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Programa
de Estudios, 3er semestre, Licenciatura
en Educación Secundaria/
La
Educación en el Desarrollo Histórico de México
II
/Edición
2004
Orientaciones
didácticas generales
Para lograr los
propósitos generales planteados se requiere conocer a fondo el enfoque,
los temas, los propósitos y la bibliografía del programa, ya que
de esto depende que el curso cumpla con las metas que el Plan de
Estudios le demanda.
Este
curso puede ser rico en experiencias y propuestas de enseñanza,
por lo tanto, es fundamental que los futuros maestros conozcan nuevas
formas de concebir el conocimiento histórico y de enseñarlo. ¿Cuál
es la mejor forma de lograrlo? En primer lugar, promoviendo y practicando
un nuevo enfoque de enseñanza que destaque los procesos de cambio,
continuidad, similitud y diferencia de los acontecimientos históricos.
Para
abordar cada uno de los temas es muy importante tomar como punto
de partida los conocimientos previos de los alumnos. Durante su
trayectoria por la educación básica y media, los alumnos normalistas
han estudiado la historia general de México y del mundo y, por lo
tanto, se han formado algunas ideas acerca de los periodos que son
objeto de este curso y del conocimiento histórico. Por ejemplo,
es probable que algunos estudiantes consideren que el estudio del
pasado consiste en aprender datos, fechas y nombres para aprobar
el curso; esta impresión sólo puede modificarse si las actividades
desarrolladas en el aula demuestran que existen formas interesantes
y rigurosas de tratar los contenidos históricos.
Tomar
en cuenta los conocimientos que los estudiantes poseen ayuda a que
el aprendizaje tenga mayor sentido, puesto que parten de lo que
ya conocen, es decir, de las referencias más inmediatas que constituyen
la base para adquirir nuevos conocimientos. A su vez, el maestro
obtiene valiosa información para averiguar el tipo de conocimientos
de sus alumnos, lo que facilita planear las actividades, estrategias
y recursos según el nivel del grupo. Por ejemplo, si los alumnos
muestran problemas en el dominio de contenidos básicos se requiere
poner mayor atención a este aspecto a lo largo del curso; pero si
los conocimientos adquiridos en el curso anterior son sólidos y
el grupo está motivado, entonces el profesor tendrá una base firme
para diseñar actividades que correspondan a las características
de los alumnos.
A
continuación se proponen algunas orientaciones para favorecer el
logro de los propósitos del curso. Además, en cada bloque temático
se incluyen sugerencias de actividades para que los estudiantes
aprendan los contenidos del programa y, al mismo tiempo, desarrollen
habilidades y actitudes favorables para la comprensión de la historia.
Estas propuestas no constituyen una secuencia didáctica completa
y tampoco rígida: los maestros y los estudiantes pueden seleccionar
o agregar las que consideren convenientes.
a) Lectura y análisis de textos.
La lectura es la principal actividad para abordar los temas propuestos
en el programa. Para aprovecharla, se sugiere que el maestro prepare
fichas que orienten a los alumnos para distinguir conceptos fundamentales,
conocer las tesis de algún autor, identificar ideas principales
de un texto, escribir opiniones personales, etcétera. Lo importante
es que las lecturas se empleen adecuadamente durante las clases
para no disminuir el interés de los alumnos, pues, como se sabe,
en ocasiones los comentarios que se realizan en el aula no recuperan
los contenidos o ideas centrales del material leído, se comenta
superficialmente o se carece de continuidad con lo que se discutió
y aprendió en las sesiones precedentes.
Conviene
que el maestro explique brevemente el contexto (histórico, intelectual
y político) del material de lectura, destaque aquellos elementos
que interesa reconocer y oriente sobre las ideas básicas del autor
o documento. De esta manera, los estudiantes se aproximarán con
mayor seguridad a la bibliografía recomendada.
b) Lectura de un libro. Independientemente
de que los alumnos conozcan capítulos de distintos libros, se sugiere
que lean un libro completo para comprender la visión de conjunto
de algún autor o grupo de autores sobre un tema específico. De acuerdo
con los propósitos y temas del curso se recomienda la lectura de
uno de los siguientes libros: Historia de una profesión, de Alberto Arnaut;
El maestro rural: una memoria
colectiva, preparada por Gabriela Cano y Ana L. García; Escuela y sociedad en el periodo cardenista,
coordinado por Susana Quintanilla y Mary K. Vaughan, o La trama de la escuela secundaria: institución, relaciones y saberes,
de E. Sandoval. Conviene que los alumnos dosifiquen la lectura a
lo largo del curso y presenten sus avances o conclusiones según
acuerden con el maestro.
c) Planteamiento de problemas. Para
promover la reflexión de los alumnos y analizar los hechos estudiados
será útil preguntarse: ¿qué sucedió?, ¿por qué?, ¿cuándo?, ¿qué
cambió?, ¿qué permaneció igual?, ¿quiénes participaron?, ¿en qué
consistió determinado periodo o acontecimiento?, ¿cuánto duró?,
etcétera. De esta manera se desarrollará en los estudiantes la capacidad
de explicar los hechos educativos del presente a partir del conocimiento
de su origen y proceso de transformación. Este conocimiento, además,
permitirá a los estudiantes desarrollar la capacidad de reconocer
que los cambios producidos a lo largo del tiempo crean sus propias
contradicciones y, por lo tanto, tienen que estudiarse en su nueva
condición. Por ejemplo, ¿qué nuevos desafíos tuvieron que enfrentar
los maestros ante cambios tan importantes como la expansión de la
educación secundaria, la educación socialista, la creación del sindicato
de maestros o el establecimiento de la telesecundaria? Responder
a cuestiones como éstas ayudará a distinguir las nuevas situaciones
generadas por los procesos de cambio. Desde el punto de vista formativo
es un recurso que promueve la selección y uso de la información,
la reflexión, el análisis, la valoración crítica y la elaboración
de conclusiones propias.
d) Redacción de ensayos. Cuando
el maestro lo crea conveniente puede proponer la redacción de ensayos
para emplear los conocimientos logrados y aplicar habilidades para
la escritura, la síntesis, la argumentación y la valoración crítica.
Es importante que los ensayos sean breves para que los estudiantes
puedan sistematizar e interpretar la información obtenida, expresar
sus puntos de vista y elaborar conclusiones propias.
e) Ejercicios de imaginación histórica.
Este tipo de actividades permite a los alumnos ubicarse en
el lugar de los protagonistas o testigos presenciales de los acontecimientos
históricos y, desde esa posición, relatar experiencias, exponer
ideas, tomar decisiones, etcétera.
La
correspondencia consiste en escribir una carta a alguna persona
(maestros, educadores destacados o funcionarios públicos) para comentar
los cambios ocurridos en la educación, la importancia que adquirieron
sus iniciativas, los logros obtenidos, los retos aún pendientes,
etcétera.
Para
que los protagonistas narren sus propias experiencias pueden emplearse
diferentes tipos de texto: la correspondencia, el diario personal
o la crónica, entre otros. Por ejemplo, una maestra rural describe
en su diario los logros obtenidos con la educación de niños indígenas,
otra relata cómo interpretaron los maestros la educación socialista
y Moisés Sáenz expone en una carta sus ideas para mejorar la educación
pública, etcétera.
Otra
actividad puede ser la elaboración de un periódico con breves noticias
que recapitulen los temas estudiados, por ejemplo: “Se crea la Secretaría
de Educación Pública: José Vasconcelos reseñó las acciones que desarrollará
la dependencia”, “El maestro rural. Una entrevista con Rafael Ramírez”,
“Alfabeto y desayunos escolares para los niños de México”, “Ayer
se publicó el decreto que establece la educación secundaria”, etcétera.
El propósito es que los alumnos sinteticen los conocimientos adquiridos
y los expresen con sus propias palabras.
f) Actividades de investigación.
• Investigación hemerográfica. Se sugiere
que en los lugares donde sea posible los alumnos asistan a la hemeroteca
para realizar una breve investigación sobre algún tema específico;
no se trata de hacer una indagación profunda y exhaustiva, la finalidad
es que conozcan a través de la prensa la reacción inmediata que
suscitaron los acontecimientos estudiados. Conviene que el maestro
sugiera temas de investigación que por su importancia sean abundantes
en notas, entrevistas, desplegados, caricaturas y reportajes periodísticos;
por ejemplo: la creación de la Secretaría de Educación Pública,
el establecimiento de la educación secundaria, la educación socialista,
las reformas al Artículo Tercero, la fundación del SNTE, etcétera. De esta manera, los alumnos
podrán dar seguimiento, sistematizar, comparar e interpretar la
información publicada en los periódicos. Como esta actividad requiere
de tiempo extraclase es importante tomar en cuenta el mejor momento
para su realización, así como definir cuidadosamente sus propósitos.
• Testimonios orales. Otra actividad de investigación
es la recuperación de testimonios orales que se refieran a prácticas
escolares, métodos de enseñanza, experiencias educativas, programas
de gobierno, entre otros. Si se tiene la fortuna de entrevistar
a maestros de generaciones distintas se podrá hacer una reconstrucción
histórica de los aspectos que se decida investigar.
• Historia de una escuela. Se sugiere que
en los lugares donde sea posible se realice esta actividad, pues,
muchas veces, en las comunidades residen los maestros fundadores
de las escuelas secundarias y también las personas que participaron
en su construcción. Con la información que proporcionen puede escribirse
la historia de la escuela, de esta manera los alumnos conocerán
el valor que ciertas comunidades dan a la educación, la importancia
que para ellas tiene la escuela y los retos que han superado para
contar con un centro educativo.
Evidentemente,
las actividades no se agotan con estas sugerencias; es indispensable
que los maestros diversifiquen las formas de enseñanza, para ampliar
las posibilidades de aprendizaje de sus alumnos y para comunicarles
con la práctica nuevas formas de enseñar historia. Además, estas
actividades pueden complementarse con las recomendadas en el primer
curso de esta asignatura.
Es
pertinente que el maestro de la asignatura acuerde con sus alumnos
desde el inicio del curso las formas de evaluar, de esta manera
todos podrán orientar su desempeño según los compromisos establecidos.
La evaluación tiene que ser congruente con el enfoque del programa,
los propósitos educativos y las actividades de enseñanza. El enfoque
de este programa vincula sus contenidos con cinco líneas temáticas
y demanda que se estudien como parte de un proceso histórico; por
lo tanto, una parte importante de la evaluación deberá dedicarse
a conocer qué tanto los estudiantes logran identificar cambios,
continuidades y rupturas de una época a otra, descubrir causas de
los acontecimientos, explicar e interpretar acontecimientos del
presente utilizando los conocimientos históricos adquiridos, etcétera.
Por otro lado, si en la clase se han realizado frecuentemente actividades
en que los estudiantes leen y discuten en pequeños equipos, interpretan
información, proponen hipótesis, etcétera, sería poco acertado evaluar
sólo con un instrumento que midiera la cantidad de datos que fueron
capaces de memorizar. En este caso, la forma de evaluación elegida
debe conciliar tanto el enfoque del programa como el proceso de
enseñanza empleado en el aula.
Para
evaluar puede aprovecharse la participación de los alumnos en la
clase, los textos escritos y las investigaciones realizadas. Si
se aplican pruebas escritas, de preferencia deben plantear a los
estudiantes retos en los que apliquen la capacidad de análisis,
juicio crítico, comprensión, relación, síntesis, argumentación,
etcétera. Las pruebas objetivas de respuesta cerrada (opción múltiple,
de correspondencia, selección de enunciados falsos o verdaderos)
deben considerarse complementarias a los procedimientos de evaluación
sugeridos.
Antes
de iniciar el curso, el maestro puede planear los momentos en que
realizará las evaluaciones, así podrá prever el tiempo y los recursos
que se requieran. La evaluación puede realizarse al inicio del curso,
durante el transcurso del semestre y al final del mismo o de cada
sesión. Con la evaluación inicial se conoce lo que saben los estudiantes
al principiar el curso o tema, y constituye el punto de partida
del maestro para planear las estrategias y actividades de enseñanza
de acuerdo con las capacidades de los integrantes del grupo; la
que se realiza durante el curso permite conocer cotidianamente lo
que se aprende en cada clase y ayuda a perfeccionar las estrategias
de enseñanza, y con la evaluación final se puede comprobar en qué
medida se lograron los propósitos educativos del curso.
Lo
importante es que la evaluación se realice de manera permanente,
se asuma como una extensión de las actividades de enseñanza y sea
formativa para estudiantes y maestros, es decir, que aporte información
para corregir y mejorar su participación y los resultados del proceso
educativo.
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