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Plan
de Estudios, Licenciatura en Educación Física/
Plan
de Estudios para la formación inicial de profesores de Educación
Física
I.
La reorientación de la educación física en
la educación básica
El Plan de
Estudios 2002 de la Licenciatura en Educación Física
pretende formar profesores que desempeñen su labor profesional
dentro y fuera de las escuelas de educación básica
con niños de preescolar, de primaria y con adolescentes
que cursan la secundaria (incluidos en cada nivel los alumnos
con necesidades educativas especiales).
Los futuros
profesores de educación física, desde el campo de
la motricidad —entendida como el movimiento corporal intencional,
consciente, ejecutado de acuerdo a ideas concretas que implican
un razonamiento continuo sobre las experiencias y acciones propias—,
contribuirán con su labor docente al logro de los propósitos
de la educación básica señalados en los programas
de estudio vigentes en los tres niveles que la conforman. En especial,
trabajarán para que todos los niños y los adolescentes,
según sus características y condiciones personales,
desarrollen su motricidad; específicamente, promoverán
que los alumnos desarrollen sistemáticamente sus habilidades
y competencias motrices; mejoren sus niveles de desarrollo físico
y su expresión corporal; adquieran conocimientos, hábitos
y actitudes para el fomento de su salud y se desenvuelvan en el
campo intelectual, así como en los campos afectivo y de
socialización, para alcanzar una formación integral
que contribuya a elevar su nivel de vida.
Para formar
nuevos maestros que logren dichos propósitos por medio
de la educación física, es fundamental analizar
la ubicación de esta asignatura en el contexto de la escuela,
estudiar lo que se requiere para aplicarla como materia escolar
y situarla en el lugar que le corresponde dentro del conjunto
de los campos de estudio del preescolar, la primaria y la secundaria.
El escenario
educativo en el que trabajará el futuro docente de educación
física es la escuela de educación básica, caracterizada
por la complejidad, la diversidad y la masificación; en ella
todos los niños y adolescentes, sin distinción, ejercen
su derecho a la educación. La escuela, para ser pertinente,
requiere promover la construcción de conocimientos, el desarrollo
de competencias y propiciar comportamientos: componentes necesarios
de una cultura básica para continuar la formación
escolarizada y seguir aprendiendo durante la vida. Nuestro país
necesita una institución que haga corresponder el crecimiento
espectacular de la matrícula que se dio en las recientes
décadas, con el incremento de la calidad de los aprendizajes
indispensables para desenvolverse en la época actual.
Frente a una
sociedad cambiante y compleja, que entre otros aspectos se caracteriza
por la incertidumbre, la escuela requiere abrirse y poner más
atención en los sujetos que aprenden, así como garantizar
una educación de calidad para todos mediante una base común
de competencias, conocimientos y actitudes que permitan al sujeto
desempeñarse satisfactoriamente en la sociedad. Al mismo
tiempo se debe considerar la individualidad y las diferentes formas
de aprender de los educandos, particularmente a aquellos alumnos
que presenten capacidades diferentes. Estos aspectos constituyen
el mayor desafío de la educación básica.
Atender la
diversidad supone un mejor conocimiento del alumno, fomentar su
interés por lo que aprende y hacer que lo mantenga durante
y después de su escolaridad. Se requiere que el maestro trabaje
hacia el logro de las metas comunes de la escuela y guíe
a los educandos hacia el aprendizaje. De ahí que formarse
para la enseñanza adquiere un gran significado: el profesional
de la docencia será sensible para educar a todos atendiendo
sus diferencias individuales y culturales y estará preparado
para trabajar con distintos enfoques que posibiliten modos diferenciados
de aprender. La educación física tiene mucho que aportar
a estos fines porque puede ayudar a los alumnos a desinhibirse,
a expresarse, a descubrir y apreciar el cuerpo como elemento valioso
de la persona.
Para el profesor
de educación física de la escuela básica la
masificación significa considerar a todos los alumnos que
le corresponde atender: conocerlos a través del trabajo que
realice y por lo que sabe sobre la infancia y la adolescencia, por
lo que le puedan comunicar los otros maestros, los directivos y,
por supuesto, los padres de familia; este conocimiento es la base
para orientar su labor hacia lo que sus alumnos son y pueden hacer
y a fortalecer las capacidades que tienen, así como a desarrollar
otras.
El educador
físico necesita crear ambientes de aprendizaje favorables
a los alumnos —de respeto, buen trato, aliento, apoyo mutuo, entusiasmo
e interés, seguridad, confianza, de gusto por realizar la
actividad, abiertos a las sugerencias, con sentido y claridad de
lo que se va a llevar a cabo y para qué, en los que haya
un aprovechamiento efectivo del tiempo en lo que es prioritario—
y dar atención a las diferencias individuales y a los distintos
intereses por la actividad física. La planeación y
la realización de actividades idóneas, con sentido
para los alumnos, tienen que ser congruentes con este entorno de
trabajo.
La escuela
necesita una gestión, organización e impulso de la
educación física que haga a ésta más
flexible, capaz de adaptarse a las realidades y necesidades locales
o regionales, que sea considerada como un derecho a la práctica
de la motricidad en condiciones adecuadas, como un espacio para
atenuar ciertas desigualdades o para evitar que se sigan profundizando.
La educación física requiere, por tanto, de una práctica
pedagógica diversa, amplia e incluyente.
En la escuela
se propone que cada alumno, mediante la educación física:
-
Desarrolle
sus capacidades para expresarse y comunicarse.
-
Sepa adquirir
y utilizar información.
-
Desarrolle
el pensamiento y las habilidades para resolver problemas.
-
Mantenga
la disposición para el estudio y el gusto por ir a la
escuela.
-
Se sienta
seguro y competente en el plano motriz.
-
Desarrolle
las capacidades que le permitan enfrentar desafíos y
fortalezcan su creatividad, autoestima y motivación.
-
Sea capaz
de adaptarse y manejar los cambios que implica la actividad
cinética; es decir, tener el control de sí mismo,
tanto en el plano afectivo como en el desempeño motriz,
ante las diversas situaciones y manifestaciones imprevistas
que se dan en la acción.
-
Sepa apreciarse
y respetarse a sí mismo y a los otros.
-
Proponga,
comprenda y aplique reglas para la convivencia y el juego limpio.
-
Se integre
a un grupo y al trabajo en equipo; es decir, desarrolle el sentido
comunitario.
-
Sea responsable
y ejerza la autonomía personal.
-
Conozca
sus derechos y deberes, y sepa aplicarlos o hacerlos valer.
-
Cuide su
salud mediante la adquisición de información,
el fomento de hábitos, la práctica regular de
la actividad motriz y la prevención de accidentes.
-
Desarrolle
actitudes tanto para conservar el ambiente y hacer un uso racional
de los recursos naturales, como para preservar el patrimonio
cultural.
-
Sea capaz
de seguir aprendiendo fuera de la escuela y aplique lo que sabe.
Así,
cada sesión de educación física que se planeé,
realice y evalúe en las escuelas de educación básica,
será una oportunidad para acercarse a esos aprendizajes;
cada sesión que se desaproveche —dado el tiempo escolar
asignado— irá en detrimento de su logro. Los contenidos,
los métodos, las actividades motrices y los procedimientos
de evaluación que se desarrollen en la escuela según
el nivel de los alumnos servirán para alcanzar dichos aprendizajes.
En el contexto
real de una escuela, alcanzar estas metas implica realizar una
labor común entre todos los profesores, utilizar estrategias
que hagan posible una educación física más
plena para todos, y buscar tiempos, formas y mecanismos para comunicarse
y planificar.
Por las razones
anteriores, es necesario reorientar la formación académica
de los futuros maestros de la especialidad mediante seis grandes
líneas que contienen el enfoque pedagógico pertinente
para lograr el cumplimiento de dichos propósitos. Estas líneas
son las siguientes:
1. La
corporeidad como base del aprendizaje en educación física
La educación
física, dentro de la educación básica, contribuye
al desarrollo integral de los educandos por medio de la corporeidad.
Cuando un niño o un adolescente se mueven, actúan
como un ser total, es decir, manifiestan su unidad corporal, conformada
por conocimientos, afectos, motivaciones, actitudes, valores,
y por una herencia familiar y cultural. La interrelación
de estos aspectos confiere un estilo propio de motricidad a cada
individuo, a la vez que lo dota de una identidad corporal, es
decir, de un conocimiento de sí mismo.
La corporeidad
es parte constitutiva de la personalidad. Por ello es necesario
considerar al alumno en formación, y al futuro profesor,
no sólo como un grupo de músculos a los que hay
que adiestrar para que tengan fuerza y precisión en aras
de realizar una acción específica; por el contrario,
se requiere considerar la infinita posibilidad de movimientos
intencionados, creativos e inteligentes que caracterizan al ser
humano. Esta concepción del cuerpo y de lo motriz implica
repensar la educación física, pues tiene que dar
respuesta al ser completo, con toda su complejidad; esto es, en
la intervención pedagógica directa con los niños
y adolescentes es necesario que las acciones respondan a este
principio de integralidad, atendiendo a los procesos cognitivos,
afectivos y valorales del alumno —y no sólo a los biológicos
y físicos.
La integración
de la corporeidad persigue el conocimiento del propio cuerpo,
dentro del proceso evolutivo individual: la representación
que la persona hace de él, su cuidado, aprecio y manejo
y el uso de todas sus facultades (esta integración de la
corporeidad abarca el género y el conjunto de las diferencias
individuales).
El docente
en formación debe construir y experimentar el concepto de
corporeidad, para aprender y comprender que un alumno de educación
básica necesita participar e involucrarse en actividades
en las que intervengan todos los aspectos de su personalidad.
2. La
edificación de la competencia motriz
La competencia
motriz se debe entender como la capacidad de un niño o
adolescente para dar sentido a su propia acción, orientarla
y regular sus movimientos, comprender los aspectos perceptivos
y cognitivos de la producción y control de las respuestas
motrices, relacionándolas con los sentimientos que se tienen
y añaden a las mismas, y la toma de conciencia de lo que
se sabe que se puede hacer y cómo es posible lograrlo.
Con la integración
de la competencia motriz los niños y adolescentes desarrollan
sus capacidades al percibir, interpretar, analizar y evaluar los
actos motrices personales; amplían diversos tipos de saberes
en relación con sus acciones individuales; mejoran sus
capacidades para solucionar problemas motrices de manera autónoma;
y exploran sus propios recursos para actuar de manera eficaz,
confiada y segura.
La competencia
motriz es un proceso dinámico que se manifiesta a través
del manejo que hace un sujeto de sí mismo y de sus acciones
en relación con los otros o con los objetos del medio;
evoluciona y cambia según la edad de la persona, sus capacidades
y sus habilidades. La competencia motriz desarrolla la inteligencia
operativa, que supone conocer qué hacer, cómo hacerlo,
cuándo, con quién y en función de las condiciones
cambiantes del medio.
En la escuela
preescolar y primaria, de los tres a los 12 años, la educación
física contribuye a cimentar la competencia motriz, la exploración
y el reconocimiento de los patrones básicos de movimiento;
en la escuela secundaria, de los 12 a los 16 años, se afina
ese proceso. Una buena educación física de base propicia
que los niños pequeños realicen una motricidad global,
que los niños mayores consoliden su movimiento corporal y
los adolescentes se identifiquen con su cuerpo y desarrollen una
motricidad más compleja.
El mejoramiento
de la competencia motriz requiere de una práctica variable
y abundante en la que se presenten problemas a resolver antes que
modelos a ejecutar. Esto tiene como finalidad afinar y desarrollar
a plenitud los patrones básicos de movimiento.
Los educandos
aprenden a ser competentes cuando interpretan mejor las situaciones
que reclaman una actuación eficaz y utilizan los recursos
necesarios para responder de una forma que se ajuste a las demandas
de la situación, problema o tarea motriz. Una predicción
importante para la enseñanza es que aumentando la cantidad
y la variedad de experiencias motrices se recupera la riqueza cinética
previa, se emplea una mayor cantidad de recursos perceptivo-motrices,
se incrementan las oportunidades para practicar y se consiguen progresivamente
avances en la edificación de la competencia motriz de los
niños y de los adolescentes: aprender el procedimiento para
realizar una tarea motora (saber hacer), aplicar este procedimiento
o conocimiento en diversas situaciones problemáticas o de
aprendizaje (saber actuar) y asumir conductas o valores durante
la realización de un juego o acción motora (saber
desempeñarse).
Progresivamente
el niño o el adolescente aprenden a tomar decisiones, y a
explicar cómo realizaron determinada acción y cuáles
fueron los procedimientos empleados para llevar a cabo una secuencia
motriz. El alumno adquiere el sentimiento de competencia (saber
actuar) y confianza sobre su capacidad de movimiento a partir del
conocimiento de sus propias limitaciones y posibilidades en cada
situación; aprende a reconocer lo que le es posible o no
realizar, a ajustar las soluciones a las diferentes situaciones
y a evaluar la consecuencia de sus acciones. Todo esto favorece
el desarrollo cognitivo de los escolares desde el campo de la motricidad.
3.
El juego motriz como medio didáctico de la educación
física
La educación
física cuenta con diversos medios para lograr sus propósitos
educativos. El juego motriz organizado es un medio fundamental
que se destaca en la escuela, porque proporciona a niños
y adolescentes placer, un espacio para expresar afectos y emociones,
y una variedad de oportunidades para lograr aprendizajes.
Como herramienta
didáctica, el juego es una actividad placentera y catártica,
que no responde a metas extrínsecas y proporciona a los
niños y a los adolescentes medios para la expresión
y la comunicación. Además, aporta beneficios de
tipo cognitivo, afectivo y social, que contribuyen a la formación
e integración de la corporeidad y a la edificación
de la competencia motriz.
Al propiciar
el juego en la escuela se deben tomar en cuenta las condiciones
y conocimientos previos de cada niño y adolescente. El
juego permite poner en el centro de la actividad pedagógica
a los alumnos y a sus necesidades formativas, sirve para relacionarse,
colaborar y compartir durante el tiempo de ocio, realizar actividad
motriz para estar en forma, y ayuda a relajarse. Se debe, entonces,
atender y aprovechar el gusto de los escolares por el juego para
mejorar la educación física actual y modificar con
ello la concepción de la especialidad y de un profesor
que sólo pone a jugar a sus alumnos.
El juego motriz
contribuye al reforzamiento y vinculación de los contenidos
aprendidos en el aula, por medio de las actividades al aire libre.
El juego educa a los futuros ciudadanos porque representa una experiencia
para la interacción social en el marco de la escuela, por
lo que es deseable que el futuro especialista valore al juego motriz
por la contribución que hace al aprendizaje de los alumnos.
4. La
diferenciación entre educación física y deporte
Hoy en día
las investigaciones asignan al deporte varias intenciones formativas.
Así, la atención docente dirigida a satisfacer las
necesidades de aprendizaje motor aprovecha el deporte con los
escolares según distintas perspectivas: a) educativa,
b) de orientación y promoción, c)
social y organizativa, y d) de iniciación deportiva.
Es indispensable
tomar en cuenta lo que el deporte escolar aporta desde estas perspectivas
a la formación de los alumnos, para así poder sacar
provecho de esa práctica en la mejora de la competencia
motriz, la formación en valores, la identidad y la autoestima;
se requiere, entonces, impulsar una práctica deportiva
donde participen todos y no sólo quienes destacan en dichas
actividades.
El deporte
es un medio de la educación física; para que el
deporte sea educativo es necesario impulsar el sentido de cooperación.
Se trata de generar y orientar el deporte en la escuela para desarrollar
las competencias motrices, no de seguir impulsando el enfoque
competitivo del mismo —competir para vencer al adversario— en
detrimento de valores y actitudes positivas. La finalidad del
deporte educativo es poner a prueba los distintos dominios motrices,
aprovechar el agón —sentimiento de vencer obstáculos,
miedos e incertidumbres, de conocerse o enfrentarse consigo mismo
y disfrutar lo realizado—, recuperar el sentido lúdico,
promover el cuidado de la salud, así como transmitir valores,
normas y contenidos éticos para la convivencia social y
el trabajo en equipo.
5. La
orientación dinámica de la iniciación deportiva
La reorientación
de la educación física precisa de un enfoque dinámico
de la iniciación deportiva para atender y canalizar las
distintas motivaciones que niños y adolescentes tienen
con respecto a la práctica de la actividad deportiva. En
este sentido interesa: a) el desarrollo de las habilidades
motrices de tipo abierto o básicas —permiten resolver múltiples
situaciones de motricidad en las que impera un alto grado de incertidumbre
y en las que hay que adecuar la respuesta motriz a un entorno
cambiante—, que promuevan una formación genérica
y polivalente en el campo del comportamiento motriz y de la iniciación
deportiva, a través de principios pedagógicos que
favorezcan la adquisición de capacidades, habilidades,
destrezas, conocimientos y actitudes que son necesarios para desenvolverse
y desempeñarse de manera eficaz; b) la canalización
del agón, sin perder la dinámica de los juegos de
oposición; es decir, una educación del agón
para favorecer en los escolares el sentimiento de superación,
aprender del triunfo y de la derrota, saber jugar limpiamente
y en colaboración con los otros; c) la vigorización
física, para promover un estilo activo y saludable de vida
y contrarrestar el sedentarismo; y d) el aprovechamiento
o la recuperación del placer que los niños y los
adolescentes experimentan al jugar.
Este proceso
debe llevarse a cabo en forma paulatina y acorde con las posibilidades
y necesidades de cada uno de los niños y de los adolescentes,
al tiempo que propicia la participación amplia de todos
los alumnos. La finalidad es que cada educando adquiera hábitos
y actitudes que fortalezcan sus capacidades y mejoren su condición
física, pero sobre todo que logren la depuración
y mejora de sus habilidades motrices básicas, es decir,
el trabajo con las habilidades de tipo abierto.
Para ello,
la iniciación deportiva debe orientarse según distintas
posibilidades didácticas y aplicar diferentes modalidades
para encauzar acciones motrices con un grado de complejidad creciente,
que desarrollen las habilidades de pensamiento y la resolución
de problemas en el plano motriz. La aplicación de los recursos
dinámicos de la iniciación deportiva ha de incidir
en la edificación de la competencia motriz de niños
y adolescentes y afianzar la corporeidad en cada uno de ellos.
Con esta orientación,
el sentimiento de vencer obstáculos, conocerse o enfrentarse
consigo mismo y disfrutar de la competencia se convierte en un fin
pedagógico de la educación física y motivo
de la iniciación deportiva, a través de tres posibilidades
y modalidades didácticas: los juegos modificados, los juegos
cooperativos y la propia iniciación deportiva.
a) Los
juegos modificados aprovechan este sentimiento de vencer obstáculos,
conocerse a sí mismo y disfrutar lo que se realiza; y permiten
el desarrollo de las habilidades motrices básicas abiertas
de los alumnos en escenarios más complejos y diversos, así
como la valoración de los éxitos y realizaciones que
van alcanzando en sus desempeños personales. Retoman, además,
el móvil básico de los deportes —cooperación-oposición—
y sus reglamentos, con la característica y condición
de transformarlos de acuerdo con los propósitos educativos,
las necesidades y motivaciones de los escolares mediante el ajuste
de tiempos, espacios y roles. El interés de los juegos modificados
no es la formación previa a los deportes, sino la canalización
y satisfacción cinética del aquí y ahora
de quienes los practican. Una de las finalidades de este tipo
de juegos es el desarrollo del pensamiento estratégico y
divergente; es decir, propiciar formas alternativas, mediante distintas
actividades y juegos, para la acción motriz y tener más
claros y precisos los movimientos personales dentro de la zona en
que se desarrolla la actividad; el conocimiento de recorridos y
trayectorias, tanto del jugador que posee la pelota —o el instrumento
de uso: raqueta, pelota, bastón, críquet— como de
quien no la tiene, la actuación estratégica (colocación
en la zona de juego) y la depuración de los patrones de movimiento,
por ejemplo: correr; correr y batear; correr, batear y hacer capturas.
b) Por
otra parte, los juegos cooperativos tienen como propósito
desarrollar y promover múltiples aprendizajes —que se pueden
lograr a partir de la oposición y la incertidumbre— tales
como: valorar el trabajo en equipo; desarrollar habilidades para
solucionar problemas; aprender a jugar con otros mejor que contra
otros; gozar con la propia experiencia del juego. En este tipo de
juegos ningún jugador tiene que mantener o sobrevalorar su
estima por encima de la de otro; su esencia es la cooperación
entre todos los participantes para conseguir los objetivos propios
de la actividad.
c) La
iniciación deportiva promueve las habilidades motrices de
tipo abierto, y se encarga también de desarrollar en los
niños las habilidades motrices cerradas o específicas
—que se realizan en entornos fáciles de prever, en situaciones
estables y ante las que se tiene una respuesta motora prevista;
además se caracterizan por depurar o perfeccionar ciertos
patrones motores— al mismo tiempo que estimula el pensamiento estratégico
y la anticipación motriz, las decisiones cinéticas
y la mejora de algunas capacidades motrices como la fuerza, la resistencia,
la velocidad y la flexibilidad.
Es así
como la iniciación deportiva puede contribuir a la adquisición,
experimentación y contacto con la práctica deportiva
en los niños y en los adolescentes, lo que permite: la participación
de todos, sin excluir a los menos hábiles; lograr la confianza
y seguridad en sí mismos; tener un mejor equilibrio personal,
cognoscitivo y social; alcanzar conquistas tanto a nivel individual
como colectivo; y mejorar sus patrones básicos de movimiento
como: caminar, trotar, lanzar, atrapar y transportar, entre otros.
Es fundamental
que la formación académica de los futuros profesores
de educación física les ofrezca el conocimiento básico
de los objetivos de la actuación motriz con esta orientación
dinámica de la realización de los juegos modificados,
de los juegos cooperativos y de la iniciación deportiva,
y que los dote de herramientas para que conozcan y manejen los procesos
de enseñanza y de aprendizaje adecuados, con el fin de identificar
las posibilidades, necesidades y motivaciones de sus alumnos para,
posteriormente, ofrecerles ambientes de aprendizaje que estimulen
su creatividad y la práctica de uno o varios deportes de
manera más específica, según sus propios intereses.
6. Promoción
y cuidado de la salud
La práctica
regular de la educación física propicia un desarrollo
sano y seguro. En la realización de actividades físicas
es preciso tomar en cuenta aspectos cualitativos como los siguientes:
procurar que la experiencia sea positiva para los niños
y los adolescentes; que al llevar a cabo la práctica de
una sesión se les brinde seguridad y orientación
para que realicen los ejercicios de una manera correcta; proponer
actividades que estén a su alcance y evitar sobrecargas
y ejercicios contraindicados, considerando las características,
necesidades y diferencias individuales que se pueden presentar
en un grupo de alumnos.
Es importante
resaltar que los beneficios saludables de la actividad física
se alcanzan ejerciéndola y no buscando altos niveles de
excelencia atlética o comparando los movimientos propios
con los de otro compañero; los beneficios saludables se
logran en el proceso de la actividad, no en el producto asociado
al resultado.
La educación
física promueve el cuidado de la salud de los escolares
cuando los maestros revisan la seguridad que ofrece el espacio
en que sus alumnos realizan las actividades; toman en cuenta las
condiciones naturales, climáticas y el estado del tiempo
para decidir dónde trabajar, en qué horario y con
cuáles alumnos; actúan con suficiente flexibilidad
y adaptan sus estrategias en beneficio de los educandos. Someter
a los alumnos a condiciones inadecuadas es poner en riesgo su
seguridad y su salud porque se pueden obtener resultados contrarios
a los que originalmente persigue la educación física.
Aprender habilidades
motrices esenciales para la vida y adquirir una base de conocimiento
práctico evitará el sedentarismo. Una preocupación
central de la educación física es hacer que los alumnos
aprendan a interesarse por la actividad motriz, reconozcan su valor
como un medio para aumentar su capacidad personal y su salud, a
partir de incorporarla en el propio estilo de vida.
Mantener la
salud es una condición indispensable para el desenvolvimiento
individual y social. Fortalecer el respeto y la responsabilidad
hacia el cuidado del propio cuerpo requiere como base la formación
de hábitos y actitudes relacionados con la higiene personal
y la alimentación. La actividad motriz en general, la alimentación
equilibrada y el descanso, así como la prevención
de enfermedades, accidentes y adicciones, son medidas que en conjunto
favorecen una salud integral.
Para promover
actitudes de autocuidado en los alumnos se requieren docentes que
proporcionen información oportuna y veraz, combinada con
experiencias pertinentes y adecuadas al nivel de comprensión
de los niños y de los adolescentes; que consideren, además,
la realidad en que se encuentran laborando, que tomen en cuenta
el contexto familiar y social de los alumnos para que éstos
aprendan a cuidar su salud a partir de sus propios recursos y medios.
Es pertinente
que los educadores físicos contribuyan en la educación
básica a crear una cultura para la prevención, principalmente
ante los altos índices de accidentes y enfermedades entre
los niños y adolescentes, que pueden evitarse mediante acciones
educativas intencionadas y oportunas.
La reorientación
expuesta en estas seis líneas es una pauta fundamental para
la reformulación del plan de estudios dirigido a la formación
inicial de profesores que atenderán la educación física
en la educación básica.

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