El
escenario en que trabajará el futuro educador físico es la escuela,
unidad básica del sistema educativo; ante la complejidad, la diversidad
y la masificación que la caracterizan, deberá desempeñar una práctica
pedagógica amplia, diversa e incluyente y promover una educación
física flexible y capaz de adaptarse a las realidades de los niños
y los adolescentes. En su práctica considerará el derecho de los
educandos a practicar su motricidad en condiciones adecuadas,
a partir de un espacio apropiado para mitigar las asperezas, desigualdades
e incompetencia motriz.[1]
El
trabajo del educador físico se ubica en un contexto institucional,
en el cual confluyen un conjunto de personas organizadas alrededor
de objetivos comunes y con funciones reguladas por una serie de
normas, responsabilidades y ocupaciones. Por ello, se analizan
las peculiaridades de un plantel escolar, al que se comprende
como un servicio público con bases organizativas para el desarrollo
de acciones pedagógicas por parte del colectivo docente.
Se
pretende que, con el estudio de los contenidos temáticos de esta
asignatura, el estudiante reconozca las formas de organización
de la escuela, identifique los problemas que se van presentando
en la dinámica escolar y proponga soluciones que se apoyen en
el trabajo colegiado y la gestión educativa, para alcanzar el
logro de los propósitos educativos y su vinculación con las necesidades
básicas de aprendizaje.
A
su vez, el titular de esta asignatura debe asumir
la docencia como un ejercicio de liderazgo académico ante el grupo,
lo cual implica tanto el conocimiento a profundidad del programa
de estudio, de sus materiales de apoyo y de las asignaturas que
se cursan en sexto semestre, como la aplicación de una práctica
docente amplia, diversa e incluyente. El tratamiento de los
contenidos requiere que se propicie un ambiente adecuado de trabajo,
ya que el respeto, la tolerancia y la responsabilidad generadas
al interior del grupo son fundamentales para promover la convivencia
y favorecer la participación activa e intencionada de los estudiantes.
De
esta manera, la formación inicial del maestro de educación física
será congruente con el enfoque de la educación que se busca ofrecer
a los niños y a los adolescentes, y él reconocerá que la forma
en que cada escuela funciona es uno de los elementos más importantes
que condicionan los aprendizajes de los alumnos y, en consecuencia,
el alcance que se puede tener de las metas educativas establecidas
para cada nivel. Si bien es cierto que en ello intervienen múltiples
factores, relacionados con las características tanto del servicio
(disponibilidad y uso adecuado de materiales; estructura de los
planteles; formación, experiencia y estilos de trabajo de maestros
y directivos) como de la población atendida (nivel socioeconómico,
rasgos culturales y ubicación geográfica), desde hace ya varios
años se observa la gran influencia que la mecánica cotidiana tiene
en la calidad de los servicios que ofrece cada plantel; a dicha
mecánica, en su conjunto, se le denomina gestión escolar.
Los
rasgos de la gestión escolar que se han identificado como favorables
para el logro de la misión de la escuela son los siguientes:
[2]
En
este sentido, es importante que los futuros profesionistas en
educación física se reconozcan y sean identificados como miembros
activos de la vida escolar, lo que les permitirá estar en condiciones
propicias para participar, de manera comprometida, en el mejoramiento
de las escuelas donde realizarán su labor docente.