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Programa de Estudios, 3er Semestre, Licenciatura en Educación Secundaria /
Especialidad / Telesecundaria / Las Matemáticas y su Enseñanza en Telesecundaria I. Contenidos y Enfoque /
Sugerencias para la evaluación

La evaluación es uno de los elementos más complejos de la enseñanza en las matemáticas, tanto por la naturaleza misma del proceso de evaluación como por sus implicaciones para el desarrollo de la enseñanza. Tradicionalmente las matemáticas han sido una asignatura con un alto grado de reprobación en todos los niveles educativos, lo que ha dado como resultado que muchos alumnos trunquen sus estudios o pasen por un periodo de frustración en algún momento de su vida escolar. Esta situación hace necesaria la reflexión acerca de cuáles son el sentido y los propósitos de la evaluación y qué es lo que el maestro debe realmente evaluar en sus alumnos.

La evaluación es un proceso continuo que se desarrolla a lo largo de toda la enseñanza. Su objetivo es recoger información que sea útil al maestro para mejorar el curso y ajustar sus actividades e instrumentos de enseñanza a las necesidades de aprendizaje de sus alumnos, así como hacer un seguimiento de las adquisiciones de los mismos a lo largo del periodo escolar. Desafortunadamente el término evaluación se ha entendido como sinónimo de examen y calificación.

En este sentido, es importante que la evaluación no consista únicamente en la aplicación de uno o varios exámenes localizados en momentos fijos de la enseñanza; por el contrario, se requiere que el maestro observe constantemente el desarrollo de las actividades en clase y la participación de los alumnos en ellas, para ver si dan lugar a la riqueza de situaciones esperadas y si satisfacen los propósitos para los cuales fueron diseñadas.

Es común que los maestros argumenten que el estudio de las matemáticas es de gran utilidad para los alumnos, ya que les proporciona elementos para resolver problemas de la vida cotidiana y les ayuda a desarrollar sus habilidades para pensar y razonar lógicamente. Esta postura resulta contradictoria si la evaluación del aprendizaje se limita a la aplicación de un examen parcial o final, que muchas veces sólo mide conocimientos aislados y no permite observar la capacidad de los alumnos para integrar conocimientos en la solución de problemas cotidianos y otros aspectos importantes del aprendizaje.

Tanto el proceso como las formas de evaluación deben ser coherentes con los contenidos, propósitos y enfoque de enseñanza de la asignatura, reflejar las formas de enseñanza y las actividades en clase, así como los procesos de aprendizaje individuales y colectivos. Por ello, es necesario que al diseñar sus estrategias de evaluación el maestro contemple actividades que le permitan recoger información de fuentes muy diversas, como pueden ser los exámenes escritos, la observación en clase, la participación de los alumnos en la resolución de problemas, ya sea individualmente o en equipo, los ensayos y exposiciones, pequeños cuestionarios respecto a algún punto del programa, etcétera.

Es poco congruente que mientras la enseñanza tiene entre sus propósitos fomentar el trabajo en grupo y desarrollar la capacidad de los alumnos para producir, comunicar y validar conjeturas, así como comprender, interpretar y valorar ideas matemáticas presentadas en diversas formas, las evaluaciones se reduzcan a exámenes escritos de aplicación individual, que si bien ayudan a evaluar algunos desempeños, no permiten observar aspectos como los anteriores.

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