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Programa
de Estudios, 2° semestre, Licenciatura en Educación Secundaria
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La
Enseñanza en la Escuela Secundaria. Cuestiones básicas
I /
Introducción
El
propósito de esta asignatura es que los estudiantes normalistas
adquieran la capacidad y la sensibilidad para identificar y analizar
críticamente algunos de los problemas más comunes
y complejos que enfrenta un maestro de educación secundaria,
y que están relacionados con las ideas y nociones predominantes
sobre el carácter que debe tener la enseñanza en este
nivel, con las prácticas educativas que con mayor frecuencia
tienen lugar en el aula y con las formas y criterios que caracterizan
a la evaluación de los alumnos.
Los
problemas a que se refiere este curso tienen un alcance general,
pues se presentan en la actividad docente que se realiza en todas
las disciplinas y campos de la enseñanza. Esta generalidad
se deriva de la existencia de una "cultura" predominante
sobre la educación secundaria, la cual es compartida por
la mayoría de los maestros y directivos escolares, se reproduce
y transmite a través de múltiples mecanismos y determina
las formas típicas de la docencia y de las relaciones escolares.
En este curso se propone a los maestros y a los estudiantes analizar
esa cultura pedagógica dominante, caracterizándola
como un conjunto de nociones y creencias implícitas,
que son sólo parcialmente conscientes para quienes las sustentan.
Por eso, los rasgos característicos de esa cultura deben
ser deducidos a partir de observar y analizar lo que realmente hacen
para enseñar y para aprender la mayoría de los maestros
y los alumnos de la escuela secundaria.
En este curso, la cultura pedagógica dominante es denominada
"modelo de exposición didáctica", término
tomado del psicólogo y educador Jerome Bruner. Se han aplicado
otras denominaciones a esta concepción de la enseñanza,
como "tradicional" por ejemplo, pero se ha preferido el
término propuesto por Bruner porque no califica, sino describe,
a una extendida forma de la práctica pedagógica.
El programa de estudios está organizado en tres bloques,
en los que se analizan sucesivamente los componentes y supuestos
fundamentales del "modelo de exposición didáctica".
En
el bloque I, "Las concepciones implícitas sobre
la enseñanza y el aprendizaje y su efecto educativo",
se empieza por proponer una reflexión sobre el carácter
implícito de gran parte de las nociones educativas, entendiendo
por implícito que no son expresamente enunciadas y, sin embargo,
guían la práctica educativa en la realidad y son aceptadas
por maestros y alumnos como "naturales", como un fenómeno
dado en la situación escolar.
Enseguida,
se presenta una revisión inicial de los elementos del modelo
pedagógico dominante. Éstos son, primero, un saber
definido, necesario y válido para todos, que debe ser transmitido
a quienes no lo poseen; segundo, la creencia de que ese saber es
poseído por el maestro y está depositado en los libros
de texto y en otros medios escritos; tercero, que la presentación
didáctica y las orientaciones ofrecidas por el maestro, el
estudio del libro de texto, así como la realización
de las tareas que se derivan de ellos, son los medios eficaces de
transmisión del saber necesario; cuarto, que los estudiantes
aprenden el saber, tanto el que se refiere a hechos como el que
se refiere a reglas y procedimientos, cuando son expuestos a la
acción didáctica del maestro y del libro de texto;
quinto, que la evaluación sirve para demostrar (o no) que
el alumno aprendió, es decir, que recuerda hechos y explicaciones
y que puede aplicar reglas y procedimientos en las situaciones adecuadas.
Una
siguiente cuestión es preguntarse cómo es que se conservan
y se transmiten los grandes modelos educativos implícitos,
no sólo el de exposición didáctica, sino otros
también muy duraderos, como el de la demostración
directa del maestro al aprendiz. Se trata de poner de relieve que
los modelos educativos son parte de la cultura social e institucional
más amplia y que quienes los adoptan no lo hacen a partir
de decisiones individuales, sino que son inducidos por la tradición,
por la tendencia a repetir la experiencia educativa propia, por
el ejemplo recibido de otros que participan en el proceso escolar
y por las mismas normas y costumbres de la organización institucional.
Estas influencias no sólo afectan al maestro, sino que también
suelen moldear las expectativas de los alumnos y de sus familias.
En
forma simultánea a este curso, los alumnos normalistas estudian
la asignatura Propósitos y Contenidos de la Educación
Básica II, en la cual se analizan las finalidades, la organización
y las orientaciones pedagógicas generales que, de manera
explícita y formal, constituyen las normas fundamentales
de la enseñanza secundaria. Esta simultaneidad de cursos
permitirá a los alumnos contrastar los principios normativos
con las concepciones y las prácticas que realmente se ejercen
y que son materia del presente curso. A partir de esta contrastación,
los alumnos podrán identificar coincidencias, contradicciones
y diversos tipos de combinaciones que se producen entre lo formal
y lo real.
En
el bloque II, "Las prácticas de enseñanza
derivadas del modelo de exposición didáctica",
una vez establecidos sus componentes básicos, se propone
que los estudiantes exploren y analicen los roles educativos y las
prácticas que este modelo impone a los maestros y a los alumnos
de la educación secundaria. Asimismo, se induce a reflexionar
sobre las formas posibles de enseñanza y aprendizaje que
es difícil, cuando no imposible, llevar a la práctica
a partir del modelo dominante.
En
primer lugar, se señala cómo la función del
maestro es acotada por su papel como transmisor de un saber predefinido:
sus tareas son exponer, explicar y demostrar; igualmente, debe organizar
la actividad de sus alumnos, en lo individual y en grupo, e idear,
aplicar y revisar los instrumentos de evaluación.
Este
papel didáctico configura una relación pedagógica
entre el maestro y el conjunto del grupo, misma que es, en esencia,
unidireccional y directiva. En ella, adquieren un papel desmesurado
el libro de texto y otras formas equivalentes de concentrar información,
que no se usan como medio auxiliar del aprendizaje, sino como su
referente casi exclusivo.
Se
analizará, asimismo, la manera en que los propósitos
transmisivos tienden a deformar prácticas de trabajo individual
de los alumnos de secundaria, como las tareas, las actividades de
investigación o la participación voluntaria en la
clase. Estas prácticas, que originalmente deberían
promover la autonomía y el desarrollo de las competencias
académicas, se convierten generalmente en un apéndice
de las finalidades informativas y de demostración por medio
de reiterarlas, y pierden casi totalmente su sentido formativo.
Se
hará notar que en este modelo es muy difícil aprovechar
las grandes posibilidades de aprendizaje que ofrece la interacción
entre los alumnos y que, para el maestro, al concebir al grupo escolar
como una unidad a la que se dirige, es casi imposible diversificar
su relación con los alumnos a partir de los niveles alcanzados
por éstos, sus dificultades y sus necesidades particulares.
El
bloque II finaliza con el señalamiento de que, si bien la
aplicación de la concepción expositiva en todas las
acciones didácticas produce los efectos negativos ya analizados,
existen situaciones y necesidades en las cuales una exposición
bien organizada y adecuadamente realizada, es un medio educativo
eficaz.
El
bloque III, "La evaluación en el modelo de exposición
didáctica", está dedicado a revisar el papel
de dicha evaluación. Los estudiantes normalistas observarán
que una evaluación orientada positivamente, que permite retroalimentar
y fortalecer el aprendizaje individual, el proceso del grupo y la
actividad del maestro, pierde ese sentido cuando se convierte en
una forma mecánica para verificar la adquisición de
conocimientos y reglas. Notarán que es común que evaluar
sea entendido como sinónimo de examinar frecuentemente y
que, en esas condiciones, la evaluación compite por tiempo
y atención con las tareas educativas sustanciales.
En
un sentido más amplio se reflexionará sobre el hecho
de que las distintas formas de evaluar comunican por sí mismas
un mensaje educativo, pues establecen en la práctica qué
es lo central y qué es lo secundario, y al hacerlo establecen,
tácitamente, una cierta jerarquización entre los propósitos
educativos que son formulados por las normas y programas formales.
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