En los albores del siglo xxi la educación física escolarizada ha
alcanzado un desarrollo considerable en cuanto a concepciones,
corrientes, tendencias, contenidos, métodos y finalidades. Desde
su incorporación, en el siglo xix,
como asignatura escolar, se puede constatar un vertiginoso progreso
de la gimnasia, el deporte escolar, la psicomotricidad, la psicocinética,
la expresión corporal, la sociomotricidad, etcétera. Fuera del
ámbito estrictamente escolar, pero no por ello sin repercusiones
para la educación física escolarizada, las actividades físicas
y el deporte en general han experimentado también un amplio
crecimiento.
Cada una de las escuelas, tendencias o corrientes
en torno a la educación física han tenido a su vez diversas
subdivisiones y matices, dando paso a una “explosión de los
sistemas” en esta disciplina, como lo menciona During.[33]
Por ello, hablar de educación física implica hacerlo entendiendo
que se trata de un campo diversificado y complejo. Las diversas
perspectivas y métodos han generado intensos debates por el
predominio o preeminencia de una postura u otra; algunas escuelas
o corrientes no son vigentes hoy en la práctica docente y otras
están coexistiendo o conviviendo en la actualidad produciéndose
interrelaciones, influencias y controversias.
Muchos son los temas de debate contemporáneo
que podrían estudiarse en este seminario; sin embargo, existe
un importante conjunto de discusiones que giran en torno a la
reflexión teórica del campo disciplinario de la educación física,
como la definición misma de la educación física, el señalamiento
de su objeto de estudio,[34] la delimitación
de su campo de estudio, el esclarecimiento de sus métodos y
su posibilidad de constituirse como una ciencia. Estos son los
temas que se analizarán, con la intención de proporcionar a
los futuros profesionales elementos para la comprensión, la
explicación y el análisis de la práctica pedagógica actual y
de sus implicaciones en la enseñanza.
Los temas seleccionados son de gran actualidad; sin embargo,
han tenido una presencia permanente a lo largo de la historia
del pensamiento.
La educación física escolarizada comenzó a ser una realidad
palpable como materia de enseñanza a finales del siglo xix en Europa, al ser integrada a los sistemas nacionales de
escolarización de esa época. La gimnasia, poco a poco, fue incorporándose
como materia de enseñanza de carácter obligatorio en las escuelas
elementales, a excepción de Inglaterra, en la que se desarrolló
otra corriente a través del deporte escolar; lo cual favoreció
que la educación física iniciara, desde entonces, una búsqueda
por su reconocimiento, legitimación y justificación dentro de
las disciplinas escolares. La inserción de la educación física
en los programas escolares se impuso a la lógica de la escolarización
de esa época, influida por el positivismo que valoraba en mayor
medida la formación intelectual.
Por
ello la educación física, que como movimiento pedagógico consciente
no llegó sino hasta finales del xix,
ha tenido que ir acoplándose a una tradición de enseñanzas,
especializaciones, horarios, etcétera, que la han minimizado.
Uno de los más tristes aspectos que ha tenido el movimiento
en pro de la educación física es su autodefensa como asignatura
en los programas escolares.[35]
Esta búsqueda de reconocimiento, legitimación y justificación
ha sido la condicionante de la reflexión teórica de la educación
física. Con la gimnasia se iniciaron los primeros planteamientos
científicos de la educación física, auxiliándose principalmente
de la anatomía y, posteriormente, de la fisiología y la biomecánica.
Había una preocupación por hacer de la educación física una
disciplina más racional, más analítica y sistemática, y el interés
por darle un carácter de disciplina científica y pedagógica.
Sin embargo, no fue sino hasta ya entrado el siglo xx cuando en Europa, sobre todo en Alemania,
comienza a darse una verdadera reflexión teórica y se inician
los primeros planteamientos sobre cómo denominar a esta posible
nueva ciencia, qué finalidades tendría, cuáles serían su campo
y objeto de estudio y qué la diferenciaría de la educación en
general, entre otros asuntos.
Inicialmente, la educación física, ya bajo
la institucionalización de los estados nacionales modernos,
encontró su justificación a través de la gimnasia con fines
militares o higiénicos principalmente, dado el clima que habían
dejado las guerras napoleónicas, austro-prusiana y franco-prusiana
y las transformaciones en los antiguos estilos y formas de vida
poco saludables en la vida de las ciudades, así como las excesivas
cargas de trabajo intelectual en los colegios, junto con las
nuevas formas de producción, como parte del proceso de industrialización.
Sin embargo, a finales del siglo xix
y principios del siglo xx,
la educación física nacionalista-militar, médica o deportiva
se diversificaría en diferentes corrientes o tendencias llamadas
“movimientos”,[36] de donde surgen, por un
lado, las manifestaciones artístico-rítmico-pedagógicas y, por
otro, las diferentes manifestaciones técnico-pedagógicas. Esta
primera diversificación de la educación física en los llamados
“movimientos” tuvo como consecuencia los primeros brotes de
confrontación entre las diversas concepciones filosóficas que
los sustentaban. A esta etapa se le conoce con el nombre de
“guerra de los métodos”,[37] y en ella se
presentan diferentes posturas respecto a los fines de la educación
física en la sociedad y en la escuela.
En este contexto se replantea el papel que la educación física
cumplía en la escuela y se continúa la búsqueda del reconocimiento
como disciplina pedagógica, vinculada a los avances de la pedagogía
orientados hacia una nueva concepción, centrada en las necesidades
y potencialidades del niño.
Esta búsqueda de reconocimiento comenzaría a tomar como bandera
la “cientificidad” de sus prácticas y saberes gracias a las
contribuciones de las disciplinas científicas, especialmente
de la Biología, así como al desarrollo pedagógico sustentado
en la especificación de sus objetivos, la estructuración de
sus contenidos, la dosificación y la adaptación de los ejercicios
corporales destinados a la organización de la asignatura en
las escuelas.
Durante la primera mitad del siglo xix, la reflexión teórica de la educación física estuvo caracterizada
por una preocupación de sustentarla bajo el enfoque positivista
y cuyo modelo se apoyaba en el desarrollo alcanzado por las
ciencias naturales, lo que llevó a considerar el cuerpo del
escolar, para su educación, tomando en cuenta principalmente
sus características biológicas.
Las aportaciones de la psicología y el psicoanálisis
contribuyeron a un mejor conocimiento del niño y al rompimiento
de esquemas sobre las concepciones mecanicistas (un cuerpo de
órganos, funciones y necesidades). Esta imagen, heredada del
siglo xix por
la tradición médica, comienza a chocar con los descubrimientos
del papel de la musculatura involuntaria y el concepto “del
deseo” brindado por Freud.[38] En este ambiente
de nuevos descubrimientos y de un interés creciente por el niño,
surgen en la educación física las propuestas orientadas por
la psicomotricidad y la psicocinética.
Los aportes de estas nuevas corrientes en educación física
pueden considerarse como una revolución, al incorporar los elementos
psíquicos superando así la concepción dualista y dando paso
a nuevas concepciones que concebían la formación del niño de
manera integral.
Una vez terminados los conflictos bélicos mundiales, ocurridos
durante el transcurso de la primera mitad del siglo xx, y como resultado del gran eclecticismo
de métodos y corrientes que se fueron conformando alrededor
de la educación física y de las múltiples controversias antes
mencionadas, aunado al deseo de reconocimiento social y profesional
de los educadores físicos, surge con mayor fuerza la preocupación
por constituir un “corpus” de conocimientos científicos que
brindara unidad e identidad a las prácticas corporales.
A partir de 1950 surgen en Alemania los primeros
planteamientos orientados al reconocimiento de la educación
física como ciencia, entre ellos destacan los realizados por
el profesor Carl Diem,[39] quien propugnó
por una “ciencia deportiva” o “ciencia del deporte”.
Diem planteaba que la “ciencia deportiva” es el “estudio del
hombre en cuanto que se mueve”; según él esta ciencia debería
ser de corte transversal, es decir, que en su constitución participan
varias ciencias y se ubica entre las ciencias naturales y las
del espíritu; además afirmó que principalmente debería ser considerada
una ciencia pedagógica, una ciencia de la educación. Para Carl
Diem:
La
ciencia del deporte no es una ciencia que registre los conocimientos
y los logros deportivos, sino una parte del esfuerzo humano
encaminada a perfeccionar, por medio de la ciencia, la naturaleza
del hombre, sus objetivos en el mundo y las obligaciones dimanantes
de su misión... La ciencia del deporte es en gran parte ciencia
de la educación, que roza ampliamente, partiendo del fenómeno
juego, muchas otras disciplinas: filosofía, psicología, medicina,
historia de la cultura, etnología, sociología, etcétera... (Cagigal,
J. M., 1972).[40]
Posteriormente, hacia 1965, el profesor alemán J. N. Schmitz
realizó un trabajo importante de sistematización; en él clasifica
las posturas de diversos autores en dos grandes vertientes:
quienes niegan a la educación física su estatus científico autónomo
y quienes la definen en un campo independiente de otras ciencias.
Para Schmitz el que la educación física busque su fundamentación
y reconocimiento científico es algo natural, ya que el hombre
busca una explicación de su realidad (Cagigal, 1972).
Paralelamente al trabajo de Schmitz, surgió durante esta misma
época el trabajo del investigador Ommo Grupe, quien de igual
manera realizó una labor de recuperación de las diversas aportaciones
que hasta 1976 se tenían sobre el tema, a partir de artículos
publicados en revistas y de intervenciones y discusiones en
foros académicos.
En su escrito “El problema de una ciencia o de una teoría científica
de la educación física” (1964), Ommo Grupe, desde la experiencia
alemana, planteó algunas de las vicisitudes que la educación
física enfrentó en su época, en la búsqueda de que se le reconociera
como ciencia y, en este sentido, resaltó los problemas que presentaba
la definición de su objeto de estudio: ejercicios físicos o
deporte, como uno de los mayores impedimentos; sin embargo,
sus planteamientos teóricos fueron relevantes en la comprensión
de los aspectos que debían considerarse al tratar de reflexionar
para justificar tal reclamación.
Analizó la importancia de distinguir si el estudio sistemático
y la reflexión sobre la práctica del deporte y los ejercicios
físicos constituían una ciencia autónoma, una ciencia relativamente
independiente o parte de una determinada ciencia tradicional.
Para ello retomó los aportes de varios teóricos, resaltando
la importancia que, para dilucidar el carácter de la reflexión,
tenían la teoría, el campo, el objeto de estudio y los métodos
de la educación física.
Grupe propuso algunos “puntos fundamentales”, con el fin de
ubicar a la educación física como una disciplina de las ciencias
de la educación y definió los elementos imprescindibles para
su teoría pedagógica: la corporeidad, lo agonístico, lo artístico,
lo lúdico y lo didáctico.
Otro importante teórico fue el filósofo español José María
Cagigal, quien en sus obras dedicó varios capítulos a la reflexión
sobre el campo disciplinario de la educación física. En el capítulo
“La educación física, ¿ciencia?” (Deporte,
pulso de nuestro tiempo, 1972), planteó dos métodos para
estudiar lo científico de la educación física: uno teórico,
que partía del análisis de los conceptos, y otro al que calificó
como más realista y que atendía a todo el conjunto de estudios
y prácticas que formaban el corpus
aceptado, generalmente, como propio de esta disciplina. En el
segundo método, Cagigal realizó, al igual que Ommo Grupe, una
revisión de los trabajos que existían en Europa Central en la
década de los años 70, que le sirvieron para apoyar algunas
de sus conclusiones acerca del carácter científico y del objeto
de estudio de la educación física, requisito necesario para
que la educación física se constituyera como una disciplina
científica.
Cagigal abordó los avatares que enfrentó la educación física
desde que se volviera un “movimiento pedagógico consciente”.
Al igual que otros autores, afirmó que los nexos entre la educación
física y el deporte eran un factor que obstaculizaba que a la
educación física se le reconociera su valor formativo y, por
tanto, como parte de las ciencias de la educación. En relación
con las distintas reflexiones en torno a la definición de la
educación física como ciencia o como teoría, distinguió rangos
conforme a los cuales se le podía ubicar, ya sea como una disciplina
subordinada a otras ciencias, condicionada a otras ciencias,
como una ciencia relativamente, o en absoluto, independiente,
o bien como ciencia transversal.
Cagigal identificó tendencias de negación científica de la
educación física, ubicando en éstas a las concepciones que la
enmarcaban dentro de las “ciencias de la educación”. Asimismo
y junto con otros autores, consideró que un riguroso análisis
para otorgarle un carácter científico a la educación física
debería contemplar la existencia de un sistema y una delimitación
metodológica, un contenido o corpus
y un objeto específico
de estudio. En relación con este último elemento, afirmó que
“podríamos definir el objeto de nuestra ciencia como ‘el hombre
en movimiento o capaz de movimiento, y las relaciones sociales
creadas a partir de esta aptitud o actitud’. Así, el mundo del
deporte, hasta sus más empinadas manifestaciones internacionales,
son objeto de estudio de esta ciencia”; es decir, concibió a
la educación física como una ciencia: “La educación física va
estructurando sus conocimientos, se esfuerza por estandarizar
internacionalmente los métodos de observación, adquiriendo una
sistemática cada vez más específica y delimita su objeto propio,
concretándolo en el hombre en movimiento, o en cuanto capaz
de movimiento, con todas sus consecuencias culturales. Tiene,
pues, los ingredientes para ser considerada ciencia”.
En años recientes, el profesor e investigador
francés Pierre Parlebas,[41] autor de obras
como Elementos de sociología
del deporte, Perspectivas
para una educación física moderna, Las
cuatro esquinas de los juegos, Juegos,
deporte y sociedad: léxico de praxiología motriz, entre
otras, realizó importantes aportaciones sobre la cientificidad
de la educación física.
Según su punto de vista, la educación física no es una ciencia,
sino una práctica pedagógica apoyada en el conocimiento científico.
Asimismo, esta disciplina, en su búsqueda de resultados sobre
los comportamientos de los niños, deberá abordar la práctica
desde un punto de vista motriz, es decir, “desarrollar un campo
de conocimiento científico que tome como objeto el gran conjunto
de las actividades físicas, que ponemos bajo la etiqueta de
la acción motriz”.
A la acción motriz,[42]
la concibe como
el denominador común de todas las actividades físicas incluyendo
los juegos, los deportes y la expresión corporal, por lo que
considera que es la que aporta identidad a la educación física,
constituye su unidad, conforma su especificidad y, por ende,
se convierte en su objeto científico: “creemos que la educación
física encierra un objeto original que le permite afirmar su
identidad: su objeto no es otro que la ‘conducta motriz’. Desde
esta óptica la definición es simple: la educación física es
una pedagogía de las conductas motrices”.
Con Parlebas se completa la relación de autores que aportaron
ideas al debate contemporáneo acerca del campo disciplinario
de la educación física y sus implicaciones en la enseñanza,
sin que esto signifique que los planteamientos de otros teóricos
de la educación física no puedan incorporarse. Al contrario,
se sugiere que el maestro, con base en su experiencia y sus
conocimientos y en acuerdo con los estudiantes, generen la inquietud
por la indagación y el estudio y, sobre todo, promuevan la incorporación
de otras posturas que contribuyan, de manera fundamentada y
reflexiva, al enriquecimiento de la discusión y del debate del
status del campo de la educación física y de su influencia en
las prácticas educativas.
Bibliografía básica
Cagigal, José María (1972), “La educación física, ¿ciencia?”,
en Deporte, pulso de nuestro
tiempo, Madrid, Editora Nacional.
Grupe, Ommo (1976), “El problema de una ciencia o de una teoría
científica de la educación física”, en Estudios sobre una teoría pedagógica de la educación física, Madrid,
Instituto Nacional de Educación Física, pp. 9-31.
Lagardera Otero, Francisco y Pere Lavega Burgués (2003), “Juegos
y deportes como productos del actuar humano”, “Las ciencias
del deporte” y “La praxiología motriz”, en Introducción
a la praxiología motriz, Barcelona, Paidotribo, pp. 19-46.
Parlebas, Pierre (1997), “Problemas teóricos y crisis actual
de la educación física”, en Lecturas:
Educación Física y Deportes, año 2, núm. 7, Buenos Aires,
http://www.efdeportes.com (conferencia).
Bibliografía complementaria
Arnold, P. J. (2000), “Educación, escolarización y el concepto
de movimiento”, en Educación
física, movimiento y currículum, Madrid, Morata, pp. 127-139.
Blázquez, Domingo (2001), “Un poco de historia”, “Las corrientes
actuales”, “Pero... ¿qué entendemos hoy por educación física?”
e “Y... ¿para qué sirve? Los objetivos y los contenidos?”, en
La educación física, Barcelona, inde, pp. 7-20, 21-30, 31-44 y 45-57.
Coca, Santiago (1993), “El hombre físico”, en El hombre deportivo, Madrid, Alianza, pp.
289-326.
García, Antonio (2001), “Educación física: identidad de la
disciplina” y “La educación física según distintos paradigmas”,
en Aprendizaje y enseñanza en la educación física.
El desafío de implementar prácticas reflexivas, Argentina,
Instituto del Profesorado en Educación Física, pp. 19-38 y 41-48.
López Rodríguez, Alejandro (2003), “¿Es la educación física,
ciencia?”, en Lecturas:
Educación Física y
deportes, año 9, núm. 62, Buenos Aires,
http://www.efdeportes.com/edf62/ciencia.htm
Rodríguez López, Juan (2000), “Cuarta parte. Revisión de autores
sobre la ciencia del deporte y de la educación física”, en Deporte y ciencia. Teoría de la actividad física,
Barcelona, inde,
pp. 227-287.
Vicente Pedraz, Miguel (1988), “Segunda parte. Orígenes y evolución
de la teoría de la educación física”, en Teoría pedagógica de la actividad física, Madrid, Gymnos, pp. 43-78.
Como temas de indagación, análisis, reflexión
y discusión se proponen los siguientes.
1. La educación física se incorporó como asignatura escolar
en Europa durante la segunda mitad del siglo xix.
La gimnasia fue la actividad física que con carácter obligatorio
se integró a los planes de estudio en la educación básica, a
excepción de Inglaterra, donde se dio mayor importancia al deporte
escolar. A partir de entonces, los profesores dedicados a impartir
esta disciplina han tratado, no siempre con éxito, de que se
le dé la misma importancia que a otras disciplinas en la formación
de niños y adolescentes. ¿Por qué la gimnasia se incorporó como
disciplina escolar obligatoria? ¿Por qué a la gimnasia no se
le otorgaba la misma importancia que a otras disciplinas en
la formación de niños y adolescentes? ¿Por qué la integración
de la educación física como disciplina escolar obligatoria contribuyó
a la reflexión teórica acerca de su carácter científico?
2. Al iniciarse el siglo xx,
los planteamientos positivistas acerca de las ciencias prevalecían
en todos los campos del conocimiento; por ello, la educación
física tuvo que apoyarse en diferentes disciplinas científicas,
como la Biología, la Anatomía o la Fisiología, para que sus
prácticas y conocimientos se fueran considerando como un campo
científico en particular. Por otra parte, los avances de la
pedagogía permitieron que se replantearan las prácticas y los
fines de la educación física, retomando algunos referentes sobre
la educación integral de los niños y los adolescentes, sin despojarse
de la idea de que una buena educación física finalmente serviría
de apoyo a un buen desarrollo intelectual, que seguía siendo
la prioridad educativa. ¿Por qué la visión positivista de las
ciencias obstaculizaba el reconocimiento de la educación física
como ciencia? ¿Por qué desde el inicio de las reflexiones acerca
de la cientificidad se presentaron problemas conceptuales respecto
al nombre de esta disciplina: educación física, “ciencia del
deporte” o “ciencia del movimiento”, entre otros? ¿Cuáles fueron
las dificultades para delimitar su campo de estudio? ¿Por qué
el deseo de un reconocimiento social y profesional de los educadores
físicos impulsó la reflexión acerca de la cientificidad de la
educación física?
3. La educación física, como todas las disciplinas del conocimiento
humano, está en estrecha relación, en mayor o menor grado, con
otras áreas del conocimiento; recibe y aporta a la investigación
científica diferentes aspectos de la realidad. Desde las primeras
reflexiones acerca de la delimitación de su campo de estudio
se plantearon diferentes problemas en virtud de su estrecha
relación con otras disciplinas, como la Biología, la Anatomía
y la Fisiología entre otras; también se discutía acerca de su
papel dentro de las ciencias de la educación, sobre todo cuando
se consideró que la formación de niños y adolescentes debería
ser de manera integral. ¿Por qué al delimitar el campo de estudio
de la educación física algunos investigadores consideran que
es una ciencia transversal? ¿Por qué algunos autores consideran
que el campo de estudio de la educación física se encuentra
entre las ciencias naturales y las ciencias del espíritu? ¿Por
qué algunos teóricos consideran que la educación física no es
una ciencia sino sólo una práctica pedagógica? ¿Qué diferencia
existe entre los planteamientos que consideran a la educación
física como ciencia y los que señalan que sólo debe apoyarse
en conocimientos científicos para su enseñanza?
4. Desde que la actividad física se incorporó como asignatura
escolar, ha tenido problemas para delimitar su objeto y su campo
de estudio. Es decir, la importancia que se le ha dado en la
vida escolar ha sido paralela a su valoración frente a otras
disciplinas escolares; es por ello que, al sujetarse a horarios,
programas y a la organización escolar en general, se observa
que se relegó a un segundo plano. ¿Por qué a pesar de que se
habla insistentemente de la formación integral del niño, la
educación física se ha considerado de menor importancia? ¿Cómo
se refleja esta situación en la participación del educador físico
al interior de la escuela? ¿Cómo influye en la vida escolar
la valoración de la educación física como ciencia, como práctica
pedagógica, o como actividad recreativa o deportiva? En los
últimos años, a partir de los nuevos planteamientos científicos
y pedagógicos, y de tus observaciones de la práctica docente,
¿consideras que hay cambios importantes en la valoración de
la educación física en la escuela; en la formación y participación
del educador físico en los asuntos escolares y en la sistematización
de la enseñanza de esta disciplina?
Para
Bertrand During, la diversidad de prácticas y de referencias
teóricas ponen el acento en la existencia de una crisis interna,
crisis de identidad y de definición. During, B., La crisis
de las pedagogías corporales, Andalucía, Unisport, 1992.
De
acuerdo con lo que apunta Miguel Vicente, objeto de estudio
de una disciplina científica o precientífica se puede aplicar
en tres sentidos: a) como tema de estudio, b)
como productos propios del quehacer científico (constructos
teóricos), y c) al objeto de una investigación. Para
abundar más en este concepto véase a Miguel Vicente Pedraz,
Teoría pedagogíca de la actividad física, España, Gymnos,
p. 59. 
Cagigal,
J. M. (1972), Deporte, pulso de nuestro tiempo. 
Véase
Blázquez, Domingo (2001), La educación física, Barcelona,
inde. 
Broyer,
Gérad, “Expansión de la biopedagogía”, en Guy Avancini, La
pedagogía en el siglo xx,
Madrid, Narcea, 1987. 
Gérad
Broyer, op. cit., pp. 100-106. 
Carl
Diem (1882-1962), profesor de educación física alemán, fue director
del Instituto Superior de Educación Física de Colonia. Doctor
Honoris Causa en Medicina, es considerado como el sucesor espiritual
de P. de Coubertin. Escribió, entre otras obras, Historia
de los deportes. En 1958, con ocasión del Congreso Internacional
por una Educación Física Contemporánea, celebrado en Suiza,
fue consagrado como máxima autoridad mundial de educación física.
Su obra pedagógica, filosófica y científica constituye el hito
más importante en la historia de la educación física moderna.
Miguel Vicente Pedraz, op. cit., p. 33. 
Este
párrafo, que pertenece a Diem, se retomó del trabajo realizado
por Schmitz que a su vez retoma a Cagigal en “La educación física,
¿ciencia?”, en Deporte, pulso de nuestro tiempo. 
Uno
de los grandes aportes de Parlebas es la clasificación que realiza
de los juegos y los deportes. Este autor se refiere a juegos
psicomotrices “cuando la actividad se desarrolla en solitario,
sin interacción corporal con otros participantes”. En cambio,
alude a los juegos sociomotrices “cuando la situación se basa
en intercambios entre diversos practicantes”. La anterior clasificación
conlleva, según este teórico, al análisis de la acción motriz
como el objeto propio de las actividades físicas, lo que permite
que en la enseñanza de la educación física se logren identificar
ámbitos de la acción motriz y sus correspondientes situaciones
motrices, propiciando con ello que el conjunto de las prácticas
físicas y deportivas sean inteligibles tanto científica como
profesionalmente, Pierre Parlebas, “Prólogo del autor a la edición
2003”, en Elementos de sociología del deporte, Málaga,
Instituto Andaluz del Deporte/Junta de Andalucía, 2003, pp.
21-26. 
“Proceso
de realización de las conductas motrices de uno o varios sujetos
que actúan en una situación motriz determinada”, Pierre Parlebas,
Juegos, deporte y sociedad: léxico de praxiología motriz,
Barcelona, Paidotribo, 2001, p. 41. 