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Plan
de Estudios, Licenciatura en Educación Física/
Plan
de Estudios para la formación inicial de profesores de Educación
Física
III.
Criterios y orientaciones para la organización de las actividades
académicas
A partir de
la definición del perfil de egreso, es conveniente establecer
algunos criterios y orientaciones de orden académico para
precisar, en primer lugar, los lineamientos que regulan tanto
la organización y la secuencia de las asignaturas como
otras actividades contenidas en el plan y, en segundo lugar, definir
ciertos aspectos comunes de las formas de trabajo académico
y del desempeño del personal docente en la escuela normal
con los grupos de alumnos y en el trabajo colegiado.
Así,
se trata de anticipar la discusión de un problema grave,
muy común en las transformaciones académicas, que
consiste en la falta de coincidencia —y aun la contradicción—
entre el propósito educativo que se expresa formalmente
en un plan de estudios y el tipo de actividades de enseñanza
que realmente se llevan a cabo en una institución. Se pueden
señalar, a modo de ejemplo, casos como el de un plan de
estudios que postula la motricidad creativa, la depuración
de patrones de movimiento, la construcción de la competencia
motriz y la práctica variable; pero, en los hechos, se
prioriza la reproducción de modelos de movimiento o el
desarrollo de habilidades motrices de carácter cerrado;
o, en otro caso, el estudio de la acción motriz fundamentada
en los estudios e investigaciones recientes se contrapone con
la realización de una práctica que desdeña
el estudio de la teoría acerca del movimiento corporal
por no valorar a la educación física como un campo
conceptual sujeto a análisis y modificaciones.
Por esa razón
se señala que un plan de estudios, por correcta que sea
su formulación, sólo tendrá la posibilidad
de alcanzar su propósito cuando su aplicación se
realice en un ambiente educativo de diálogo, de respeto,
de trabajo y convencimiento permanentes, y de acuerdo con actividades
y planteamientos congruentes con su orientación general,
situación que permite a las escuelas normales analizar
y valorar los logros y las dificultades que enfrentan como instituciones.
Para que cada
maestro tenga un referente común que sirva como guía
permanente del trabajo docente en la institución, se establecen
los siguientes criterios y orientaciones académicas para
la aplicación del plan de estudios en cada escuela:
1.
La formación inicial de los profesores de educación
física tiene carácter nacional y al mismo tiempo
considera la diversidad regional, social, cultural y étnica
del país
La educación
básica en México, y como parte de ella la educación
física, de acuerdo con lo que establecen el Artículo
3° de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos y la Ley General de Educación, es nacional
tanto porque contribuye a la formación de la identidad
de los mexicanos, como porque se considera un medio para promover
la igualdad de oportunidades, a través del acceso de todos
los niños y jóvenes mexicanos al dominio pleno de
los códigos culturales y las competencias fundamentales
que les permitan participar en la vida social.
La formación
de los profesores, en virtud del papel central que desempeñan
en la educación integral de niños y adolescentes,
debe corresponder a las finalidades y contenidos que la legislación
educativa asigna a la educación básica. Los principios
que caracterizan al sistema educativo nacional parten de la idea
de que existe un conjunto de conocimientos, habilidades y valores
que todos los niños y adolescentes mexicanos deben adquirir
y desarrollar, independientemente de la entidad, región,
condición social, religión, género o grupo
étnico a que pertenezcan.
Esta concepción
constituye la principal razón de la existencia de planes
de estudio nacionales, en los que la educación física
tiene un papel fundamental, y que mediante un conjunto de propósitos,
contenidos básicos, enfoques y formas de organización
garantizan una formación común a niños y
adolescentes, adecuada a las principales finalidades del sistema
educativo nacional y que, al mismo tiempo, permiten atender las
demandas específicas que la diversidad regional, social
y cultural del país le exige al sistema educativo y, en
particular, al ejercicio docente.
La formación
común y nacional de los profesores se concentra precisamente
en la consolidación de habilidades intelectuales y competencias
profesionales como herramientas para conocer e interpretar las
principales características del medio, su influencia en
la educación de los escolares, los recursos que pueden
aprovecharse y las limitaciones que impone; este conocimiento
será la base para adaptar los contenidos educativos y las
formas de trabajo a los requerimientos particulares de cada región.
Así,
en esta licenciatura, una parte de los temas y problemas que se
incluyan en los programas se estudiarán tanto en su dimensión
general o nacional como en su dimensión o manifestaciones
regionales. Además, el plan de estudios reserva un espacio
curricular con temas regionales que las escuelas pueden seleccionar,
el cual permitirá a los normalistas introducirse en el
estudio de algunas cuestiones particulares que el ejercicio de
la docencia en educación física debe considerar
según las características sociales, culturales y
étnicas de las comunidades y de las modalidades organizativas
de la escuela; estos temas se refieren, por ejemplo, a la atención
de la educación física en las zonas rurales, en
comunidades indígenas y en zonas urbanas, al trabajo con
la asignatura en la modalidad de telesecundaria, a las diferentes
modalidades regionales para la promoción y atención
de la educación física en la educación básica,
a los usos del patrimonio cultural y natural de la región
como recursos en la formación para el tiempo libre.
2.
Los estudios realizados en las escuelas normales que imparten
la Licenciatura en Educación Física constituyen
la fase inicial de la formación de los profesores
El plan de
estudios debe partir de la identificación de un núcleo
básico e imprescindible de necesidades de formación
de los profesores de educación física, que se sistematizan
en el perfil de egreso; la satisfacción de estas necesidades
permitirá a los egresados desempeñar su función
con calidad. El ejercicio profesional, en un contexto social en
permanente transformación y de gran diversidad, demandará
de manera constante nuevos conocimientos, capacidad de interpretación
de la realidad escolar y social y el reconocimiento de las diferencias
individuales de los niños y de los adolescentes; estas
cuestiones no se pueden atender previamente, de manera específica
y con certeza, mediante algún proceso de formación
inicial, pero constituyen retos estimulantes para continuar la
preparación docente, es decir, la formación permanente
durante el servicio.
Al considerar
los estudios normalistas en educación física como
fase inicial se evitará la saturación del plan de
estudios con asignaturas que pretendan cubrir las deficiencias
de la formación previa o satisfacer las necesidades hipotéticas
de capacitación que los egresados tendrán en el
futuro, o bien, que pretendan, en un lapso breve de formación,
abarcar de manera completa el conocimiento de un campo disciplinario.
En particular, se evitará la inclusión de contenidos
enfocados a la adquisición de una cultura general, en el
entendido de que los temas de este tipo que sean fundamentales
para comprender el proceso educativo estarán presentes
en los programas de cada una de las asignaturas.
3.
El conocimiento de los contenidos de educación física
se adquirirá de manera integrada con la capacidad para
enseñarlos y orientar su apropiación por parte de
los niños y los adolescentes
En general,
al cursar las asignaturas del plan de estudios, los futuros maestros
adquirirán el conocimiento suficiente y necesario para
manejar con solvencia los contenidos fundamentales de la educación
física planteados en la educación básica
y los situarán en el contexto de las finalidades que ésta
tiene en nuestro país. A partir de dichos contenidos y
sus correspondientes formas de enseñanza, los estudiantes
normalistas serán capaces de plantear y analizar problemas
didácticos, explicar las experiencias motrices de sus futuros
alumnos de la educación preescolar, primaria y secundaria,
así como de seleccionar, diseñar, utilizar o adecuar
estrategias y recursos para la enseñanza y evaluación
de las actividades motrices, los juegos y el deporte educativo,
en cualquiera de los medios socioculturales, grado escolar, modalidad
de atención educativa y servicio educativo donde realicen
su labor como educadores físicos.
Al respecto,
será conveniente que el conocimiento de los contenidos
y sus formas de enseñanza se vinculen estrechamente en
los programas de estudio de la licenciatura, evitando la separación
usual entre aprender, por un lado, ciertas disciplinas relacionadas
con el campo de la educación física y, por otro,
estudiar la didáctica de la acción motriz.
Es probable
que, en el caso de maestros que trabajan con jóvenes y
adultos, no cause problema alguno el hecho de que, durante su
formación, el maestro adquiera por un lado el dominio de
la disciplina y por el otro el conocimiento de la didáctica
que le corresponde. Esa es la experiencia más común
en la formación de los profesores que laboran en la enseñanza
media y en la superior. Para el educador que trabaja con niños
y adolescentes la situación es distinta, porque sus alumnos
están en un proceso de desarrollo de todas sus capacidades
y tienen por primera vez contacto sistemático con objetos
de conocimiento diversos que no han formado parte de sus experiencias
cotidianas. Por eso el futuro maestro de educación física
conocerá y tendrá presentes los procesos y modelos
mentales, así como las respuestas afectivas de los niños
y adolescentes cuando desarrollan su aprendizaje motor y la forma
como le dan sentido a las actividades motrices que realizan. Esa
es la base de lo que podría llamarse mentalidad didáctica:
la capacidad de considerar de manera integrada la naturaleza de
un tema y las estrategias, así como los recursos que son
más convenientes para lograr que dicha práctica
adquiera significado para los alumnos.
Las razones
que fundamentan esta propuesta son de dos órdenes: en primer
lugar, para el educador en formación no es adecuado adquirir
separadamente el dominio de una disciplina, organizada conforme
a su lógica científico-formal y pasar después
al problema de su adaptación para ser enseñada a
niños y jóvenes. En efecto, para un maestro de educación
física no será suficiente conocer con determinado
nivel de competencia un campo disciplinario, los deportes o la
fisiología, por ejemplo, sino que también deberá
ser capaz de entender los procesos cognitivos y afectivos mediante
los cuales los niños y los jóvenes adquieren los
conceptos, capacidades y habilidades motrices típicos del
campo de la educación física, procesos que cambian
conforme la persona crece y madura.
Por eso, además
de ser capaz de reconocer que son distintas la lógica del
campo científico y los mecanismos del aprendizaje básico
de los niños y los adolescentes, el maestro deberá
estar familiarizado con la secuencia que guardan entre sí
los contenidos dentro de un nivel educativo y los que se plantean
en otros niveles de la educación básica. Asimismo,
puesto que los alumnos de preescolar, primaria y secundaria se
forman en diversos campos de conocimiento, el maestro obtendrá
un panorama del conjunto de contenidos que atiende la educación
básica, los procesos formativos y los problemas que enfrentan
los escolares al estudiarlos o ponerlos en acción. De esta
manera podrá contribuir, desde la educación física,
a generar un aprendizaje integrado y de calidad.
El
segundo orden de argumentos se refiere a las limitaciones de una
didáctica general y abstracta, que se supone válida
para todo tipo de contenidos, sean cognitivos, valorales o correspondientes
a capacidades y destrezas motrices. Las experiencias muestran que
una didáctica concebida de esa forma se convierte fácilmente
en un conjunto de normas y criterios de excesiva generalidad, que
no pueden aplicarse a los procesos de aprendizaje de naturaleza
diferente que tienen lugar en cada campo de conocimiento y de desarrollo.
Si
bien existen criterios sobre la enseñanza que pueden tener
una amplia aplicación, numerosas experiencias muestran que
la naturaleza y las características de los contenidos educativos
determinan en gran parte las estrategias que los individuos emplean
para su aprendizaje. Así, por ejemplo, es evidente que no
pueden aplicarse las mismas formas de enseñanza cuando el
aprendizaje se refiere a la exploración motriz, al desarrollo
de patrones de movimiento básicos, a la ejercitación
de automatismos rígidos, a la formación e iniciación
deportiva o a los distintos campos de la motricidad que tienen que
ver con la expresión y la apreciación artísticas.
Entonces, los recursos, las formas que adquiera la actividad docente
y los criterios e instrumentos de evaluación, deben variar
de acuerdo con la naturaleza de los contenidos de aprendizaje.
En
consecuencia, los programas de estudio tendrán como meta
que al adquirir los conocimientos de las diferentes asignaturas,
los estudiantes los asocien con las necesidades, los procesos y
estilos de aprendizaje de sus futuros alumnos; con estrategias específicas
de la actividad didáctica; con recursos para la enseñanza
y con los propósitos y modalidades de evaluación que
con mayor probabilidad se adapten al campo de aprendizaje que corresponda.
Esta integración entre campo de conocimiento y didáctica
tendrá naturalmente distintas formas de resolución
en los niveles de preescolar, primaria o secundaria.
4. La
formación inicial de los profesores de educación
física establecerá una relación estrecha
y progresiva del aprendizaje que se adquirirá en la escuela
normal con las condiciones reales de la práctica docente
en cada nivel de la educación básica
El futuro
maestro de educación física se formará en
las aulas de la escuela normal y en las de educación básica.
En esa medida, la observación y la práctica docente
en las escuelas de preescolar, primaria y secundaria (incluida
la educación especial) serán actividades esenciales
en su preparación y constituirán parte fundamental
para lograr el referente pedagógico. El análisis
de situaciones de enseñanza y aprendizaje en condiciones
reales será una estrategia insustituible para acercar a
los futuros profesores a la complejidad del trabajo con los grupos
escolares; esta reflexión permanente permitirá,
además, mejorar la práctica, aprender a resolver
problemas relacionados con el dominio motriz, el desarrollo corporal
y la salud de los escolares, hacer más eficaz la planeación
docente, así como validar y dar fundamento lógico
a las actividades motrices que se diseñen y apliquen.
El proceso
de observación y de práctica docente deberá
desarrollarse desde el inicio de los estudios y adquirirá
mayor intensidad y complejidad conforme se avance en la formación.
Al principio, por ejemplo, será conveniente que, con la
conducción de un maestro experimentado de la escuela normal,
los alumnos exploren diferentes tipos de escuelas y los contextos
sociales en que se insertan. Más adelante, la observación
se deberá orientar tanto al salón de clases como
a los espacios donde se desarrolle la sesión de educación
física, para conocer a los niños y a los adolescentes,
aprender a vincular la asignatura con el resto de las que se estudian
en la escuela y observar las actividades orientadas hacia un propósito
directo de enseñanza y otras prácticas habituales
(pasar lista, organizar al grupo, los recreos, etcétera)
que tienen una importante influencia educativa, aunque ésta
no sea explícita.
En una etapa
posterior, los estudiantes participarán en la preparación
y desarrollo de actividades motrices, primero de manera parcial
y complementaria y, hacia la última parte de sus estudios,
durante periodos de tiempo más largos. Esta fase deberá
culminar en una práctica prolongada, en condiciones reales
de trabajo y en la cual, con el apoyo de los maestros de la escuela
normal y de profesores de educación física experimentados
en el servicio, el estudiante se hará corresponsable de
aplicar la educación física en diferentes grupos
de un plantel en alguno de los niveles de educación básica.
La observación
y la práctica en las escuelas de educación básica
tendrán como propósito que los estudiantes normalistas
adquieran herramientas para el ejercicio profesional. Una parte
importante del trabajo docente implica la toma de decisiones frente
a situaciones imprevistas, la capacidad para resolver conflictos
cotidianos y conducir adecuadamente un grupo escolar, así
como las habilidades para comunicarse con los niños y jóvenes
a través de recursos diversos. El acercamiento gradual
de los estudiantes de la normal al ambiente escolar y a la complejidad
del trabajo docente en la educación básica les permitirá
adquirir paulatinamente la destreza y la confianza que sólo
la práctica puede proporcionar y atenuará la sensación
de desconcierto e impotencia que suelen afectar a los nuevos maestros
cuando se incorporan al servicio.
De este modo,
los futuros profesores aprenderán a seleccionar y adaptar
estrategias de enseñanza, formas de relación y estilos
de trabajo congruentes con los propósitos de la educación
básica. Es decir, la observación y la práctica
no se realizarán con el fin de calificar y criticar lo
que sucede en el aula ni de identificar un modelo de docencia
que se deba imitar, sino de registrar información para
analizar y explicar las formas de proceder de los maestros y para
reconocer prácticas escolares adecuadas a las características
de los grupos.
Una
preparación cuidadosa, tanto de las observaciones como de
las prácticas y de su análisis consecuente, será
indispensable para que estas actividades cumplan su función
formativa; por lo que es indispensable tener claridad acerca de
los propósitos y los procedimientos con los cuales se observará
y practicará en las escuelas de educación básica.
Asimismo, será necesario propiciar y orientar el análisis
de los resultados de las estancias en la escuela, para poner en
juego la capacidad reflexiva y los elementos formativos que los
estudiantes hayan adquirido en el trabajo realizado en la escuela
normal. El procesamiento individual y colectivo de la información
generada durante las observaciones y las prácticas constituirá
una actividad que se desarrollará a lo largo de los estudios
de la licenciatura.
La
tarea de formar nuevos maestros implicará el esfuerzo conjunto
de profesores de las escuelas normales y de educación básica;
por esto, será importante definir y valorar, de manera explícita,
el papel específico que ambos asumirán. Se espera
que profesores de educación física de las escuelas
de educación básica, como expertos, cumplan una función
de tutoría durante las observaciones y prácticas educativas,
guiando a los estudiantes en los procedimientos y toma de decisiones
adecuadas para mejorar la calidad de la enseñanza y transmitiendo
sus saberes y experiencia en el trabajo con grupos escolares, según
cada modalidad o nivel educativo.
Esta
orientación contribuirá a articular los propósitos
de la educación normal con los problemas y exigencias concretas
de la educación básica, en beneficio de un mejor desempeño
profesional. Se busca asegurar que los procesos de formación
de nuevos profesores de educación física tomen en
consideración las formas de trabajo, las propuestas pedagógicas,
los recursos y materiales educativos que se usan en las escuelas
de educación básica, así como las condiciones
en las cuales laboran y los problemas que enfrentan los maestros.
5.
El aprendizaje de la teoría se vinculará con la
comprensión de la realidad educativa y con la definición
de las acciones pedagógicas
El estudio
de elementos centrales de las teorías pedagógicas,
sociológicas, psicológicas y otras, tendrá
un gran significado educativo, que sólo podrá cumplirse
si los estudiantes comprenden realmente el sentido de una elaboración
teórica y la utilizan para analizar la realidad, si pueden
contrastar y valorar enfoques teóricos opuestos o divergentes
y si estimula su capacidad para actuar creativamente como educadores
físicos.
Con este propósito,
se deberá proponer una selección de cuestiones teóricas
fundamentales en los programas de estudio y, en especial, prever
las formas de vinculación entre las elaboraciones teóricas
y el análisis y la comprensión de situaciones educativas
reales, así como la selección de experiencias prácticas
que requieren una explicación teórica, pues los
cursos cuya pretensión es estudiar un campo teórico
en sí mismo, bajo el supuesto de que los estudiantes serán
espontáneamente capaces de aplicar sus componentes en la
realidad, tienen muy limitada utilidad formativa.
La idea convencional
de un curso teórico consiste en presentar y definir las
categorías básicas de un campo disciplinario, formular
un marco teórico, hacer un recorrido histórico de
su desenvolvimiento y describir las posturas que en épocas
más o menos recientes predominan en una disciplina destacando
sus diferencias. El carácter exhaustivo de estos cursos
hace inevitable una gran superficialidad y con frecuencia presentan
una simplificación de la complejidad conceptual, histórica
y doctrinaria de una disciplina. Rara vez el estudiante puede
tener la experiencia intelectual del conocimiento directo de un
pensador o una corriente, contextualizar un producto intelectual
en su época, analizar la vigencia de las ideas en las prácticas
educativas actuales o aplicar un enfoque teórico a la realidad
que el autor pretende explicar. El resultado de aprendizaje es,
con mucha frecuencia, la adquisición de un lenguaje abigarrado,
un registro memorístico de nombres, títulos de obras
y definiciones simplificadas, que normalmente termina en un rápido
olvido.
Como alternativa,
se proponen programas mucho más acotados en su alcance
temático, que no pretenden revisar un campo teórico
en un solo intento, sino que, mediante una selección cuidadosa
de temas fundamentales, ofrezcan al alumno una experiencia intelectual
genuina, una ocasión para la reflexión personal
y oportunidades de contrastar la teoría con sus experiencias
y de generar, a partir de estas últimas, preguntas que
le conduzcan a una exploración teórica fundada en
un interés propio.
6.
El ejercicio de las habilidades intelectuales específicas
que requiere la práctica de la profesión docente
en educación física deberá formar parte del
trabajo en cada una de las asignaturas
En congruencia
con el perfil de egreso que se espera lograr durante la formación
inicial, será necesario que la lectura, la escritura y
la expresión oral, así como las capacidades para
seleccionar, analizar y utilizar información y generar
ideas propias, sean objeto de atención especial en todas
las asignaturas, pues constituyen la condición necesaria
para formarse juicios y criterios con fundamento y continuar aprendiendo
con autonomía.
Es necesario,
entonces, que entre maestros y alumnos normalistas existan formas
de enseñanza y de relación que estimulen la formulación
de las ideas, la curiosidad, la creatividad, el juicio crítico
y el rigor intelectual; la participación de los estudiantes;
el ejercicio de actividades de descripción, narración,
explicación y argumentación; la práctica
de la lectura, por placer, comprensiva y analítica; la
redacción y la discusión; la corrección y
la autocorrección de los textos producidos por los alumnos;
y el trabajo en equipo.
Se parte del
supuesto de que este tipo de habilidades no se aprenden en cursos
específicos ni al margen de los contenidos de estudio.
Se deberá aprender a analizar, desde varios enfoques, cualquier
contenido durante una sesión de educación física,
considerando la práctica variable en que se aplican distintas
posibilidades o alternativas corporales para lograr un propósito.
Al analizar información, distinguir tesis y argumentos,
resolver problemas intelectuales o prácticos, los estudiantes
deberán apreciar que esa actividad tiene sentido y no se
convierta en una tarea que sólo es útil para cumplir
un requisito académico-administrativo.
En la práctica
escolar debe evitarse privilegiar una determinada tendencia de
la educación física.
En el desarrollo
de los cursos, además de la clase en el aula y de la realización
de la actividad física y la práctica deportiva pedagógica,
se deberá recurrir con frecuencia a otro tipo de experiencias
de aprendizaje: trabajo en biblioteca, consultoría, observación
y análisis de videocintas, multimedia y consulta de internet,
observación y análisis de la vida escolar. Con el
fin de ayudar a la superación de deficiencias en la formación
previa de los estudiantes, en el plan de estudios se incluye un
espacio curricular con actividades introductorias referentes a
técnicas para el estudio y el manejo de información.
7.
Fomentar los intereses, los hábitos, las habilidades
y actitudes que propician la investigación científica
Una
de las finalidades que deberán cumplir las diversas actividades
formativas en la escuela normal será fomentar el interés
y la curiosidad científica de los estudiantes, introducirlos
en distintas nociones y prácticas que caracterizan al pensamiento
científico, lograr que sean usuarios analíticos y
críticos de los productos de la investigación y habituarlos
a que en sus estudios, durante su trabajo y su formación
continua, apliquen los criterios e instrumentos de la indagación
científica.
Como muestran los estudios sobre la formación de los buenos
científicos, la sensibilidad y la capacidad para investigar
son resultado de múltiples experiencias y de la combinación
de recursos heterogéneos. Un primer factor, que suele tener
una influencia decisiva, es mostrar que el camino de la ciencia
es accesible y que ella está relacionada con el mundo real
e inmediato de la naturaleza y la sociedad. Debe evitarse que
la imagen de la ciencia que reciban los alumnos sea la de algo
abstracto y complicado, impresión que se genera cuando
al inicio de la formación se utilizan textos y problematizaciones
teóricas, que sólo tienen sentido para quienes ya
han practicado la investigación.
De ahí
la importancia de alentar la observación orientada por
preguntas precisas y bien formuladas; la capacidad de buscar,
contrastar y validar información pertinente a un tema;
la habilidad para registrar y describir experiencias y para idear
situaciones sencillas con propósitos experimentales, así
como para elaborar explicaciones de procesos sociales y educativos
que puedan ser confrontadas con la realidad.
Es esencial
que los estudiantes sepan que hay criterios y normas del proceder
científico universalmente válidos, pero igualmente
que comprendan que no hay un método científico único,
formado por etapas indispensables y con una secuencia invariable.
Será muy positivo que los estudiantes asuman que la creatividad
metodológica es parte esencial del avance científico.
Finalmente,
en las actividades académicas se buscarán oportunidades
para que los estudiantes perciban que la actividad científica,
como todo esfuerzo de racionalización, tiene un fuerte
componente ético, definido por la honestidad intelectual
y el aprecio por la verdad, el respeto por los hechos y por la
argumentación coherente y rigurosa, así como por
el rechazo de las afirmaciones no fundamentadas y de la distorsión
consciente de la realidad.
8.
La formación inicial preparará a los estudiantes
normalistas para reconocer, aceptar y atender las diferencias
individuales de sus alumnos y para actuar a favor de la equidad
educativa
En todas las
actividades de formación de los futuros profesores de educación
física se insistirá en el principio de que, en su
labor profesional, se relacionan con niños o adolescentes
que tienen orígenes sociales y culturales distintos y formas
de vida profundamente diferenciadas.
Los alumnos
normalistas adquirirán una perspectiva profesional a partir
de la cual asumirán que, si bien el conocimiento científico
sobre el desarrollo infantil y de la adolescencia permite identificar
rasgos comunes y procesos característicos de gran generalidad,
cada niño o adolescente crece y adquiere identidad como
individuo único en relación con su medio familiar
y social.
En este sentido
la práctica de la actividad motriz en todas sus manifestaciones
durante la infancia y la adolescencia también será
diferenciada, por lo que el futuro maestro deberá realizar
un esfuerzo continuo para conocer a cada alumno y, sobre esa base,
aplicar actividades que estimulen el desarrollo de las potencialidades
individuales.
Al mencionar
lo anterior se pretende que, en el manejo de contenidos de las
distintas asignaturas del plan de estudios, se abandone la vieja
dicotomía cuerpo-mente, tendencia que durante mucho tiempo
ha orientado la práctica de la educación física
y provocado un trabajo dedicado predominantemente al rendimiento
físico y a la medición de las capacidades corporales.
En general,
los alumnos normalistas advertirán que ciertos ambientes
familiares, culturales y sociales preparan a los niños
y a los adolescentes para desenvolverse con mayor facilidad en
el medio escolar, mientras en otros casos hay una menor correspondencia
entre las experiencias de los alumnos y las demandas planteadas
por las actividades de la escuela. Estas variaciones no implican
diferencias en las capacidades que los educandos pueden desarrollar,
pero exigen del maestro una sensibilidad especial para estimular
el aprendizaje de aquellos que, por razones diversas, se encuentran
en condiciones más vulnerables y de mayor riesgo de fracaso
escolar. En este sentido el futuro maestro de educación
física deberá asumir que el campo de conocimiento
que trabajará puede contribuir ampliamente al logro de
la equidad educativa.
9.
La expresión artística y las actividades deportivas
constituyen aspectos importantes de la formación de los
futuros maestros
En la formación
integral del maestro será indispensable el desarrollo de
las capacidades de expresión y apreciación artísticas,
así como la adquisición de hábitos y aficiones
relativas al deporte. Este componente formativo tendrá
dos significados distintos, aunque estrechamente relacionados:
apoyará el bienestar y el desarrollo equilibrado de los
estudiantes normalistas; y los orientará y capacitará
para integrar esas actividades, oportuna y adecuadamente, en la
educación de los niños y de los adolescentes.
Para el fomento
de las capacidades mencionadas, será conveniente que en
la organización de los estudios se disponga de tiempos
programados que ofrezcan elementos comunes de formación
y actividad a los estudiantes, así como de tiempos adicionales
que puedan ocuparse de manera flexible y sin programación
rígida. La experiencia de las escuelas normales en la organización
de clubes y grupos estables para actividades artísticas
y deportivas es una tradición que debe conservarse, pues
profundiza y enriquece el aprendizaje que los estudiantes obtienen
en los espacios formalizados en el mapa curricular.
Los planteles
podrán ampliar las oportunidades de formación artística
y deportiva, si establecen convenios con otras instituciones y
dan reconocimiento a las actividades que en ellas realicen los
estudiantes.
10.
Las escuelas normales ofrecerán oportunidades y recursos
para la formación complementaria de los estudiantes
Existen numerosas
actividades educativas que pueden enriquecer y profundizar diversos
aspectos de la formación de los estudiantes y que no formarán
parte del plan de estudios. Al no incluir como asignaturas formales
cuestiones como el aprendizaje de lenguas extranjeras o indígenas,
la computación y otras tecnologías informáticas,
se trata de evitar, por un lado, que el mapa curricular se recargue
con un número excesivo de componentes y, por otro, que
se imponga una programación rígida y uniforme de
actividades que deben adaptarse a las preferencias y a las diferencias
en el grado de avance previo, interés y disponibilidad
de tiempo de los estudiantes.
De acuerdo
con este criterio, será muy conveniente que las autoridades
de las escuelas normales, en coordinación con la autoridad
educativa estatal, desarrollen un programa de actividades de formación
complementaria que se ofrezca a los estudiantes fuera del horario
de trabajo académico programado y con la mayor flexibilidad
en cuanto a requisitos de administración escolar. De acuerdo
con la naturaleza de esos programas, la SEP participará
en el financiamiento de las instalaciones y el equipo especializado
que sean necesarios.
Entre los
campos de formación complementaria de mayor importancia
se sugieren:
a) Aprendizaje
de una lengua extranjera, procurando asegurar como mínimo
la comprensión de lectura.
b) Aprendizaje
o consolidación del dominio de una lengua indígena,
particularmente en las entidades con mayor proporción
de hablantes de algunas de ellas.
c) Uso
de las computadoras personales y de las redes de acceso a información
como medio para el estudio y la consulta.
Será
muy útil que las escuelas normales amplíen las opciones
de formación complementaria y agilicen su operación,
mediante acuerdos con otras instituciones de educación
superior y organismos especializados en la prestación de
servicios educativos de interés.
11.
Los estudiantes y maestros deberán disponer de medios tecnológicos,
para utilizarlos como recursos de enseñanza y
aprendizaje y para apoyar su formación permanente
El maestro
formado en el nuevo plan de estudios realizará su labor
en un ambiente donde se ha ido generalizando el empleo de recursos
técnicos y medios de información en el aula, como
el video, la computadora y las redes de comunicación y
acceso a bancos de información. Estas herramientas serán
más accesibles en el futuro y constituirán una importante
fuente de información para los alumnos.
Sin embargo,
y sin pretender restarles importancia, estos recursos de carácter
tecnológico no disminuirán la prioridad que tiene
la relación personal del maestro con sus alumnos. La mayor
disponibilidad de estos medios reafirma la necesidad de la formación
fundamental del maestro, para que los utilice con juicio y productividad
a fin de desarrollar en sus alumnos la capacidad de aprovecharlos
de manera inteligente y selectiva.
El aprovechamiento
de los medios audiovisuales y de los recursos gráficos
permitirá comprender mejor el sentido de la acción
motriz o diseñar secuencias de actividades para aplicar
en la educación básica; el uso del lenguaje gráfico
constituirá un recurso eficaz que comunicará de
forma particular lo que se pretende lograr con la educación
física.
Para ello,
mediante diversas acciones, los estudiantes conocerán la
naturaleza y los alcances de estos medios educativos y los efectos
que tienen en el aprendizaje y valorarán su utilidad y
las formas más apropiadas para emplearlos. Así,
se pretende que el futuro maestro sea un buen usuario de estos
medios, los incorpore como apoyos a la labor docente y como herramientas
para su perfeccionamiento profesional.
12.
En cada institución serán fortalecidas las formas
colectivas de trabajo docente y la planeación académica
La formación
de los futuros maestros, en los términos planteados en
el perfil de egreso, exigirá que las experiencias de aprendizaje
que los estudiantes logren en distintas asignaturas y actividades
se integren entre sí, construyendo una estructura cultural
y de saberes profesionales internamente coherente.
Esta observación,
que pudiese parecer innecesaria, es pertinente porque es común
que los estudiantes del nivel educativo superior no logren ese
tipo de formación articulada y, por el contrario, obtengan
aprendizajes aislados, cuyos contenidos no se vinculan y refuerzan,
debido al empleo de métodos de trabajo y criterios educativos
antagónicos entre sí.
Una de las
condiciones que más favorecerá la formación
coherente de los estudiantes es el mejoramiento de los mecanismos
de intercambio de información y coordinación entre
los maestros y el fortalecimiento de las formas de trabajo concertadas,
que den origen a verdaderos colectivos docentes.
Tanto en las
formas como en las orientaciones con que se trabaje en la licenciatura,
será necesario articular las actividades de los profesores
de las escuelas normales, de tal manera que los estudiantes atiendan
exigencias semejantes y no contradictorias, que los cursos que
integran una misma línea de formación tomen en cuenta
efectivamente los contenidos antecedentes y subsecuentes y que
puedan aprovecharse los temas, problemas de discusión y
conclusiones obtenidas en otras asignaturas que se cursen en el
mismo periodo semestral. Es decir, se trata de lograr una adecuada
articulación, horizontal y vertical, entre las distintas
asignaturas y actividades que componen el plan de estudios.
Para lograr
esta articulación, será necesario revitalizar el
funcionamiento de las academias, que deberán conformarse
o reestructurarse atendiendo a las áreas de contenidos
afines. Asimismo, convendrá institucionalizar las reuniones
de los profesores que atiendan asignaturas de un mismo semestre;
el objetivo de estas reuniones será identificar las relaciones
entre los contenidos de las distintas asignaturas, el avance académico
de los alumnos, así como revisar e intercambiar materiales
de estudio.
Este
tipo de actividades darán contenido y sentido al trabajo
colegiado, y serán uno de los medios más eficaces
para apoyar la superación profesional de los maestros de
las escuelas normales.

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