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Plan
de Estudios, Licenciatura en Educación Primaria /
Criterios
y orientaciones para la elaboración del plan y la organización de
las actividades académicas
A partir de
la definición del perfil de egreso y como paso previo a la descripción
del plan de estudios, es conveniente establecer algunos criterios
y orientaciones de orden académico que tienen dos propósitos: precisar
los lineamientos más importantes que regulan los contenidos, la
organización y la secuencia de las asignaturas y otras actividades
establecidas en el plan; y, en segundo lugar, definir ciertos rasgos
comunes de las formas de trabajo académico y del desempeño del personal
docente, que son indispensables para que los propósitos educativos
se alcancen realmente en la práctica.
Al incluir el
segundo de los propósitos mencionados se atiende a un problema grave,
muy común en las transformaciones académicas, que consiste en la
falta de coincidencia y aún la contradicción entre las
finalidades educativas que se expresan formalmente en un plan de
estudios y el tipo de actividades académicas que realmente se llevan
a la práctica en una institución. Sólo como ejemplos, se pueden
mencionar un plan de estudios que postula la capacidad de localizar
y comparar información, y una práctica que privilegia el dictado
de apuntes o el estudio acrítico de un solo texto, o bien de un
plan en el que se recomienda el desarrollo de las capacidades de
reflexión y aplicación, y unas prácticas de enseñanza y evaluación
que en realidad premian la memorización y limitan la expresión del
juicio propio.
Por esa razón
se señala que un plan de estudios, por correcta que sea su formulación,
sólo tiene la posibilidad de alcanzar sus objetivos cuando su aplicación
se realiza en un ambiente educativo y bajo prácticas que son congruentes
con las finalidades del plan.
Bajo estas consideraciones,
se establecen los criterios y orientaciones que se describen enseguida.
1. La
formación inicial de los profesores de educación básica tiene carácter
nacional, con flexibilidad para comprender la diversidad regional,
social, cultural y étnica del país
La educación
básica en México, de acuerdo con lo que establecen el Artículo Tercero
Constitucional y la Ley General de Educación, es nacional tanto
porque contribuye a la formación de la identidad de los mexicanos,
como porque es un medio para promover la igualdad de oportunidades
a través del acceso de todos los niños del país al dominio de los
códigos culturales y las competencias fundamentales que les permitan
una participación plena en la vida social.
La formación
de los profesores, en virtud del papel fundamental que éstos desempeñan
en la educación de niños y adolescentes, debe corresponder a las
finalidades y los contenidos que la legislación educativa le asigna
a la educación básica. Los principios que fundamentan el sistema
educativo nacional parten de la idea de que existe un conjunto de
conocimientos, habilidades y valores que todos los niños mexicanos
deben adquirir y desarrollar, independientemente de la entidad,
región, condición social, religión, género o grupo étnico al que
pertenezcan.
Esta necesidad
constituye la principal razón de la existencia de un plan de estudios
nacional que, mediante un conjunto de propósitos, contenidos básicos
y formas de organización, garantiza una formación común, adecuada
a las principales finalidades del sistema educativo nacional. Al
mismo tiempo, permite atender las principales demandas que la diversidad
regional, social y cultural del país le exige al sistema educativo
y, en particular, al ejercicio docente.
La formación
común y nacional de los profesores se concentra precisamente en
la consolidación de habilidades intelectuales y competencias profesionales
que les permiten conocer e interpretar las principales características
del medio, su influencia en la educación de los niños, los recursos
que pueden aprovecharse y las limitaciones que impone; este conocimiento
será la base para adaptar los contenidos educativos y las formas
de trabajo a los requerimientos particulares de cada región.
Una parte de
los temas y problemas que se incluyen en los programas, se estudian
tanto en su dimensión general o nacional como en su dimensión o
manifestaciones regionales. Además, el plan de estudios reserva
espacios curriculares, con temas optativos para las escuelas, que
permiten a los estudiantes introducirse en el estudio de algunas
cuestiones particulares que el ejercicio de la docencia debe considerar
según las características sociales, culturales y étnicas de las
comunidades y las modalidades organizativas de las escuelas; estos
temas se refieren, por ejemplo, a la atención educativa en zonas
rurales aisladas, en comunidades indígenas, en zonas urbanas marginadas
y con niños y familias en situación de riesgo.
2. Los
estudios realizados en las escuelas normales constituyen la fase
inicial de la formación de los profesores de educación primaria
El plan de estudios
parte de la identificación de un núcleo básico e imprescindible
de necesidades de formación de los profesores de educación primaria,
derivadas de los propósitos y de los requerimientos del perfil de
egreso, cuya satisfacción les permita desempeñar su función con
la calidad necesaria. Al mismo tiempo, uno de sus propósitos es
consolidar en los estudiantes las habilidades y actitudes que son
la base del trabajo intelectual, el conocimiento y manejo de fuentes
de información y los recursos tecnológicos para aprovecharlas, con
el fin de que sigan aprendiendo con autonomía, tanto de su propia
experiencia como a través del diálogo e intercambio con sus colegas
y del estudio sistemático.
Así, se reconoce
que el ejercicio profesional del maestro, en un contexto en transformación
y con una gran diversidad, demanda de manera constante nuevos conocimientos,
capacidad para interpretar la realidad escolar y social, y el reconocimiento
de las diferencias individuales de los alumnos, cuestiones que son
imposibles de atender previamente, de manera específica y con certeza,
en cualquier proceso de formación inicial, pero que constituyen
retos estimulantes para continuar su preparación.
Al considerar
los estudios normalistas como formación inicial, se evita la saturación
del plan de estudios con asignaturas que busquen cubrir las deficiencias
de la formación previa o satisfacer las necesidades hipotéticas
de formación que los egresados tendrán en el futuro; o bien, pretender,
en un lapso breve de formación, abarcar de manera completa el conocimiento
de una disciplina. En particular, se evita la inclusión de contenidos
que atienden a la formación cultural general, en el entendido de
que los contenidos de este tipo que sean importantes para comprender
el proceso educativo están presentes en los programas de cada una
de las asignaturas.
3. El
dominio de los contenidos de la educación primaria se realiza de
manera integrada con la capacidad para enseñarlos y orientar su
apropiación por parte de los niños
El ejercicio
de la profesión de educador requiere de un conocimiento firme de
los contenidos fundamentales de la educación primaria, así como
el dominio de las habilidades, los métodos y los recursos adecuados
para favorecer el aprendizaje en los niños. El conocimiento de los
contenidos y el dominio de las formas de su enseñanza se vinculan
estrechamente en los programas de estudio, evitando la separación
entre la disciplina y su didáctica.
Es probable
que, en el caso de maestros que trabajan con jóvenes y adultos,
no cause problema alguno el hecho de que durante su formación, el
maestro adquiera por un lado el dominio de la disciplina científica
y por otro el conocimiento de la didáctica que le corresponde. Ésa
es la experiencia más común en la formación de los profesores que
laboran en la enseñanza media y en la superior.
Para el educador
que trabaja con niños la situación es distinta, porque sus alumnos
están envueltos en un proceso de desarrollo de las capacidades cognoscitivas
y tienen por vez primera contacto sistemático con objetos de conocimiento
que no han formado parte de sus experiencias cotidianas. Por esta
razón, es conveniente que al estudiar cualquier campo disciplinario
que forma parte de la educación básica, el estudiante normalista
tenga presente los procesos y modelos mentales, así como las respuestas
afectivas de los niños cuando aprenden y le dan sentido a los contenidos
educativos incluidos en el currículum. Ésa es la base para formar
lo que podría llamarse mentalidad didáctica, capaz de considerar
de manera integrada la naturaleza de un tema de conocimiento y los
procedimientos y recursos que son más convenientes para lograr que
dicho tema adquiera sentido para los niños.
Es necesario,
asimismo, que los futuros maestros adquieran una comprensión clara
de los propósitos, la articulación y la secuencia de los contenidos
educativos incluidos en el plan de estudios de la educación primaria.
Esta tarea comprende tanto el desarrollo longitudinal de cada campo
de competencia y conocimiento a lo largo de los seis grados, como
la integración de contenidos que se combinan en cada grado escolar.
Este saber ayudará al maestro a orientar el aprendizaje de los niños
como un proceso congruente y progresivo.
Por otro lado,
es conveniente que los alumnos comprendan que, si bien existen principios
didácticos que tienen una amplia aplicación, cada campo de la educación
infantil cognitivo, valoral o correspondiente a capacidades
y destrezas es enfrentado por los niños conforme a estrategias
de aprendizaje que se adaptan a la naturaleza de los temas y que
están influidas por los estilos cognitivos, la sensibilidad y las
experiencias previas de los niños.
En síntesis,
el plan y los programas de educación normal tendrán como objetivo
que, al adquirir los conocimientos de tipo disciplinario, los estudiantes
los asocien con las necesidades, los procesos y las formas de aprendizaje
de sus futuros alumnos, con actividades didácticas específicas,
con recursos para la enseñanza y con determinados propósitos y modalidades
de evaluación, que con mayor probabilidad sean congruentes con el
campo de estudio que corresponda.
4. La
formación inicial de profesores establece una relación estrecha
y progresiva del aprendizaje en el aula con la práctica docente
en condiciones reales
En la propuesta
curricular para la formación inicial de maestros se otorga especial
importancia a la observación y a la práctica educativa en las escuelas
primarias, procurando el conocimiento sistemático y gradual de las
condiciones, problemas y exigencias reales del trabajo docente.
De este modo, la formación de profesores no sólo se lleva a cabo
en el ámbito de la escuela normal, también ocurre en el terreno
de la escuela primaria.
La observación
y la práctica en la escuela primaria tienen como propósito que los
estudiantes adquieran herramientas para el ejercicio profesional.
Una parte importante del trabajo docente implica la toma de decisiones
frente a situaciones imprevistas, la capacidad para resolver conflictos
cotidianos, y conducir adecuadamente un grupo escolar, así como
las habilidades para comunicarse con los niños a través de recursos
diversos. El acercamiento gradual de los alumnos de normal al ambiente
escolar y a la complejidad del trabajo educativo les permitirá adquirir
paulatinamente la destreza y la confianza que sólo la práctica puede
proporcionar y atenuará la sensación de desconcierto e impotencia
que suele afectar a los nuevos maestros cuando se incorporan al
servicio.
De este modo,
los futuros profesores aprenderán a seleccionar y adaptar estrategias
de enseñanza, formas de relación y estilos de trabajo congruentes
con los propósitos de la educación primaria. Es decir, la observación
y la práctica no se realizan con el fin de calificar y criticar
lo que sucede en el aula o, por el contrario, de identificar un
modelo de docencia que se deba imitar, sino de registrar información
para analizar y explicar las formas de proceder de los maestros
para identificar prácticas escolares adecuadas a las características
de los grupos.
Una preparación
cuidadosa de las observaciones y prácticas así como el análisis
consecuente, es indispensable para que estas actividades cumplan
su función formativa. Es importante tener claridad en los propósitos
y en los procedimientos con los cuales se va a observar y practicar
en las aulas y en las escuelas; asimismo, es necesario propiciar
y orientar el análisis de los resultados de las estancias en la
escuela. El procesamiento individual y colectivo de la información
generada durante las observaciones y las prácticas, constituye una
actividad que se desarrolla a lo largo de los estudios de educación
normal.
La tarea de
formar nuevos maestros implica el esfuerzo conjunto de profesores
de las escuelas normales y las primarias; por esto, es importante
definir y valorar, de manera explícita, el papel específico que
ambos pueden asumir en esa empresa común. Se espera que profesores
de educación primaria, como expertos, cumplan la función de asesoría
durante las observaciones y prácticas educativas en las aulas, guiando
a los estudiantes en los procedimientos y toma de decisiones adecuadas
para mejorar la calidad de la enseñanza y transmitiendo sus saberes
y experiencia en el trabajo con grupos escolares.
Esta orientación
contribuye a articular los propósitos de la educación normal con
los problemas y exigencias concretas de la educación básica, en
beneficio de un mejor desempeño profesional. El sentido último es
asegurar que los procesos de formación de nuevos profesores tomen
en consideración las formas de trabajo, las propuestas pedagógicas,
los recursos y materiales educativos que se usan y aplican en las
escuelas primarias, así como las condiciones en las cuales trabajan
y los problemas que enfrentan los maestros.
5. El
aprendizaje de la teoría se vincula con la comprensión de la realidad
educativa y con la definición de las acciones pedagógicas
El estudio de
elementos centrales de las teorías pedagógicas, sociológicas y psicológicas
tiene un gran significado educativo, que sólo puede cumplirse si
los estudiantes comprenden realmente el sentido de una elaboración
teórica y la utilizan para analizar la realidad, si pueden contrastar
y valorar enfoques teóricos opuestos o divergentes y si el aprendizaje
estimula su capacidad para actuar creativamente como educadores.
Con este propósito,
se propone una selección de cuestiones teóricas fundamentales en
los programas de estudio y se prevén formas para vincular las elaboraciones
teóricas con el análisis y la comprensión de situaciones educativas
reales, así como la generación de necesidades de explicación que
deben extraerse de las experiencias prácticas.
Es muy limitada
la utilidad formativa que tienen los cursos cuya pretensión es estudiar
un campo teórico en sí mismo, en el supuesto de que los estudiantes
serán espontáneamente capaces de aplicar sus componentes en la realidad.
La idea convencional
de un curso teórico consiste en presentar y definir las categorías
básicas de un campo disciplinario, hacer un recorrido histórico
de su desenvolvimiento y describir las posturas que en épocas más
o menos recientes predominan en una disciplina, destacando sus diferencias
y puntos de conflicto. El carácter exhaustivo de estos cursos hace
inevitable una gran superficialidad y, con frecuencia, éstos presentan
una simplificación de la complejidad conceptual, histórica y doctrinaria
de una disciplina. Rara vez el estudiante puede tener la experiencia
intelectual del conocimiento directo de un pensador o una corriente,
contextualizar un producto intelectual en su época o aplicar un
enfoque teórico a la realidad que éste pretende explicar. El resultado
de este aprendizaje es, con la mayor frecuencia, un registro memorístico
de nombres, títulos de obras y definiciones simplificadas, sujeto
normalmente a un rápido olvido.
Como alternativa,
se proponen programas más modestos en su alcance temático, que no
pretenden revisar un campo teórico en un solo intento, pero que,
mediante una selección cuidadosa de temas fundamentales, ofrecen
al alumno una experiencia intelectual genuina, una ocasión para
la reflexión personal y oportunidades de contrastar la teoría con
sus experiencias y de generar, a partir de estas últimas, preguntas
que le conduzcan a una exploración teórica fundada en un interés
propio.
6. El
ejercicio de las habilidades intelectuales específicas que requiere
la práctica de la profesión docente debe formar parte del trabajo
en cada una de las asignaturas
En congruencia
con los propósitos expresados en el perfil de egreso es necesario
que la lectura crítica, la redacción y la expresión oral, así como
las capacidades para seleccionar, analizar y utilizar información,
sean formas habituales de trabajo académico de los estudiantes.
Se parte del
supuesto de que este tipo de competencias no se aprende en cursos
específicos ni al margen de los contenidos de estudio. Por esta
razón se deben consolidar en todas las asignaturas y en el estudio
personal y no sólo en los cursos que abordan explícitamente esos
temas. Lo anterior exige formas de enseñanza, de relación entre
maestros y alumnos que estimulen el libre examen de las ideas, la
curiosidad, la creatividad y el rigor intelectual, la participación
informada, el ejercicio de actividades de descripción, narración,
explicación y argumentación, la lectura comprensiva y la analítica,
la redacción y la discusión; la corrección y la autocorrección de
los textos y el trabajo en equipo, sin que este último implique
diluir la responsabilidad individual.
En el desarrollo
de los cursos, además de la clase en el aula, se deberá recurrir
con frecuencia a otro tipo de experiencias de aprendizaje: trabajo
en biblioteca, consultoría, observación de la vida escolar y la
práctica de la enseñanza en condiciones reales. Con el fin de ayudar
a superar las deficiencias de los estudiantes en diferentes aspectos,
en el plan de estudios se incluyen actividades introductorias para
mejorar habilidades de estudio, así como para seleccionar y manejar
información.
7. Fomentar
los intereses, los hábitos y las habilidades que propician la investigación
científica
Una de las finalidades
que deben cumplir las diversas actividades formativas en la escuela
normal es fomentar el interés de los estudiantes por la investigación
científica, introducirlos en las distintas nociones y prácticas
que caracterizan al pensamiento científico, lograr que sean usuarios
analíticos y críticos de los productos de la investigación y habituarlos
a que en sus estudios, durante su trabajo y en su formación continua,
apliquen los criterios e instrumentos de la indagación científica.
Como lo muestran
los estudios sobre la formación de los buenos científicos, la sensibilidad
y la capacidad para investigar son resultado de múltiples experiencias
y de la combinación de recursos heterogéneos. Un primer factor,
que suele tener una influencia decisiva, es mostrar que el camino
de la ciencia es accesible y que ella está relacionada con el mundo
real e inmediato de la naturaleza y la sociedad. Con lo anterior
se quiere destacar que debe evitarse que la imagen de la ciencia
que reciban los alumnos sea la de algo abstracto y altamente complejo,
impresión que se genera cuando al inicio de la formación se utilizan
textos y problematizaciones teóricas, que sólo tienen sentido para
quienes ya hayan practicado la investigación.
De ahí la importancia
de alentar la observación orientada por preguntas precisas y bien
formuladas, la capacidad de buscar, contrastar y validar información
pertinente a un tema, la habilidad para registrar y describir experiencias
y para idear situaciones con propósitos experimentales sencillos,
así como para elaborar explicaciones de procesos sociales y educativos
que puedan ser confrontadas con la realidad.
Es esencial
que los estudiantes sepan que hay criterios y normas del proceder
científico universalmente válidos, pero igualmente que comprendan
que no hay un método científico único, formado por etapas indispensables
y con una secuencia que no puede variar. Será muy positivo que los
estudiantes asuman que la creatividad metodológica es parte esencial
del avance científico.
Finalmente,
en las actividades académicas se buscarán oportunidades para que
los estudiantes perciban que la actividad científica, como todo
esfuerzo de racionalización, tiene un fuerte componente ético, definido
por la honestidad intelectual y el aprecio por la verdad, el respeto
por los hechos y por la argumentación coherente y rigurosa, así
como por el rechazo a las afirmaciones no fundamentadas y a la distorsión
consciente de la realidad.
8. La
formación inicial preparará a los estudiantes normalistas para reconocer
y atender las diferencias individuales de sus alumnos y para actuar
en favor de la equidad de los resultados educativos
En todas las
actividades de formación de los futuros maestros se insistirá en
el principio de que, en su labor profesional, el educador se relaciona
con niños que poseen personalidades propias y distintas y que tienen
orígenes sociales y culturales, así como formas de vida profundamente
diferenciadas.
Los alumnos
normalistas adquirirán una perspectiva profesional a partir de la
cual asumirán que, si bien el conocimiento científico sobre el desarrollo
infantil permite identificar rasgos comunes y procesos característicos
de gran generalidad, cada niña y cada niño crecen y adquieren identidad
como individuos únicos, en relación permanente con sus medios familiares
y sociales.
Esta noción
deberá reflejarse en la percepción de los futuros maestros sobre
su actividad profesional, entendiendo que aun cuando el grupo constituye
la unidad natural de trabajo escolar, deberá realizarse un esfuerzo
continuo para conocer a cada alumno y para desarrollar actividades
de enseñanza y relaciones educativas que estimulen el desarrollo
de las potencialidades de cada uno.
En particular,
los alumnos normalistas advertirán que ciertos ambientes familiares,
culturales y sociales preparan a los niños para desenvolverse con
mayor facilidad en el medio escolar, mientras en otros casos hay
una menor correspondencia entre las experiencias ambientales de
los alumnos y las demandas planteadas por las actividades en la
escuela. Estas variaciones no implican diferencias en las capacidades
que los niños pueden desarrollar, pero exigen del maestro una sensibilidad
especial para estimular el aprendizaje de aquellos que, por razones
diversas, se encuentran en condiciones más vulnerables y de mayor
riesgo frente al fracaso escolar. En este sentido, los maestros
en formación deberán asumir que su desempeño en el grupo escolar
juega un papel central en el logro de la equidad educativa.
9. La
expresión artística, la educación física y las actividades deportivas
constituyen aspectos importantes de la formación de los futuros
maestros
En la formación
integral del maestro es indispensable el desarrollo de sus capacidades
de expresión y apreciación artísticas, así como la adquisición de
hábitos y aficiones relativas a la educación física y las prácticas
deportivas. Este componente formativo tiene dos significados distintos,
aunque estrechamente relacionados: contribuye al bienestar y al
desarrollo equilibrado de los estudiantes normalistas, y los orienta
y capacita para integrar esas actividades, oportuna y adecuadamente,
en la educación de los niños.
Para el fomento
de las capacidades mencionadas, será conveniente que en la organización
de los estudios se disponga de tiempos programados que ofrezcan
elementos comunes de formación y actividad a los estudiantes, así
como de tiempos adicionales que puedan ocuparse de manera flexible
y sin programación rígida. La experiencia de las escuelas normales
en la organización de clubes y grupos estables para actividades
artísticas y deportivas es una tradición que debe conservarse, pues
profundiza y enriquece el aprendizaje que los estudiantes obtienen
en los espacios formalizados en el mapa curricular.
Los planteles
podrán ampliar las oportunidades de formación artística y deportiva,
si establecen convenios con otras instituciones y dan reconocimiento
a las actividades que en ellas realicen los estudiantes.
10.
Las escuelas normales ofrecerán oportunidades y recursos para la
formación complementaria de los estudiantes
Existen numerosas
actividades educativas que pueden enriquecer y profundizar diversos
aspectos de la formación de los estudiantes, y que no formarán parte
del plan de estudios. Al no incluir como asignaturas formales cuestiones
como el aprendizaje de lenguas extranjeras o indígenas, la computación
y otras tecnologías informáticas, se trata de evitar, por un lado,
que el mapa curricular se recargue una vez más con un número excesivo
de componentes y, por otro, que se imponga una programación rígida
y uniforme a actividades que deben adaptarse a las preferencias
y las diferencias en el grado de avance previo, interés y disponibilidad
de tiempo de los estudiantes.
Bajo este criterio,
será muy conveniente que las autoridades de las escuelas normales,
en coordinación con la autoridad educativa estatal, desarrollen
un programa de actividades de formación complementaria, que se ofrezca
a los estudiantes fuera del horario de trabajo académico programado
y con la mayor flexibilidad en cuanto a requisitos de administración
escolar. De acuerdo con la naturaleza de esos programas, la SEP
participará en el financiamiento de las instalaciones y el equipo
especializado que sean necesarios.
Entre los campos
de formación complementaria de mayor importancia se sugieren:
a)
Aprendizaje de una lengua extranjera, procurando asegurar
como mínimo la comprensión de lectura.
b)
Aprendizaje o consolidación del dominio de una lengua indígena,
particularmente en las entidades con mayor proporción de hablantes
de algunas de ellas.
c)
Uso de las computadoras personales y de las redes de acceso a
información como medio para el estudio y la consulta.
Será muy útil
que las escuelas normales amplíen las opciones de formación complementaria
y agilicen su operación, mediante acuerdos con otras instituciones
de educación superior y organismos especializados en la prestación
de servicios educativos de interés.
11.
Los estudiantes y maestros deben disponer de medios tecnológicos,
para utilizarlos como recursos de enseñanza y aprendizaje, y para
apoyar su formación permanente
El maestro formado
en el nuevo plan de estudios realizará su labor en un ambiente donde
se ha ido generalizando el empleo de recursos técnicos y medios
de información en el aula, como el video, la computadora y las redes
de comunicación y acceso a bancos de información. Estas herramientas
serán más accesibles en el futuro y constituirán una importante
fuente de información para los alumnos.
Sin embargo,
sin restarles importancia, estos recursos no disminuirán la importancia
de la relación personal del maestro con sus alumnos. La mayor disponibilidad
de estos medios reafirma la necesidad de la formación fundamental
del maestro, para que los utilice con juicio y productividad y para
desarrollar en sus alumnos la capacidad de aprovecharlos de manera
inteligente y selectiva.
Para ello, mediante
diversas acciones, los estudiantes conocerán la naturaleza y los
alcances de estos medios educativos y los efectos que tienen en
el aprendizaje y valorarán su importancia y las formas más apropiadas
para utilizarlos. Con ello, se pretende que el futuro maestro sea
un buen usuario de estos medios, los incorpore como apoyos a la
labor docente y como herramientas para su perfeccionamiento profesional.
12.
En cada institución serán fortalecidas las formas colectivas del
trabajo docente y la planeación académica
La formación
de los futuros maestros, en los términos planteados por el perfil
de egreso, exige que las experiencias de aprendizaje que los estudiantes
logran en distintas asignaturas y actividades se integren entre
sí, construyendo una estructura cultural y de saberes profesionales
internamente coherente.
Esta observación,
que pudiese parecer innecesaria, es pertinente porque es común que
los estudiantes del nivel educativo superior no logren ese tipo
de formación articulada, pues obtienen aprendizajes aislados, cuyos
contenidos no se vinculan y refuerzan, empleando métodos de trabajo
y criterios educativos antagónicos entre sí.
Una de las condiciones
que más positivamente favorece la formación coherente de los estudiantes
es el mejoramiento de los mecanismos de intercambio de información
y coordinación entre los maestros y el fortalecimiento de las formas
de trabajo concertadas, que den origen a verdaderos colectivos docentes.
Tanto en las
formas de trabajo como en las orientaciones con las que se abordan
las asignaturas, es necesario articular las actividades de los profesores
de las escuelas normales, de tal forma que los estudiantes atiendan
exigencias semejantes y no contradictorias, que los cursos que forman
parte de una misma línea tomen en cuenta efectivamente los contenidos,
antecedentes y subsecuentes, y que puedan aprovecharse los temas,
problemas de discusión y conclusiones obtenidas en otras asignaturas
que se cursan en el mismo periodo semestral. Es decir, se trata
de lograr una adecuada articulación, horizontal y vertical, entre
las distintas asignaturas y actividades que componen el plan de
estudios.
Para lograr
esta articulación, es necesario revitalizar el funcionamiento de
las academias, que deberán integrarse atendiendo a las áreas de
contenidos afines. Asimismo, conviene institucionalizar las reuniones
de los profesores que atienden asignaturas de un mismo semestre;
el objetivo de estas reuniones será identificar las relaciones entre
los contenidos de las distintas asignaturas, el avance académico
de los alumnos, así como revisar e intercambiar materiales de estudio.
Este tipo de
actividades son las que dan contenido y sentido al trabajo colegiado,
y son uno de los medios más eficaces para apoyar la superación profesional
de los maestros de las escuelas normales.
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