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de Estudios, Licenciatura en Educación Especial /
Plan de estudios para la formación inicial de profesores de educación especial
/
II. Criterios y orientaciones para la organización de las actividades
académicas
A
partir de la definición del perfil de egreso, conviene establecer
algunos criterios y algunas orientaciones de orden académico para
precisar, en primer lugar, los lineamientos que regulan tanto la
organización y la secuencia de las asignaturas como otras actividades
contenidas en el Plan y, en segundo lugar, definir ciertos aspectos
comunes de las formas de trabajo académico y del desempeño del personal
docente en la escuela normal con los estudiantes y en el
trabajo colegiado.
Así,
se trata de anticipar la atención de un problema grave, muy común
en las transformaciones académicas, que consiste en la falta de
coincidencia –y aun la contradicción– entre el propósito educativo
que se expresa formalmente en un Plan de Estudios y el tipo de actividades
de enseñanza que realmente se llevan a cabo en una institución.
Se puede señalar, a modo de ejemplo, el caso de un Plan de Estudios
que postule la respuesta a las necesidades educativas especiales
que presenten los alumnos, a partir de una visión integral que considere
los contextos en que se desarrollan los niños y los adolescentes;
pero, en los hechos, se reproduzcan modelos parcializados y segregacionistas,
en los que se clasifique y etiquete a dichos alumnos con base en
el déficit, la alteración o la discapacidad, y se les atienda de
manera limitada.
Por
esa razón se señala que un Plan de Estudios, por correcta que sea
su formulación, sólo tiene la posibilidad de alcanzar su propósito
cuando su aplicación se realiza en un ambiente educativo de diálogo,
de respeto, de trabajo y convencimiento permanentes, el cual favorece
que se propongan actividades y planteamientos congruentes con su
orientación general; situación que permite a las escuelas normales
analizar y valorar los logros y las dificultades que enfrentan como
instituciones.
Para
que todos los maestros tengan un referente común que sirva como
guía permanente del trabajo docente en la institución, se establecen
los siguientes criterios y orientaciones académicas para la aplicación
del Plan de Estudios en cada escuela.
1. La formación inicial de los profesores de
educación especial tiene carácter nacional y al mismo tiempo considera
la diversidad regional, social, cultural y étnica del país, particularmente
la diversidad de capacidades de los alumnos
De
acuerdo con lo que establecen el artículo tercero de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley General de Educación,
la educación básica en México –como parte de ella la educación especial–
es nacional, tanto porque contribuye a la formación de la identidad
de los mexicanos, como porque se considera un medio para promover
la satisfacción de las necesidades básicas de aprendizaje y la igualdad
de oportunidades, propiciando el acceso de todos los niños y los
jóvenes mexicanos al dominio pleno de los códigos culturales y de
las competencias fundamentales que les permitan participar en la
vida social y productiva.
La
formación de los profesores, en virtud del papel central que desempeñan
en la educación integral de niños y adolescentes, debe corresponder
con las finalidades y los contenidos que la legislación educativa
asigna a la educación básica. Los principios que caracterizan al
sistema educativo nacional consideran que existe un conjunto de
conocimientos, habilidades y valores que todos los niños y adolescentes
mexicanos deben adquirir y desarrollar, independientemente de la
entidad, región, condición social, religión, género, grupo étnico
al que pertenezcan, o capacidades con que cuenten.
Esta
concepción constituye la principal razón de la existencia de planes
de estudio nacionales, ya que mediante un conjunto de propósitos,
contenidos básicos, enfoques y formas de organización, se garantiza
una formación común a niños y adolescentes; al mismo tiempo, se
atiende a las demandas específicas que la diversidad regional, social
y cultural del país le exige al sistema educativo y, en particular,
al ejercicio docente.
La
formación inicial y nacional de los profesores se concentra precisamente
en la consolidación de habilidades intelectuales y competencias
profesionales como herramientas para conocer e interpretar las principales
características del medio, su influencia en la educación de los
escolares, los recursos que de él pueden aprovecharse y las limitaciones
que impone. Este conocimiento es la base para adaptar los propósitos
y contenidos educativos, así como las formas de trabajo, a los requerimientos
particulares de cada región y a las necesidades educativas especiales
que presenten niños y adolescentes, con o sin discapacidad.
Por
tales razones, una parte de los temas y problemas que se incluyen
en los programas de esta licenciatura se estudian tanto en su dimensión
general o nacional como en su dimensión o manifestaciones regionales.
Además, el Plan de Estudios reserva un espacio curricular con temas
regionales que las escuelas pueden seleccionar, el cual permitirá
a los normalistas introducirse en el estudio de algunas cuestiones
particulares que el ejercicio de la docencia en educación especial
debe considerar según las características sociales, culturales y
étnicas de las comunidades y de las modalidades organizativas de
la escuela. Estos temas se refieren, por ejemplo, a la atención
de la educación especial en las zonas rurales, en comunidades indígenas
y en zonas urbanas, y a la atención en la educación básica de alumnos
con discapacidades múltiples.
2. Los estudios realizados en las escuelas normales
que imparten la Licenciatura en Educación Especial constituyen la
fase inicial de la formación de los profesores
El
Plan de Estudios debe partir de la identificación de un núcleo básico
e imprescindible de necesidades de formación de los futuros profesores
de educación especial, que se sistematizan en el perfil de egreso.
La satisfacción de estas necesidades permite a los egresados desempeñar
su profesión con calidad.
El
ejercicio profesional, en un contexto social en permanente transformación
y de gran diversidad, demanda de manera constante nuevos conocimientos,
capacidad de interpretación de la realidad escolar y social, habilidad
para promover la colaboración, la reflexión y el diálogo con otros
profesionales, la participación colegiada en los procesos de gestión
escolar, y el reconocimiento de las diferencias individuales de
los niños y adolescentes que presenten necesidades educativas especiales,
con o sin discapacidad. No todas estas cuestiones se pueden atender
previamente, de manera específica y con certeza, mediante la formación
inicial, pero constituyen retos estimulantes para continuar la preparación
docente, es decir, para asumir la formación permanente durante el
servicio.
Entender
a los estudios normalistas en educación especial como fase inicial
de la formación profesional, evita la saturación del Plan de Estudios
con asignaturas que pretendan cubrir las deficiencias de la formación
previa o tiendan a satisfacer las necesidades hipotéticas de capacitación
que los egresados tendrán en el futuro; o bien, que pretendan, en
un lapso breve de formación, abarcar de manera completa el conocimiento
de un campo disciplinario. En particular, se evita la inclusión
de contenidos enfocados a la adquisición de una cultura general,
en el entendido de que los temas de este tipo, fundamentales para
comprender el proceso educativo, están presentes en los programas
de cada una de las asignaturas.
3. El conocimiento de los contenidos de educación
básica se adquirirá de manera integrada con la capacidad para enseñarlos
y para orientar su apropiación por parte de los niños y los adolescentes
que presenten necesidades educativas especiales, con o sin discapacidad
En
general, al cursar las asignaturas del Plan de Estudios, los futuros
maestros adquirirán las competencias suficientes y necesarias para
manejar con solvencia los conocimientos fundamentales requeridos
para la docencia en educación especial y los situarán en el contexto
de las finalidades que tiene la educación básica en nuestro país.
A partir de dichos conocimientos y sus correspondientes formas de
enseñanza, los estudiantes normalistas serán capaces de plantear
y analizar problemas didácticos, identificar las necesidades educativas
especiales y atender a los alumnos con o sin discapacidad que las
presenten y que cursen la educación preescolar, primaria y secundaria,
así como de seleccionar, diseñar, utilizar o adecuar programas,
estrategias y recursos para la enseñanza y evaluación de las actividades,
en cualquiera de los medios socioculturales, grado escolar y servicio
educativo donde realicen su labor como docentes de educación especial.
Al
respecto, es conveniente que en los programas de estudio de la licenciatura
se vinculen estrechamente tanto el conocimiento de las discapacidades
y de las necesidades educativas especiales que presenten los alumnos,
como el conocimiento de los contenidos de educación básica y de
sus formas de enseñanza, evitando la separación usual entre aprender,
por un lado, ciertas disciplinas de la educación básica y, por otro,
estudiar la didáctica de la educación especial.
Para
un maestro de educación especial no es suficiente conocer con determinado
nivel de competencia un campo disciplinario, sino que también debe
ser capaz de entender los procesos de desarrollo, las capacidades,
y los estilos de aprendizaje mediante los cuales los niños y
los jóvenes adquieren los conocimientos, las habilidades
y las aptitudes señalados en el curriculum de educación básica,
procesos que varían de acuerdo con la individualidad de los alumnos
que manifiesten necesidades educativas especiales, con o
sin discapacidad, y en relación con el contexto escolar, familiar
y social que los rodea.
El
futuro maestro de educación especial conocerá y tendrá presentes
los procesos de desarrollo cognitivo, motor y de comunicación, así
como las respuestas afectivas de los niños y los adolescentes, cuando
desarrollan su aprendizaje, y la forma como le dan sentido a las
distintas actividades que realizan. Esta es la base para considerar
de manera integrada la naturaleza de un tema y las estrategias de
enseñanza, así como los recursos que son más convenientes para lograr
que la práctica docente adquiera significado para los estudiantes.
Por
eso, además de ser capaz de reconocer que son diferentes la lógica
del campo científico y los mecanismos del aprendizaje básico de
los niños y los adolescentes, el maestro debe estar familiarizado
con la secuencia y articulación que guardan entre sí los contenidos
dentro de un nivel educativo y los que se plantean en otros niveles
de la educación básica. Asimismo, puesto que los alumnos que presentan
necesidades educativas especiales, con o sin discapacidad, y cursan
preescolar, primaria y secundaria se forman en diversos campos de
conocimiento, el futuro docente obtendrá un panorama del conjunto
de contenidos que atiende la educación básica, los procesos formativos
y los problemas que enfrentan los escolares al estudiarlos o ponerlos
en acción. De esta manera podrá contribuir, desde la educación especial,
a generar un aprendizaje integrado y de calidad.
Es
necesario tener en cuenta las limitaciones de una didáctica general
y abstracta, que se supone válida para todo tipo de contenidos,
sean cognitivos, o valorales. Si bien existen criterios sobre la
enseñanza que pueden tener una amplia aplicación, numerosas experiencias
muestran que la naturaleza y las características de los contenidos
determinan en gran parte las estrategias que los individuos emplean
para su aprendizaje. Entonces, los recursos, las formas que adquiere
la actividad docente y los criterios e instrumentos de evaluación,
deben variar de acuerdo con la naturaleza de los contenidos de aprendizaje
y adaptarse a las necesidades educativas especiales que presenten
los alumnos con o sin discapacidad.
En
consecuencia, los programas de estudio tendrán como meta que, al
adquirir los conocimientos de las diferentes asignaturas, los estudiantes
los asocien con las necesidades educativas especiales, las capacidades,
los procesos y estilos de aprendizaje de sus futuros alumnos; con
estrategias específicas de la actividad didáctica; con recursos
para la enseñanza, y con los propósitos y las modalidades de evaluación
que se adapten al campo de conocimientos o disciplina que corresponda.
Esta integración entre campo de conocimiento y didáctica, tiene
naturalmente distintas formas de resolución en los niveles de preescolar,
primaria o secundaria.
4. La formación inicial de los profesores de
educación especial establecerá una relación estrecha y progresiva
del aprendizaje que se adquirirá en la escuela normal con las condiciones
reales de la práctica docente en los servicios de educación especial
y en cada nivel de la educación básica regular
El
futuro maestro de educación especial se formará en las aulas de
la escuela normal, en los servicios de educación especial y en las
escuelas regulares de educación básica. En esa medida, la observación
y la práctica docente en los servicios de educación especial y las
escuelas de preescolar, primaria y secundaria son actividades esenciales
en su preparación y constituyen parte fundamental para lograr el
referente pedagógico. El análisis de situaciones de enseñanza y
aprendizaje en condiciones reales, es una estrategia insustituible
para acercar a los futuros profesores al ambiente escolar y a la
complejidad del trabajo educativo; esta reflexión permanente permite,
además, mejorar la práctica, aprender a resolver problemas relacionados
con la respuesta a las necesidades educativas especiales que presenten
los alumnos con discapacidad o a las que se deriven de otros factores,
hacer más eficaz la planeación docente y favorecer el desarrollo
integral de los alumnos.
La
observación del contexto escolar debe realizarse desde el inicio
de los estudios; la práctica docente se lleva a cabo a partir del
segundo semestre y adquiere mayor complejidad conforme se avanza
en la formación. Al principio, por ejemplo, es conveniente que,
con la conducción de un maestro experimentado de la escuela normal,
los futuros docentes exploren diferentes tipos de escuelas y los
diversos contextos sociales en que se insertan. Más adelante, la
observación se debe orientar tanto al salón de clases de la escuela
regular o de los servicios escolarizados de educación especial,
como a las aulas de apoyo u otros espacios escolares donde se brinde
atención educativa a los niños y adolescentes que manifiesten
necesidades educativas especiales, con o sin discapacidad, con
el fin de conocer a estos alumnos y aprender a brindar atención
educativa especial en el marco de la educación básica regular y
en los servicios escolarizados de educación especial. También se
deben observar las actividades encaminadas hacia un propósito directo
de enseñanza y otras prácticas habituales (pasar lista, organizar
al grupo, los recreos, etcétera) que tienen una importante influencia
educativa, aunque ésta no sea explícita.
En
una etapa posterior, los estudiantes participan en la preparación
y el desarrollo de programas y estrategias de intervención educativa
y de actividades de aprendizaje que implican adecuaciones curriculares,
primero de manera parcial y complementaria y, hacia la última parte
de sus estudios, durante periodos de tiempo más largos. Esta fase
debe culminar en una práctica prolongada, en condiciones reales
de trabajo; en ella, con el apoyo de los maestros de la escuela
normal y de profesores de educación especial experimentados en el
servicio, el estudiante se hará corresponsable de atender a los
alumnos que presenten necesidades educativas especiales, con o sin
discapacidad, en diferentes grupos de un plantel de educación básica
regular que cuenten con el servicio de educación especial o en un
grupo de un servicio escolarizado de educación especial.
La
observación y la práctica en las escuelas de educación básica regular
y en los servicios escolarizados de educación especial tienen como
propósito que los estudiantes normalistas desarrollen competencias
para el ejercicio profesional. Una parte importante del trabajo
docente implica la toma de decisiones frente a situaciones imprevistas,
la capacidad para resolver conflictos cotidianos, conducir adecuadamente
un grupo escolar, y las habilidades para comunicarse con los niños
y los adolescentes a través de recursos diversos. El acercamiento
gradual de los estudiantes de la normal al ambiente escolar y a
la complejidad del trabajo docente en la educación básica les permite
adquirir paulatinamente la destreza y la confianza que sólo la práctica
puede proporcionar y atenúa la sensación de desconcierto e impotencia
que suele afectar a los nuevos maestros cuando se incorporan al
servicio.
De
este modo, los futuros profesores aprenden a detectar oportunamente
las necesidades educativas especiales que presentan los alumnos,
con o sin discapacidad, y a determinar, seleccionar, adaptar y evaluar
estrategias de enseñanza, formas de relación y estilos de trabajo
congruentes con los propósitos de la educación básica. Es decir,
la observación y la práctica no se realizan con el fin de calificar
o criticar lo que sucede en el aula ni de identificar un modelo
de docencia que se deba imitar, sino de registrar información para
analizar y explicar las formas de proceder de los maestros y otros
profesionales involucrados en la atención educativa, y para reconocer
prácticas escolares adecuadas a las características de los grupos
y de cada uno de los alumnos.
Es
indispensable una preparación cuidadosa, tanto de las observaciones
y de las prácticas como de su análisis consecuente para que estas
actividades cumplan su función formativa; por ello es importante
tener claridad acerca de los propósitos y los procedimientos con
los cuales se observa y practica en los distintos planteles educativos.
Asimismo, es necesario propiciar y orientar el análisis de los resultados
de las estancias en la escuela, para poner en juego la capacidad
reflexiva y los elementos formativos que los estudiantes hayan adquirido
en el trabajo realizado en la escuela normal. El procesamiento individual
y colectivo de la información generada durante las observaciones
y las prácticas constituye una actividad que se desarrolla a lo
largo de los estudios de la licenciatura.
La
tarea de formar nuevos maestros implica el esfuerzo conjunto de
profesores de las escuelas normales, de educación básica regular
y de educación especial; por esto, es importante definir y valorar,
de manera explícita, el papel específico que cada uno de ellos
asume. Se espera que los profesores de los servicios de educación
especial cumplan una función de tutoría durante las observaciones
y las prácticas educativas, guiando a los estudiantes en los procedimientos
y en la toma de decisiones adecuadas para mejorar la calidad de
la enseñanza, y transmitiendo sus saberes y experiencia en el trabajo
individual o en grupos escolares con niños y adolescentes que presenten
necesidades educativas especiales, con o sin discapacidad, según
cada nivel educativo.
Esta
orientación contribuye a articular los propósitos de la educación
normal con los problemas y las exigencias concretas de la educación
especial, en beneficio de un mejor desempeño profesional. Se busca
asegurar que, en los procesos de formación, los futuros profesores
tomen en consideración las formas de trabajo, las propuestas de
intervención educativa, los recursos y materiales que se utilizan
en los servicios de educación especial y en las escuelas de educación
básica regular, así como las condiciones en las cuales laboran los
maestros y los problemas que enfrentan.
5. El aprendizaje de la teoría se vinculará con
la comprensión de la realidad educativa y con la definición de las
acciones pedagógicas
El
estudio de elementos centrales de las teorías pedagógicas, sociológicas,
psicológicas, y de conocimientos abordados desde disciplinas como
la biología, la medicina y la lingüística, entre otras, tiene un
gran significado educativo que sólo puede cumplirse si los estudiantes
comprenden realmente el sentido de una elaboración teórica y la
utilizan para analizar la realidad, si pueden contrastar y valorar
enfoques teóricos opuestos o divergentes y si estimulan su capacidad
para actuar creativamente como docentes de educación especial.
Con
este propósito, se propone una selección de cuestiones teóricas
fundamentales en los programas de estudio y, en especial, se prevén
las formas de vinculación entre las elaboraciones teóricas y el
análisis y la comprensión de situaciones educativas reales, así
como la selección de experiencias prácticas que requieren una explicación
teórica.
La
idea convencional de un curso teórico consiste en presentar y definir
las categorías básicas de un campo disciplinario, formular un marco
teórico, hacer un recorrido histórico de su desenvolvimiento y describir
las posturas que en épocas más o menos recientes predominan en una
disciplina, destacando sus diferencias. El carácter exhaustivo de
estos cursos hace inevitable una gran superficialidad y con frecuencia
presentan una simplificación de la complejidad conceptual, histórica
y doctrinaria de una disciplina; rara vez el estudiante puede tener
la experiencia intelectual del conocimiento directo de un pensador
o una corriente, contextualizar un producto intelectual en su época,
analizar la vigencia de las ideas en las prácticas educativas actuales
o aplicar un enfoque teórico a la realidad que el autor pretende
explicar. El resultado de aprendizaje es, con mucha frecuencia,
la adquisición de un lenguaje abigarrado, un registro memorístico
de nombres, títulos de obras y definiciones simplificadas, que suelen
terminar en un rápido olvido.
Como
alternativa, se proponen programas mucho más acotados en su alcance
temático y que no pretendan revisar un campo teórico en un solo
intento, sino que, mediante una selección cuidadosa de temas fundamentales,
ofrezcan al futuro docente una experiencia intelectual genuina,
una ocasión para la reflexión personal y oportunidades de contrastar
la teoría con sus experiencias, y a partir de estas últimas, generar
preguntas que le conduzcan a una exploración teórica fundada en
un interés propio.
6. El ejercicio de las habilidades intelectuales
específicas que requiere la práctica de la profesión docente en
educación especial debe formar parte del trabajo en cada una de
las asignaturas
En
congruencia con los rasgos del perfil de egreso que se espera lograr
durante la formación inicial, es necesario que la lectura crítica,
la escritura y la expresión oral, así como las capacidades para
seleccionar, analizar y utilizar información y generar ideas propias,
sean formas habituales de trabajo académico de los futuros docentes
y objeto de atención particular en todas las asignaturas, pues constituyen
la condición necesaria para formarse juicios y criterios con fundamento
y para continuar aprendiendo con autonomía.
Es
necesario, entonces, que entre maestros y estudiantes existan formas
de enseñanza y de relación que estimulen la formulación de las ideas,
la curiosidad, la creatividad, el juicio crítico y el rigor intelectual;
la participación de los estudiantes; el ejercicio de actividades
de descripción, discusión, narración, explicación y argumentación;
la práctica de la lectura por placer, comprensiva y analítica; el
trabajo en equipo, y la redacción, revisión, corrección y autocorrección
de los textos producidos por los alumnos.
Se
parte del supuesto de que este tipo de habilidades no se aprenden
en cursos específicos ni al margen de los contenidos de estudio.
Se deberá aprender a analizar y explicar las necesidades educativas
especiales que presentan los alumnos con discapacidad o aquellas
asociadas a otros factores, distinguiéndolas de las dificultades
que son inherentes al aprendizaje escolar de los educandos y a su
vez de las que se derivan de la diversidad cultural. Al analizar
información, distinguir tesis y argumentos, resolver problemas intelectuales
o prácticos, los normalistas deberán apreciar que esa actividad
tiene sentido y no permitir que se convierta en una tarea que sólo
es útil para cumplir un requisito académico-administrativo.
En
el desarrollo de los cursos, además de la clase en el aula y de
la realización de las prácticas, se deberá recurrir con frecuencia
a otro tipo de experiencias de aprendizaje: trabajo en biblioteca,
consultoría, observación y análisis de videocintas, multimedia y
consulta de Internet, observación y análisis de la vida escolar,
así como conversaciones con las familias de los alumnos. Con el
fin de mejorar las habilidades comunicativas de los estudiantes,
en el Plan de Estudios se incluye un espacio curricular con actividades
introductorias referentes a técnicas para el estudio y el manejo
de información.
7. Fomentar intereses, hábitos, habilidades y
actitudes que propician la investigación científica
Una
de las finalidades que deben cumplir las diversas actividades formativas
en la escuela normal es fomentar el interés y la curiosidad científica
de los futuros docentes, introducirlos en distintas nociones y prácticas
que caracterizan al pensamiento científico, lograr que sean usuarios
analíticos y críticos de los productos de la investigación y habituarlos
a que en sus estudios, durante su trabajo y en su formación continua,
apliquen los criterios e instrumentos de la indagación científica.
Como
muestran los estudios sobre la formación de los científicos, la
sensibilidad y la capacidad para investigar son resultado de múltiples
experiencias y de la combinación de recursos heterogéneos. Un primer
factor que suele tener una influencia decisiva, es mostrar que el
camino de la ciencia es accesible y que ella está relacionada con
el mundo real e inmediato de la naturaleza y la sociedad. Debe evitarse
que la imagen de la ciencia que reciban los estudiantes sea
la de algo abstracto y complicado, impresión que se genera cuando
al inicio de la formación se utilizan textos y problematizaciones
teóricas que sólo tienen sentido para quienes ya han practicado
la investigación.
De
ahí la importancia de alentar la observación orientada por preguntas
precisas y bien formuladas; la capacidad de buscar, contrastar y
validar información pertinente a un tema; la habilidad para registrar
y describir experiencias y para idear situaciones sencillas con
propósitos experimentales, así como para elaborar explicaciones
de procesos sociales y educativos que puedan ser confrontadas con
la realidad. Es igualmente relevante favorecer el análisis retrospectivo
de la propia práctica, con la intención de promover cambios.
Es
esencial que los estudiantes sepan que hay normas y criterios
del proceder científico universalmente válidos, pero igualmente
que comprendan que no hay un método científico único, formado por
etapas indispensables y con una secuencia invariable. Será muy positivo
que los normalistas asuman que la creatividad metodológica es parte
esencial del avance científico.
Finalmente,
en las actividades académicas se deben buscar oportunidades para
que los futuros docentes perciban que la actividad científica,
como todo esfuerzo de racionalización, tiene un fuerte componente
ético, definido por la honestidad intelectual y el aprecio por la
verdad, el respeto por los hechos y por la argumentación coherente
y rigurosa, así como por el rechazo de las afirmaciones no fundamentadas
y de la distorsión consciente de la realidad.
8. La formación inicial preparará a los estudiantes
normalistas para reconocer, comprender y atender las diferencias
individuales de sus alumnos y para actuar a favor de la equidad
educativa
En
todas las actividades de formación de los futuros profesores de
educación especial se promoverá que se asuma el principio de equidad
educativa en su labor profesional, mediante el reconocimiento de
que los alumnos tienen distintos procesos de desarrollo, estilos
de aprendizaje, capacidades, orígenes sociales, culturales y familiares,
así como formas de vida profundamente diferenciadas.
Los
estudiantes normalistas adquirirán una perspectiva profesional
a partir de la cual comprenderán que si bien el conocimiento científico
sobre el desarrollo infantil y de la adolescencia, así como de las
discapacidades, permite identificar rasgos comunes y procesos característicos
de gran generalidad, cada niño o adolescente crece y adquiere identidad
como individuo único en relación con su medio familiar y social,
y tiene procesos de aprendizaje y capacidades distintas. En este
sentido, la respuesta educativa que brinde a sus futuros alumnos
también será diferenciada, por lo que el estudiante deberá realizar
un esfuerzo continuo para conocer a cada niño o adolescente e identificar
las necesidades educativas especiales que presente para, sobre esa
base, diseñar y aplicar actividades que estimulen el desarrollo
de las potencialidades individuales.
Al
mencionar lo anterior se pretende que, en el manejo de contenidos
de las distintas asignaturas del Plan de Estudios, se abandone la
tendencia a la clasificación y segregación, que durante mucho tiempo
orientó la práctica de la educación especial y provocó un trabajo
dedicado a promover en los alumnos predominantemente habilidades
socioadaptativas, mediante un curriculum desvinculado de
la educación básica. Se hace necesario que el futuro docente de
educación especial adquiera competencias que le permitan brindar
una respuesta educativa mediante el desarrollo de estrategias didácticas
de trabajo individual y en grupo, y a través de la realización y
aplicación de adecuaciones curriculares que favorezcan el acceso
de los niños y los adolescentes a los propósitos fundamentales de
la educación básica.
En
general, los estudiantes advertirán que ciertos ambientes familiares,
culturales y sociales preparan a los niños y a los adolescentes
para desenvolverse con mayor facilidad en el medio escolar, mientras
en otros casos hay una menor correspondencia entre las experiencias
de los alumnos y las demandas planteadas por las actividades de
la escuela. Estas variaciones no implican diferencias en las capacidades
que los educandos pueden desarrollar, pero exigen del profesor una
sensibilidad especial para estimular el aprendizaje de aquellos
que, por razones diversas, se encuentran en condiciones más vulnerables
y con mayor riesgo de fracaso escolar. En este sentido el futuro
maestro de educación especial deberá asumir que su labor docente
tiene un papel central en el logro de la equidad educativa.
9. Las escuelas normales ofrecerán oportunidades
y recursos para la formación complementaria de los estudiantes
Existen
numerosas actividades educativas que pueden enriquecer y profundizar
diversos aspectos de la formación de los estudiantes y que no formarán
parte del Plan de Estudios. Al no incluir como asignaturas formales
cuestiones como el aprendizaje de lenguas extranjeras o indígenas,
la computación y otras tecnologías informáticas, se trata de evitar,
por un lado, que el mapa curricular se recargue con un número excesivo
de componentes y, por otro, que se imponga una programación rígida
y uniforme de actividades que deben adaptarse a las preferencias
y a las diferencias en el grado de avance previo, interés y disponibilidad
de tiempo de los futuros docentes.
De
acuerdo con este criterio, será conveniente que las autoridades
de las escuelas normales, en coordinación con la autoridad educativa
estatal, desarrollen un programa de actividades de formación complementaria,
que se ofrezca a los estudiantes fuera del horario de trabajo académico
programado y con la mayor flexibilidad en cuanto a requisitos de
administración escolar. De acuerdo con la naturaleza de esos programas,
la sep participará en el financiamiento de
las instalaciones y el equipo especializado que sean necesarios.
Entre
los campos de formación complementaria de mayor importancia se sugieren:
a)
Aprendizaje de sistemas alternativos de comunicación,
en particular el Sistema Braille y la Lengua de Señas.
b)
Aprendizaje de una lengua extranjera, procurando
asegurar como mínimo la comprensión de lectura.
c)
Aprendizaje o consolidación del dominio de
una lengua indígena, particularmente en las entidades con mayor
proporción de hablantes de algunas de ellas.
d)
Uso de las computadoras personales y de las
redes de acceso a la información como medio para el estudio y la
consulta.
En
el caso de los estudiantes que cursen la licenciatura en el área
de atención visual o en el área auditiva y de lenguaje, será obligatorio,
para obtener el grado de licenciatura, que cuenten con el dominio
del Sistema Braille los primeros, y el manejo de la Lengua de Señas,
en el caso de los segundos. Por ello se recomienda que las escuelas
normales que impartan estas áreas de atención, organicen u ofrezcan
los cursos correspondientes, o bien establezcan convenios académicos
de colaboración con las instituciones que puedan proporcionar dicha
oferta, con el fin de brindar a los futuros maestros de educación
especial las facilidades para concluir sus estudios de licenciatura.
Será
muy útil que las escuelas normales amplíen las opciones de formación
complementaria y agilicen su operación, mediante acuerdos con otras
instituciones de educación superior y organismos especializados
en la prestación de servicios educativos de interés.
10. Los estudiantes y maestros deben disponer
de medios audiovisuales y tecnológicos, para utilizarlos como recursos
de enseñanza y aprendizaje, y para apoyar su formación permanente
El
maestro formado en el nuevo Plan de Estudios realizará su labor
en un ambiente donde se ha ido generalizando el empleo de recursos
técnicos y medios de información en el aula, como el video, la computadora
y las redes de comunicación, y el acceso a bancos de información.
Estas herramientas serán más accesibles en el futuro y constituirán
una importante fuente de información para los alumnos.
Sin
embargo, y sin pretender restarles importancia, estos recursos de
carácter tecnológico no disminuyen la prioridad que tiene la relación
personal del maestro con sus alumnos. La mayor disponibilidad de
estos medios reafirma la necesidad de la formación fundamental del
estudiante, para que los utilice con juicio y productividad, a fin
de desarrollar en los niños y adolescentes la capacidad de aprovecharlos
de manera inteligente y selectiva.
El
aprovechamiento de los medios audiovisuales y de los recursos gráficos
permitirá al futuro docente realizar adecuaciones de acceso para
que los alumnos que presenten necesidades educativas especiales,
con o sin discapacidad, participen en los procesos educativos y
alcancen los propósitos fundamentales de la educación básica; y
diseñar secuencias de actividades que favorezcan el desarrollo de
las potencialidades de estos alumnos. El uso del lenguaje gráfico
constituirá un recurso eficaz para favorecer los procesos de comunicación
y aprendizaje en el aula.
Para
ello, mediante diversas acciones, los estudiantes deben conocer
la naturaleza y los alcances de estos medios educativos y los efectos
que tienen en el aprendizaje, valorar su importancia y las formas
más apropiadas para utilizarlos. Así, se pretende que el futuro
maestro de educación especial sea un buen usuario de estos medios
y los incorpore como apoyos a la labor docente y como herramientas
para su perfeccionamiento profesional.
11. En cada institución serán fortalecidas las
formas colectivas de trabajo docente y de planeación académica
La
formación de los futuros maestros de educación especial, en los
términos planteados en el perfil de egreso, exigirá que las experiencias
de aprendizaje que los estudiantes logren en distintas asignaturas
y actividades se integren entre sí, construyendo una estructura
cultural y de saberes profesionales internamente coherente.
Esta
observación, que pudiese parecer innecesaria, es pertinente porque
es común que los estudiantes del nivel educativo superior no logren
ese tipo de formación articulada y, por el contrario, obtengan aprendizajes
aislados, cuyos contenidos no se vinculan ni se refuerzan, debido
al empleo de métodos de trabajo y criterios educativos antagónicos
entre sí.
Una
de las condiciones que más favorecerá la formación coherente de
los estudiantes normalistas es el mejoramiento de los mecanismos
de coordinación e intercambio de información entre los maestros
de la escuela normal, y el fortalecimiento de las formas de trabajo
concertadas, que den origen a verdaderos colectivos docentes.
Tanto
en las formas como en las orientaciones con que se trabaje en la
licenciatura, será necesario articular las actividades de los profesores,
de tal manera que los futuros docentes atiendan exigencias semejantes
y no contradictorias; que los cursos que integran una misma línea
de formación tomen en cuenta efectivamente los contenidos antecedentes
y subsecuentes, y que puedan aprovecharse los temas, los problemas
de discusión y las conclusiones obtenidas en otras asignaturas que
se cursen en el mismo periodo semestral. Es decir, se trata de lograr
una adecuada articulación horizontal y vertical, entre las distintas
asignaturas y actividades que componen el Plan de Estudios.
Para
lograr esta articulación será necesario revitalizar el funcionamiento
de las academias, que deberán conformarse o reestructurarse atendiendo
a las áreas de contenidos afines. Asimismo, conviene institucionalizar
las reuniones de los profesores que atiendan asignaturas de un mismo
semestre; el objetivo de estas reuniones será identificar las relaciones
entre los contenidos de las distintas asignaturas, el avance académico
de los alumnos, y revisar e intercambiar materiales de estudio.
Estas
actividades son las que dan contenido y sentido al trabajo colegiado,
y constituyen uno de los medios más eficaces para apoyar la superación
profesional de los maestros de las escuelas normales.

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