| Programa
de Estudios, 7° semestre, Licenciatura en Educación Física
/
Lineamientos
para la Organización del Trabajo Académico durante
Séptimo y
Octavo Semestres (Ed. 2005)/
Anexo
3
Enfoque
de educación física en la educación básica*
La
escuela de educación básica es el escenario educativo donde trabajará
el futuro docente de educación física y se caracteriza por su complejidad,
diversidad y masificación. En esta complejidad, la escuela
requiere poner más atención a los sujetos que aprenden, así como
garantizar una educación de calidad mediante una base común de competencias,
conocimientos y actitudes que les permitan desempeñarse satisfactoriamente
en la sociedad. La diversidad exige al profesor de educación
física ser sensible para conocer y atender las diferencias individuales
y culturales de los alumnos, así como estar preparado para trabajar
con distintos enfoques que tomen en cuenta sus modos diferenciados
de aprender. Finalmente, la masificación de la escuela pone al educador
físico frente al reto de propiciar que todos los alumnos, sin excepción,
adquieran aprendizajes a través de la actividad corporal y motriz.
La
escuela también demanda una gestión, una organización y un impulso
de la educación física que la haga más flexible, a través de la
realización de actividades idóneas, que tengan sentido para los
alumnos y sean congruentes con las características, necesidades
y realidades locales o regionales.
Al
respecto, la educación física tiene mucho que aportar, porque ayuda
a los escolares a expresarse, a descubrir y apreciar el cuerpo como
elemento valioso de la persona, y a desinhibirse; asimismo, favorece
la adquisición de conocimientos, hábitos y actitudes para el fomento
de la salud y el desarrollo en los campos intelectual, afectivo
y social, de modo que puedan alcanzar una formación integral que
contribuya a elevar su calidad de vida.
Es
necesario que el educador físico, en cada sesión de trabajo: cree
ambientes de aprendizaje favorables para los alumnos –de respeto,
buen trato, aliento, apoyo mutuo, entusiasmo e interés, seguridad,
confianza, de gusto por realizar la actividad, abiertos a las sugerencias,
con sentido y claridad de lo que se llevará a cabo–, en los que
haya un aprovechamiento efectivo del tiempo en lo que es prioritario,
y atienda las diferencias individuales y los distintos intereses
por la actividad física.
Es
indispensable, por tanto, una práctica pedagógica con propósitos
claros, diversificada e incluyente, donde cada alumno, mediante
la educación física:
- Desarrolle sus capacidades para
expresarse y comunicarse.
- Sepa adquirir y utilizar información.
- Desarrolle el pensamiento y las
habilidades para resolver problemas.
- Mantenga la disposición para
el estudio y el gusto por ir a la escuela.
- Se sienta seguro y competente
en el plano motor.
- Desarrolle las capacidades que
le permitan enfrentar desafíos y fortalezcan su creatividad, autoestima
y motivación.
- Sea capaz de adaptarse y manejar
los cambios que implica la actividad cinética; es decir, tener
el control de sí mismo, tanto en el plano afectivo como en el
desempeño motor, ante las diversas situaciones imprevistas que
se dan en la acción.
- Sepa apreciarse y respetarse
a sí mismo y a los otros.
- Proponga, comprenda y aplique
reglas para la convivencia y el juego limpio.
- Se integre al grupo escolar y
al trabajo en equipo; es decir, desarrolle el sentido comunitario.
- Sea responsable y ejerza la autonomía
personal.
- Conozca sus derechos y deberes,
sepa aplicarlos y hacerlos valer.
- Cuide su salud mediante la adquisición
de información, el fomento de hábitos que la mantengan y refuercen,
la práctica regular de la actividad motriz y la prevención de
accidentes.
- Desarrolle actitudes tanto para
conservar el ambiente y emplear de manera racional los recursos
naturales, como para preservar el patrimonio cultural.
- Sea capaz de seguir aprendiendo fuera de la
escuela y aplique lo que sabe.
Por
las razones anteriores, la escuela normal orienta la formación académica
de los futuros educadores físicos mediante seis grandes líneas que,
a manera de enfoque, se consideran pertinentes para lograr los aprendizajes
de niños y adolescentes, así como las finalidades de la educación
básica. Estas líneas de reorientación de la educación física en
la educación básica, se describen brevemente a continuación.
1.
La corporeidad como base del aprendizaje en educación física
La
corporeidad es parte constitutiva de la personalidad, comprende
el conocimiento y la representación que la persona hace de su cuerpo.
Cuando un niño o un adolescente se mueven, actúan como un ser total;
manifiestan su unidad corporal, conformada por conocimientos, afectos,
motivaciones, actitudes, valores, y por una herencia familiar y
cultural.
Esta
concepción del cuerpo y de la motricidad implica repensar la educación
física –ya que debe responder al ser en toda su complejidad–, considerando
que cada sujeto construye un estilo propio de movimientos intencionados,
creativos e inteligentes que le caracterizan como ser humano y que
el maestro favorecerá este desarrollo desde una perspectiva integral.
2.
La edificación de la competencia motriz
La
competencia motriz es un proceso dinámico que evoluciona y cambia
según la edad de la persona, sus capacidades y sus habilidades;
se entiende como la capacidad para dar sentido a su propia acción,
orientarla y regular sus movimientos, comprender los aspectos perceptivos
y cognitivos de la producción y el control de las respuestas motrices,
relacionándolas con los sentimientos que se tienen y añaden a las
mismas, y la toma de conciencia de lo que se sabe que se puede hacer
y de cómo es posible lograrlo.
El
mejoramiento de la competencia motriz requiere de una práctica variable
y abundante en la que se presenten problemas a resolver, mediante
los cuales los alumnos exploren con autonomía sus propios recursos
para actuar de manera eficaz, confiada y segura, en lugar de limitarse
a reproducir modelos señalados por el maestro. Asimismo, a través
de la edificación de la competencia motriz los niños y los adolescentes
aprenden el procedimiento para realizar una tarea motriz (saber
hacer), aplicar este procedimiento o conocimiento en diversas situaciones
problemáticas o de aprendizaje (saber actuar) y asumir conductas
o valores durante la realización de un juego o una acción motriz
(saber desempeñarse).
3.
El juego motor como medio didáctico de la educación física
El
juego permite poner a los alumnos y a sus necesidades formativas
en el centro de la actividad pedagógica, pues al realizar actividades
motrices favorecen su salud, se relacionan, colaboran y comparten
durante el tiempo de ocio; además, resultan actividades placenteras
y catárticas para ellos. Es importante atender y aprovechar el gusto
de los escolares por el juego para que, por este medio, logren la
integración de su corporeidad y la edificación de su competencia
motriz, así como desplegar sus competencias de tipo cognitivo, afectivo
y social.
Si
se toman en cuenta las condiciones y los conocimientos previos de
cada niño y adolescente, el juego motor puede contribuir al reforzamiento
y la vinculación de los contenidos aprendidos en el aula, y mejorar
sus niveles de comunicación, expresión y socialización. El juego
también educa a los futuros ciudadanos porque representa una experiencia
para la interacción social en el marco de la escuela.
4.
La diferenciación entre educación física y deporte
El
deporte ha servido como un medio de exhibición en las escuelas y
tradicionalmente ha favorecido la participación de los alumnos más
destacados para competir –incluso, algunos han sido sometidos a
entrenamientos inadecuados para su nivel de crecimiento y desarrollo.
En otros casos, se excluye de las actividades deportivas a alumnos
por su falta de habilidad motriz, cuando debieran ser quienes recibieran
mayor compromiso y atención por parte de los maestros de educación
física. Además, en estas circunstancias, generalmente no se integra
al grupo completo. Si consideramos que el deporte debe estar al
servicio de los alumnos y no al contrario, éste resulta ser un medio
adecuado para la formación y la educación física de niños y adolescentes,
porque permite poner a prueba los distintos dominios motores de
los alumnos, aprovechar el agón –sentimiento de vencer obstáculos,
miedos e incertidumbres, de conocerse o enfrentarse consigo mismo
y disfrutar lo realizado–, recuperar el sentido lúdico, promover
el cuidado de la salud, así como transmitir valores, normas y contenidos
éticos para la convivencia social y el trabajo en equipo. Se requiere,
entonces, impulsar una práctica deportiva donde participen todos
y no sólo quienes destacan en la ejecución de un deporte.
5.
La orientación dinámica de la iniciación deportiva
La
iniciación deportiva pretende atender y canalizar las distintas
motivaciones que niños y adolescentes tienen respecto a esta actividad,
por lo que se fomenta: a) el desarrollo de las habilidades
motrices básicas –orientadas a resolver múltiples situaciones de
motricidad en que impera un alto grado de incertidumbre y en las
que hay que adecuar la respuesta motriz a un entorno cambiante–
que promuevan una formación genérica y polivalente en el campo del
comportamiento motor y de la iniciación deportiva, a través de principios
pedagógicos que favorezcan la adquisición de capacidades, habilidades,
destrezas, conocimientos y actitudes que son necesarios para desenvolverse
y desempeñarse de manera eficaz; b) la canalización del agón,
sin perder la dinámica de los juegos de oposición, es decir, una
educación del agón para favorecer en los escolares el sentimiento
de superación, aprender del triunfo y de la derrota, saber jugar
limpiamente y en colaboración con los otros; c) la vigorización
física para promover un estilo activo y saludable de vida y contrarrestar
el sedentarismo, y d) el aprovechamiento o la recuperación
del placer que los niños y los adolescentes experimentan al jugar.
Con
esta orientación, el sentimiento de vencer obstáculos, conocerse
o enfrentarse consigo mismo y disfrutar de la competencia, se convierte
en un fin pedagógico de la educación física y motivo de la iniciación
deportiva, a través de tres posibilidades y modalidades didácticas:
los juegos modificados, los juegos cooperativos y la propia iniciación
deportiva.
6.
Promoción y cuidado de la salud
La
educación física promueve el cuidado de la salud de los escolares
cuando los maestros: a) revisan la seguridad que ofrece el
espacio en que sus alumnos realizan las actividades; b) toman
en cuenta las condiciones naturales, climáticas y del estado del
tiempo para decidir dónde trabajar, en qué horario y con cuáles
alumnos, y c) actúan con suficiente flexibilidad y adaptan
sus estrategias en beneficio de los educandos. Someter a los alumnos
a condiciones inadecuadas o buscando altos niveles de excelencia
atlética es poner en riesgo su seguridad y su salud, porque se pueden
obtener resultados contrarios a los que originalmente persigue la
educación física.
Ante
los altos índices de accidentes y enfermedades en niños y adolescentes,
es importante promover una cultura de la prevención y el autocuidado,
así como favorecer la adquisición de habilidades motrices esenciales
para la vida y la formación de una base de conocimiento práctico
que evite el sedentarismo. Una preocupación central de la educación
física es hacer que los alumnos aprendan a interesarse por la actividad
motriz, la disfruten y reconozcan su valor como un medio para aumentar
su capacidad personal y su salud, a partir de incorporarla al propio
estilo de vida.
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