En el logro
de los propósitos formativos que la educación física plantea para
el desarrollo integral de niños y adolescentes, confluyen una
serie de factores que lo pueden favorecer o que lo limitan. El
factor más importante se relaciona con las características de
la evolución histórica de esta disciplina, en particular con la
cobertura de atención en los niveles, modalidades y servicios
educativos de la educación básica. Al respecto, la información
generada por la Secretaría de Educación Pública indica una marcada
insuficiencia de educadores físicos, que imposibilita atender
profesionalmente las necesidades que en los ámbitos de la motricidad
deben satisfacerse para alcanzar una educación de calidad, con
equidad y pertinencia; en el ciclo escolar 2002-2003, la estadística
básica del sistema educativo nacional registró la existencia de
203 970 escuelas públicas y particulares, una matrícula general
de 24 304 400 alumnos de preescolar, primaria y secundaria, y
un total de 1 060 143 profesores adscritos a la educación básica.
De estos últimos, sólo 5.2% son educadores físicos, es decir,
55 346; situación que propicia que a nivel nacional exista un
maestro de educación física por cada 10 jardines de niños, uno
por cada tres escuelas primarias, y uno para cada dos secundarias,
o dicho de otra manera, que a cada educador físico le corresponda
atender, en promedio, a 439 alumnos de educación básica.
A la falta
de cobertura de la educación física en las escuelas de educación
básica del país, se suman una serie de situaciones que impactan
no sólo en la enseñanza de esta disciplina sino en la propia organización
y funcionamiento del sistema educativo en general: a) el
aislamiento e incomunicación geográfica de algunas localidades,
en las que se requieren los servicios educativos, b) la
dispersión demográfica en que habitan amplios sectores de la población
en edad de cursar la educación básica, c) la diversidad
cultural del país; manifiesta, sobre todo, en las comunidades
indígenas, que se caracterizan por una amplia variedad étnica
y lingüística, y que demandan una atención educativa diferenciada
que respete a sus usos y costumbres, d) el surgimiento
de zonas urbanas marginales o en extrema pobreza, lo que conlleva
que la labor educativa en esas zonas deba realizarse considerando
la influencia que en el logro del aprovechamiento escolar tienen
los contextos socioeconómicos, culturales y familiares de donde
provienen los niños y adolescentes, y e) la obligatoriedad
de los tres niveles que conforman la educación básica y, por tanto,
la masificación escolar y el incremento de grupos por atender.
Las situaciones
anteriores, generadas por una sociedad pluricultural, provocan
que el panorama educativo en el cual se desempeñarán los futuros
educadores físicos se caracterice como diverso y complejo; razón
por la cual es imprescindible que éstos desarrollen una gran sensibilidad
y adquieran una sólida preparación académica que les permita educar
con calidad y pertinencia a todos los alumnos, respetando sus
diferencias de condición social y sus características individuales
o culturales, a través de estrategias que hagan posible modos
diferenciados de aprender. En este sentido, en el diseño de la
asignatura regional, el respeto y la atención a la diversidad
deberá concretarse en una propuesta que considere entre sus finalidades
el desarrollo de las capacidades personales, sociales, intelectuales
y motrices de los niños y los adolescentes que cursan la educación
básica. Así pues, la atención a la diversidad constituye el sustento
de un proyecto de nación que busca superar la exclusión, y se
convierte en un reto del sistema educativo nacional que pretende,
desde los diferentes contextos educativos, superar prejuicios
y conductas basados en las diferencias de cultura, lengua, religión,
género, edad, ideología o condición social.
Mediante el
enfoque intercultural, como una estrategia de intervención pedagógica,
a la educación le corresponde “fortalecer el conocimiento y el
orgullo de la cultura a que se pertenece, para poder entablar
relaciones interculturales que tengan posibilidades de simetría;
le compete enseñar la lengua propia, la que permite nombrar el
mundo y fortalecer su cultura, así como enseñar y enriquecer el
lenguaje que nos permite comunicarnos como mexicanos; le toca
hacer que conozcamos y valoremos los aportes culturales de los
pueblos que comparten nuestro territorio; le atañe lograr que
los integrantes de diversas culturas convivan de manera respetuosa
y mutuamente enriquecedora; le corresponde, por último, desarrollar
una conciencia ciudadana que se preocupe por la injusticia, y
ofrecer herramientas para combatirla en la vida cotidiana” (ProNaE,
2001-2006).
Los aspectos
generales que en nuestro país orientan la práctica de una educación
con enfoque intercultural son: a) la recuperación del
entorno y de las experiencias previas de los alumnos, b)
la organización del trabajo en el aula, y, c) el
uso de recursos didácticos.1
En
conjunto, estos aspectos constituyen un punto de partida para
que en la planeación de actividades se consideren diferentes puntos
de vista y, sobre todo, para generar la reflexión sobre la forma
en que esta diversidad incide en las relaciones de aprendizaje;
permiten, asimismo, la implementación de estrategias que fomentan
el intercambio cultural mediante el estudio de los contenidos
educativos y propician la aplicación de metodologías elaboradas
con base en las características concretas de los alumnos a los
que va destinada, estimulan el desarrollo de habilidades que conduzcan
a la construcción de un diálogo entre el docente y los alumnos,
entre éste y otros docentes y entre los alumnos mismos, así como
la vinculación de lo que se aprende en la escuela con lo que sucede
fuera de ella de manera cotidiana; igualmente, la consideración
de los aspectos arriba señalados favorece que los procesos de
aprendizaje no se limiten al entorno de la escuela o la comunidad
sino que se acceda a recursos donde los niños y adolescentes se
relacionen con formas diferentes de ver y entender el mundo.
En la educación
física, el enfoque intercultural deberá estar presente como un
criterio pedagógico que se concrete, entre otros aspectos: en
la necesidad de una intervención pedagógica en los ámbitos de
la actividad motriz, que contribuya al pleno desarrollo de las
personas a través de la promoción de las prácticas formativas,
deportivas, recreativas y saludables; en la concepción de que
la educación física es una manifestación social que hace factible
la convivencia en igualdad de condiciones y sin discriminación
de ningún tipo; en el compromiso de que por medio de la educación
física se promuevan relaciones armónicas y se respete la integridad
física, moral e ideológica de las personas de las diferentes culturas;
en la reflexión crítica permanente ante la diversidad de significaciones
que se le otorgan al cuerpo y sus respectivas prácticas corporales
educativas, tomando como fundamento y principio universal la declaración
de los derechos del hombre; y en la finalidad de que los seres
humanos, por medio de las actividades físicas, tengan la posibilidad
de integrarse de forma autónoma, reflexiva y responsable en la
sociedad y que contribuyan a hacer de ésta un espacio social solidario,
compartido y construido en común.2
En Asignatura
Regional, el enfoque intercultural tendrá que abordarse de manera
transversal, debido a lo cual, las autoridades estatales, los
directivos de las normales y los integrantes de los equipos académicos
deberán cuidar que en las propuestas de los temas que se sugieran,
se incorporen las orientaciones y los elementos del enfoque intercultural
para la educación básica.
Con base en
los criterios anteriores y con la intención de que los egresados
de las escuelas normales adquieran una formación para dar respuesta
con pertinencia y equidad a la realidad educativa nacional en
cualquiera de los contextos socioculturales, niveles, modalidades
o servicios educativos, la Subsecretaría de Educación Básica y
Normal propone que en la Asignatura Regional se consideren los
siguientes temas: