal integró las distintas clasificaciones que otros teóricos del deporte habían aportado, distinguiendo que en el deporte espectáculo estaban presentes, entre otras características, el resultado, la competición y el alto rendimiento; mientras que el deporte praxis buscaba integrar las necesidades de realización humana a través de un deporte para todos. En el texto “Clasificación”, analiza al deporte contemporáneo en sus dos vertientes: praxis y espectáculo. El deporte espectáculo o para pocos, lo concibe como de alto rendimiento, elitista, para ciertas edades de los seres humanos y donde predomina la espectacularidad. Mientras que el deporte praxis o para todos, incluye dos supuestos: la educación físico-deportiva, cuyas características principales son la obligatoriedad, edad escolar determinada y finalidad formativa, y el deporte para todos al cual considera opcional, para todas las edades y con carácter recreativo. Según Cagigal, ¿a qué exigencias sociales responde el deporte en la segunda mitad del siglo xx?, ¿por qué es importante para Cagigal diferenciar el deporte praxis y el deporte espectáculo?, ¿qué efectos producen en la sociedad uno y otro modelo?, ¿qué necesidades humanas cubren? ¿Por qué el deporte de resultados se aparta del deporte praxis? ¿Qué función cumplen los siguientes elementos: el juego, el ejercicio físico y la competición en el deporte praxis? Desde una perspectiva actual, ¿qué aportes brindan las dos vías del deporte contemporáneo a la formación de los educadores físicos?, ¿qué criterios se tendrían que considerar para que el deporte tenga un sentido eminentemente formativo?

4. Susan Capel y Jean Leah, en Reflexiones sobre la educación física y sus prioridades, afirman que, para la mayoría de las personas, el éxito de un programa de educación física en las escuelas se interpreta a través del triunfo de sus equipos deportivos, con lo cual se reafirma la falsa concepción de que la educación física existe con el único propósito de desarrollar la excelencia deportiva. En cambio, las autoras plantean que la selección de los deportes para su inclusión en los programas debe tomar en cuenta su potencial para el aprendizaje de los alumnos. Por otra parte Cagigal, en “Selección” y “Organización”, aborda una serie de reflexiones en torno a la importancia que la selección de los deportes tiene para el desarrollo integral de los estudiantes, y propone que en la organización escolar se evite la práctica del campeonismo y la especialización, aunque resalta el valor educativo que tiene el agón, es decir, la actitud de superación que promueve la competición, elemento que bien enfocado contribuye a la formación valoral. Asimismo, señala que en el encauzamiento adecuado del deporte, el papel de los directivos y los maestros es una condición imprescindible para garantizar que su práctica se realice en beneficio de los alumnos. ¿Cuáles similitudes se detectan entre las ideas de Cagigal y los planteamientos de Capel? Según Cagigal, una inadecuada selección de deportes entraña una serie de riesgos, ¿en qué consisten? ¿Qué repercusiones conlleva para la educación integral de los alumnos que en los centros escolares se adopte la fórmula del campeonismo? ¿Qué plantea Cagigal en relación con la participación de los alumnos en los deportes? ¿Qué aspectos sobre el desarrollo evolutivo de los alumnos debe contemplar el maestro para la práctica de actividades deportivas? ¿Cómo concibe Cagigal la relación que existe entre la educación física y el deporte?

5. Tomando en cuenta los conocimientos adquiridos en este tema respecto a la relación entre la educación física y el deporte, y con base en la experiencia adquirida en las jornadas de observación y práctica docente, ¿qué orientación predomina en el deporte que se practica en las escuelas de educación básica, y de qué manera pudieran relacionarse los elementos teóricos planteados por los autores revisados con la realización de una práctica pedagógica que considere el valor formativo del deporte?


[12] La ubicación geográfica de Inglaterra, aunada al aislamiento que padeció durante el periodo napoleónico respecto a la Europa continental, la estructura de los colleges, la tradición cultural de los juegos y las competencias aristocráticas y el interés que suscitaron en la burguesía británica ascendente, fueron situaciones que favorecieron que en esta nación insular, a diferencia del resto de países europeos, la educación física se orientara a la práctica del deporte escolar. [André Rauch, “Del rendimiento codificado a la pedagogía deportiva”, en El cuerpo en la educación física, Buenos Aires, Kapelusz, y Norbert Elias y Eric Dunning, “Introducción” y “La génesis del deporte como problema sociológico”, en Deporte y ocio en el proceso de civilización, México, fce, pp. 31-81.] arriba

[13] Thomas Arnold, “Educación de las clases medias”, “La educación de Rugby. El uso de los clásicos” y “Sobre la disciplina en los colegios”, en Ensayos sobre educación, Madrid, Calpe, 1920, pp. 9-22, 23-46 y 47-70. arriba

[14] A las enseñanzas del griego, del latín, de la geografía y de la historia, incorporó idiomas modernos, situó a la educación moral como base de toda enseñanza y se opuso al castigo corporal de los escolares. arriba

[15] La administración de los colleges se apoyaba en el gobierno mutuo; es decir, en la participación en el gobierno de los propios alumnos por estudiantes de clases superiores, ya que este sistema garantizaba el orden y la disciplina del régimen de internado que imperaba en estas escuelas públicas. arriba

[16] El fair play o “juego limpio”, constituye para este pedagogo del deporte la base sobre la cual se asienta la formación y el desarrollo de los valores humanos de la práctica deportiva. Cagigal, “Fair-Play”, en Deporte, pulso de nuestro tiempo, 1972. arriba

[17] El fragmento seleccionado describe las actividades que se desarrollaban en las ceremonias posteriores a las contiendas deportivas y cuya organización recaía en los miembros más destacados del gobierno mutuo. La obra de Hughes, Tomás Brown en la escuela (1857), constituye, junto con la Colección de Cartas, de Arnold, una de las referencias más cercanas a la obra del reformador inglés. arriba

[18] La competición o agonismo constituye una esencia educativa del deporte, al convertirse en un elemento positivo que permite la canalización y/o liberación de la ansiedad y de las acumulaciones agresivas y, por ende, un adiestramiento a la competitividad necesaria para la formación para la vida en su aspecto constructivo y creador. En este sentido el agonismo actúa como un ejercicio de energía dirigido a lograr un nivel de excelencia, que puede alcanzarse más fácilmente debido a que un equipo, como un individuo, tiende a realizarlo. Cagigal, “Agonismo”, en Deporte y agresión, 1976. arriba

[19] “Es el desarrollo del movimiento deportivo, fuera de la escuela, su repercusión sobre el pueblo, el prestigio que confiere a las naciones coronadas en las Olimpiadas, lo que va a obligar a los profesores de educación física a reivindicar la integración del deporte en los programas escolares”. Pierre Arnaud, “La educación física”, en Guy Avanzini (comp.), La pedagogía desde el siglo xvii hasta nuestros días, México, fce, p. 333. arriba

[20] De sus múltiples obras destacan El surmenage (1887), La educación en Inglaterra (1888), La educación inglesa en Francia (1889), Las universidades trasatlánticas (1890), Notas sobre la educación pública (1901), La educación de los adolescentes en el siglo xx, Lecciones de gimnasia utilitaria, Lecciones de pedagogía deportiva, Memorias olímpicas. Hay quien, incluso, ha señalado que, siendo una figura histórica, su vida pudiera titularse como la del “más famoso desconocido de la historia”. Comité Internacional Pierre de Coubertin, Pierre de Coubertin en la historia, Lausanne-Suisse, s/f, p. 2). arriba

[21] “Circular del 15 de septiembre de 1921 a los señores miembros del coi”, en Pierre de Coubertin en la historia, op. cit., p. 7. arriba

[22] Luis V. Solar Cubillas, “El olimpismo”, en Pierre de Coubertin. La dimensión pedagógica. La aportación del movimiento olímpico a las pedagogías corporales, Madrid, Gymnos, 2003, p. 122. arriba

[23] Luis V. Solar Cubillas, op. cit., p. 145. arriba

[24] Pierre de Coubertin, Memorias Olímpicas, Lausana, Bureau Internacional de Pedagogía Deportiva, 1965, p. 46. arriba

[25] Muestra de ello lo constituyen sus intentos por crear las Universidades Obreras y los Gimnasios Municipales. arriba

[26] La bioquímica cambiaría las creencias de que las fuerzas orgánicas dependían de los aportes alimenticios; es decir, del balance de consumos (entrada y salida de alimentos) como única explicación del funcionamiento del cuerpo frente a la actividad física. Ahora se consideraba la interacción de las diversas operaciones que el organismo realizaba para una mejor asimilación de alimentos que permitieran la restauración del desgaste originado por los trabajos físicos. A su vez, la fisiología permitió comprender mejor el funcionamiento del cuerpo al reconocer que la preparación física no dependía exclusivamente de una combinación de movimientos aislados sino de una unidad orgánica, esto es, de una actividad corporal global. André Rauch, “Ecuación bioquímica de las energías humanas” y “Función productora y reguladora del organismo”, op. cit. arriba

[27] Luis V. Solar Cubillas, Pierre de Coubertin. La dimensión pedagógica. La aportación del movimiento olímpico a las pedagogías corporales, Madrid, Gymnos, 2003, pp. 154-155. arriba

[28] Autor de varias obras sobre educación física, fue el creador de la Gimnasia Natural, basada en la realización de ejercicios naturales y utilitarios indispensables que eran desarrollados en las condiciones naturales del hombre: marcha, carrera, salto, trepar, elevar, lanzar, defensa y natación. arriba

[29] Hébert, Georges, El Sport contra la educación física, G. Pérez Acosta (trad.), Barcelona, Imprenta Mercartíl, 1925, pp. 103-105. arriba

[30] Esta situación provocaría que, desde los años 20 hasta la década de 1960, los contenidos de los programas de educación física incluyeran deportes y ejercicios gimnásticos, consolidándose de esta manera una práctica sustentada en las propuestas de la corriente deportiva y de los sistemas gimnásticos. arriba

[31] José María Cagigal, “Deporte y educación”, en Deporte: espectáculo y acción, Madrid, Salvat, 1981. arriba

[32] La obra de Cagigal incluye, entre otros ensayos y estudios, los siguientes textos: Hombres y deporte, Deporte, pulso de nuestro tiempo, El deporte en la sociedad actual, Deporte y agresión, Cultura intelectual y cultura física, Deporte espectáculo y acción, y ¡Oh deporte! (anatomía de un gigante). arriba

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